miércoles, 12 de julio de 2017

MEDIA MARATON CIUDAD DE BURGOS


Primera media maraton en lo que llevamos de 2017. Desde luego este año el trail les ha comido la tostada a las medias maratones.

Burgos fue la elegida principalmente por dos motivos: mi hermano vive allí y serviría como última carrera juntos en esa ciudad, ya que su cambio de destino es inminente; y es una media que no está en mi colección.
Ya comenté la idea de completar las 9 maratones de las capitales de provincia de Castilla y León. Burgos, Ávila, León y Soria aún están en la lista de pendientes, por lo que así tachaba una de ellas.

Cuando corrí esta carrera aún no, pero comentar que ya estoy inscrito a la media maratón de Ávila, por lo que el 22 de Octubre serán dos las medias a finalizar para completar el reto.

La carrera no tenía otro objetivo que disfrutar corriendo junto a mi hermano. No había pretensión alguna de tiempos, ya que ni las ganas ni el calor motivaban a ello. La primera parte de la temporada está cerrada, todo lo que se haga hasta septiembre serán meros añadidos, nunca carreras objetivo.

Sara y yo llegamos a Burgos el sábado pasadas las diez de la noche. Mi hermano ya nos había recogido el dorsal con la bolsa del corredor, bastante buena, por cierto.

Cena y a la cama. La salida se encuentra a escasos 5 minutos trotando desde donde vive mi hermano, lo que nos permite prepararnos sin prisas.

Una vez puestos los trajes de faena, vamos trotando muy tranquilos hacia la zona de salida. Ya se ve que va a pegar de lo lindo; quizás es un poco tarde para celebrar una carrera tan exigente.
Y puede ser este motivo unido a que también se disputan otras dos medias maratones en la ciudad (Bulevar y el día del maratón) lo que ha hecho caer en picado la participación en este evento.

Ya en la zona de salida, nos colocamos en una posición discreta. Hoy no vamos buscando nada.

Al igual que en el maratón, la calle elegida para la salida es muy estrecha, y hasta que no se gira a la derecha y se sale al puente de la carretera no se puede correr con comodidad. 

El recorrido consta de tres vueltas al denominado "circuito de los puentes" que recorre varios lugares emblemáticos de la ciudad (Museo de la Evolución, Catedral, Paseo del Espolón, estatua del Cid...) más un pequeño añadido de unos 3km con el que se iniciaba la carrera.

Obviamente, al ser tantas vueltas al mismo recorrido es inevitable que éste sea un poco monótono, pero lo cierto es que a su favor tiene que es estupendo para correr y gran parte está a la sombra, lo que en un día como hoy tiene un valor enorme.

Ya lo pensé al disputar la maratón (a la que vuelvo este año) y me reafirmo: se corre muy bien en Burgos, al menos en las avenidas paralelas al Arlanzon.

Nuestra carrera discurre siguiendo una línea muy constante, moviéndonos en todo momento en torno al 4:30. Las dos primeras vueltas con muchos tramos más rápidos y la última ya corriendo por encima y acercándonos al 4:40.

En todo momento hemos corrido juntos, aunque mi hermano era evidente que andaba con una marcha más.

La tercera vuelta se hace bastante dura. El calor ya es muy considerable y psicológicamente cuesta afrontar por tercera vez los 6km de los que constaba cada vuelta.


A pesar de que nuestro ritmo fue muy constante, desde los kilómetros iniciales no fuimos superados por ningún corredor, hasta aproximadamente 1'5km antes de terminar, que fuimos adelantados por un chico.
Fuimos rebasando atletas son parar durante toda la carrera, lo que demuestra que el calor afectó muchísimo a la mayoría de los participantes.

Finalmente, hacemos nuestra clásica entrada y paramos el reloj en 1:35:52, en los puestos 87 y 88 de 285 finishers. Otra muestra más de lo duro que ha sido correr en el día de hoy.

Muy satisfechos con la experiencia, nos hacen entrega de una estupenda e inesperada medalla, lo que pone un punto y final a un buen domingo deportivo.

Mi despedida de Burgos es un hasta luego, ya que el 8 de octubre volvere a enfrentarme en sus calles a la distancia mítica, en el que será mi primer intento de la nueva decena maratoniana.


miércoles, 28 de junio de 2017

TRAIL RUTA DE LOS INFIERNOS


El 11 de Junio decidí participar por primera vez en el Trail Ruta de los Infiernos de la vecina localidad de Cabezón de Pisuerga.

Esta carrera trascurre por un entorno natural llamado "Los Cortados", debido a la formas que el paso del río Pisuerga ha formado en las paredes rocosas.

Vivo a escasos 5km pero nunca había ido, por lo que, a pesar de estar un poquillo saturado de carreras después del duro maratón del Valdecebollas, decidí inscribirme.
Hay dos distancias: 14km y 25km.
Nunca me ha gustado hacer las cortas; ya que voy, lo hago bien, así que inscrito a la de 25 y 2.000m de desnivel acumulado. Telita...
Y encima el calor iba a ser importante.
Condiciones ideales para ir con la mente ya pensando en darse un respiro... Alguna vez aprenderé.

Llego a Cabezón con tiempo de sobra, aunque toca andar algo más de un kilómetro desde el parking de meta hasta la zona donde se recoge el dorsal y se da la salida; un trayecto que tendré que realizar tres veces, la última de ellas corriendo.

Ya colocados bajo el arco de salida, vemos a las claras que el calor va a ser bestial, lo que va a endurecer muchísimo la carrera, ya dura de por sí.

Hoy no estoy para muchas florituras y, aunque veo varios corredores que ya conozco de otros trails de la provincia que sé que se mueven en un nivel parejo al mío, decidí colocarme al final del todo.

La idea es empezar despacio a ir poco a poco pasando corredores, para ir ganando moral, ya que no tenía la cabeza muy dispuesta a sufrir hoy.

Se da la salida y nos vamos acercando a la zona de las bodegas, donde abandonaremos las calles del pueblo y empezaremos la carrera de verdad.

Las primeras subidas se me hacen muy duras, más por aspectos mentales que físicos, pero es cierto que es una carrera muy muy exigente.

Voy incómodo y cualquier excusa es buena: calor, dureza del recorrido, ir tan atrás...
Todas ellas son verdad, pero nada que me fuera a asustar a estas alturas si la cabeza funcionara correctamente.

Durante los primeros 5-6km, hasta el desvío de las dos distancias, voy planteandome incluso la retirada. Estoy desganado.

Estoy estabilizado junto a las dos primeras chicas de la carrera larga, y ver que no puedo separarme de ellas me mina aún más la moral.

Por fortuna, poco a poco me voy encontrando mejor. El tramo de 11km de más que hacemos los de la prueba larga tiene 550m de desnivel positivo; es muy duro. Hay cuestas durísimas continuamente, pero cada vez me voy metiendo más en carrera y me encuentro mejor.

El calor es el peor enemigo en el día de hoy. Para a beber mínimo tres vasos es cada avituallamiento, además de tirarme uno por cabeza, pecho y espalda.
Comentar que la organización tenía señalados sólo tres avituallamientos durante la carrera, pero ante el calor sofocante que sufrimos, aumentó su número y colocó uno cada 4-5km. Un acierto total y desde aquí mi reconocimiento y agradecimiento por tomar esa decisión.

Al igual que ocurrió en el Trail del Tren Burra, un tramo de pista llana me activa y dejo atrás a todos los que hasta el momento habían sido mis compañeros de viaje. De ahora en adelante y hasta los últimos 5km, correre el solitario, a excepción de los corredores a los que iré dando alcance y dejando atrás. 

En esta segunda parte de la carrera vamos un poco más protegidos del sol, ya que gran parte del recorrido transcurre por senderos entre árboles, pero la temperatura ha subido de forma considerable y la sensación de agotamiento es muy grande.

Me voy marcando mini objetivos de avituallamiento en avituallamiento, lo que me hace más llevadera la carrera que pensar en lo que aún tengo por delante.

Los 10km centrales (del 10 al 20) tienen menos subidas que los 10 primeros y los 5 últimos, o al menos más separadas, pero las piernas van estando machacadas y sobre todo el calor está castigando sin piedad.

Por fin, llego al último avituallamiento antes de meta, donde coincido con un atleta de Arroyo. Será ya junto a él con quien complete los 5km restantes, aún con duras y largas subidas donde las fuerzas ya son mínimas.
Tenerle como referencia es una gran ayuda.

Veo que en las subidas yo voy más fuerte, y paso a liderar la pareja. Sin embargo, su mayor longitud de piernas le hace bajar más rápido que yo, por lo que, tras coronar por fin el último cerro del día, afrontamos una pronunciada bajada con la tierra muy suelta y decido dejar pasar a mi compañero.


Viendo las fotos, una gran cantidad de corredores acabó por los suelos en este punto; por fortuna eso no nos ocurrió a ninguno de nosotros dos.

La carrera está hecha; queda un breve tramo por las bodegas y la subida final de El Belén, una rampa asfaltada bastante dura en cuyo final se encontraba el arco de meta. 

Yo tengo decidido subir todo corriendo, pero veo que mi compañero comienza a andar, y recorto las distancias con mucha rapidez.

Me parece justo que él entre por delante, así que le aviso y le digo que eche a correr, que yo no voy a parar.
Finalmente entramos uno seguido del otro (yo detrás) en los puestos 27 y 28 de 62 que lograron acabar la prueba, con 13 abandonos.


Estoy mareado y hecho polvo.
La carrera de por sí es durísima, pero además el calor tan fuerte que hemos sufrido la ha convertido en un auténtico desafío.

Bonita camiseta y avituallamiento final completo. Destacar la gran labor y actitud amable de los voluntarios en todo el recorrido. En un día como hoy se agradece de verdad.

Muy buena y dura carrera este trail, por una zona que merece la pena conocer y estupendamente organizada.

Ahora sí, se cierra la temporada trailera hasta, ojalá, el 10 de Septiembre en el Desafío Urbion.

lunes, 5 de junio de 2017

INTEGRAL DEL VALDECEBOLLAS


Esta es sin duda una crónica especial, ya que se trata de la primera sobre un maratón de montaña (el año pasado el Riaza Trail Challenge se quedó oficialmente en 40km).

Desde que empezamos a plantearnos el tema de correr más allá del asfalto, el Integral del Valdecebollas siempre ha llamado poderosamente mi atención. El norte de Palencia es una zona muy bonita, a la par que accesible desde Valladolid, por lo que tras debutar en estas lides el pasado junio en Riaza, este año teníamos claro que subiriamos el nivel con esta carrera.

Esta Integral tiene su sede en la localidad de Barruelo de Santullan, una pequeña localidad minera situada muy cerca de Aguilar de Campoo, con muy buena carretera.

El hotel de referencia es el Hotel Rural El Valle, alojamiento recomendado por la organización. Allí nos alojamos, y la verdad es que se ve que necesita un buen lavado de cara, pero el trato de los empleados y dueños fue excelente.

Situado a escasos metros de la salida/meta, fue sin lugar a dudas una estupenda opción.

Llegamos a Barruelo el sábado a la hora de comer. Tras instalarnos, comemos en la habitación y hacemos tiempo hasta la hora de recoger los dorsales.

A las 17h, una hora y media antes, salimos a dar una vuelta y estirar un poco las piernas.
Vamos encontrando tramos por los que pasará la carrera.

Se suponía que esa tarde iba a estar lloviendo, pero no cayó ni una gota, como pasaría también al día siguiente durante la carrera.
En esta ocasión sí que acompañó el tiempo, ya que se mantuvo nublado con temperaturas más agradables y llevaderas.

Ya con el dorsal, la pulsera con el chip (por la que había que dejar 20€ de fianza) y la camiseta conmemorativa de la carrera (muy normalita; tampoco se han "matao"); volvemos a la habitación a merendar.

A las 20h era la charla técnica en el salón de actos de la Casa del Pueblo, a la que decidimos acudir.
Allí nos explican cómo será el recorrido y los 8 tramos en los que lo han dividido.
Recuerdan también los tiempos de corte: 3h30 en la cima del Valdecebollas (km21) y 7h30 en línea de meta.



A priori, el primero de ellos asusta un poco.

Ya con todos los deberes hechos, de nuevo a la habitación a cenar y a descansar, que al día siguiente tocaban diana temprano.

A las 5:45 suena la alarma y nos disponemos a desayunar.
La carrera es a las 8, por lo que hay tiempo de sobra, aunque luego la realidad fue que el "sobra" fueron 5min.

Ya en el cajón de salida, pocos corredores (86 tomamos la salida en el maratón) y unas montañas totalmente cubiertas por las nubes.
La temperatura es estupenda para correr, aunque por arriba caerá bastante y puede hacer fresquito.

Esto empieza.

El primer tramo es desde el pueblo hasta una zona denominada Piscinas. Comienza con un recorrido por las calles de Barruelo y el inicio de una dura subida ya por el monte, por donde al final de la carrera haremos entrada de nuevo en la localidad.

Acabamos de empezar y no voy como me gustaría.
Estoy sudando demasiado y soy incapaz de seguir el ritmo que pone mi hermano. Ando muy despacio y me noto sin chispa.
Me digo a mí mismo que esto es muy largo y ya habrá momentos mejores.

Tras coronar por fin esta primera subida que se me ha hecho eterna, bajada hacia Barruelo para pasar de nuevo por línea de salida y tomar la senda a Brañosera, por donde discurrirá los siguientes kilómetros.

Mi hermano me espera justo antes de entrar en el pueblo, por lo que reanudamos la marcha juntos a un ritmo muy bueno.

Llegamos a las piscinas y comenzamos el segundo tramo: Piscinas-Pista Calero. Un tramo ascendente prácticamente en su totalidad por una zona de bosque preciosa y donde disfrutamos muchísimo.
Toca andar de vez en cuando, pero en general corremos casi todo el tiempo, buscando llegar al primer corte con las mayores garantías.

De momento las fuerzas y los ánimos están intactos, y completamos los primeros 10km de la carrera.

Tercer tramo: Pista Calero-Pamporquero.
Nuevo tramo ascendente con rampas más exigentes que poco a poco nos llevará hasta las praderas situadas a las faldas del Valdecebollas.

Seguimos corriendo cada vez que podemos. La mente está centrada en llegar a tiempo de pasar el primer corte, por lo que no podemos regalar nada.
Vamos en una posición bastante buena en carrera, lo que nos tranquiliza y nos anima a seguir así. Las cosas van muy bien.

Al llegar a las praderas de Pamporquero, tenemos a nuestra derecha una mole cuya cima desaparece entre las nubes, y vemos una hilera de corredores dirigiéndose lentamente hacia la misma.

Tras disfrutar de los últimos metros favorables en mucho tiempo, giramos a la derecha y comenzamos el cuarto tramo: Pamporquero-Valdecebollas.

Es el tramo decisivo; el que marca si continúas la carrera o termina todo.
Ante nosotros un cueston con un desnivel muy fuerte donde no queda otro remedio que subir como buenamente se pueda.

Otra vez vuelvo a dar señales de debilidad, y me voy quedando atrás respecto a mi hermano.

Tras llegar al final de la subida, empiezan a pasarnos un sinfín de corredores, mucho más duchos en estos temas que nosotros y que son capaces de avanzar mucho más rápido en los tramos donde no se puede correr.

Es lo que nos toca y venimos mentalizados: aquí somos intrusos que se han colado en una fiesta donde no deberían estar, pero eso lejos de intimidarnos nos motiva aún más para seguir derribando metas y completando retos con un entrenamiendo de andar por casa.

En el avituallamiento del final de este primera subida, decido ponerme el cortavientos, ya que la temperatura ha caído considerablemente.

Mi hermano me espera y continuamos juntos, pero será un espejismo.
Hoy no tengo fuerza en la piernas y vuelvo a quedarme de manera irremediable.

No me planteo pedirle a mi hermano que me espere más. Ahora sólo cuenta llegar al corte de la cima, y no pienso arriesgar que lo consiga por mi culpa.

Reordeno mi cabeza con esta nueva situación que me toca vivir y cojo un ritmo que me permite seguir avanzando de manera constante.

La niebla es muy densa y no se ve a escasos metros, por lo que muchas veces pierdo contacto visual con mi hermano.

Se avanza muy despacio y es un tramo bastante duro, sobre todo mentalmente.
Hace viento, no se ve nada y se nota la presión por llegar a tiempo a la cima.

Por fin, el punto geodesico del Torreón, como los locales llaman al Valdecebollas, aparece entre la niebla, y llegamos en 3h09, con 21min de margen. Veo que mi hermano por delante lo celebra y yo también siento un enorme alivio.
Ahora ya sabemos que tenemos 4h30 para llegar a meta, y comienza una carrera nueva.



Lo que también comienza es el quinto tramo: Valdecebollas-La Collada.
Este tramo es durísimo, ya que se inicia con un descenso por tramos de roca suelta y puntiaguda que hacen que por menos de nada pises mal o te vayas al suelo. Esto último fue lo que le sucedió a mi hermano, afortunadamente sin consecuencias más allá de un buen golpe.

Después de tanto tiempo de subida, la cabeza está deseando bajar, pero este descenso es realmente incómodo y técnico, y te obliga a ir con cien ojos.

Por si fuera poco, al acabar este descenso se inicia otra subida hacia La Collada, un pico vecino del Valdecebollas que supera los 1.900m.

Los tramos 4 y 5 son realmente duros, con mucha subida, cresteo y descensos bajo una densa niebla y con un terreno que en cualquier momento te puede dar un disgusto.

Por fin, tras coronar La Collada, se inicia un descenso bastante pronunciado hacia Salcedillo, donde dejamos atrás las piedras y la niebla.









El subidón moral el importante, y bajamos siguiendo la valla hacia el siguiente avituallamiento, que se visualiza aún en la lejanía.







Como la felicidad nunca es completa, las uñas de mis pulgares me recuerdan que esto no va a ser tan fácil.
La verdad es que ya venía con una fastidiada,  y los continuos golpes y tropezones recibidos en el tramo anterior han acabado por hacermelas polvo.

De aquí al final no serán las piernas o las fuerzas las que me condicionen la carrera, si no las uñas y una ampolla que se me ha ido formando en el talón derecho.

Se me hace imposible seguir a mi hermano en el descenso y en poco tiempo abre un hueco enorme respecto a mí. 

En el avituallamiento volvemos a reagruparnos, pero él ya se verá condenado a echar el freno para no dejarme atrás.
Es una auténtica lástima que tanto hoy como hace un año en Riaza no haya rendido a la altura de lo esperado. Por unas o por otras, al final siempre acabo siendo un lastre, y odio esa situación.

Ya en el mencionado avituallamiento decido quitarme el cortavientos, que ya me iba sobrando mientras descendía. 

Todavía queda un tramo favorable por praderas hasta llegar a Salcedillo, donde dará comienzo el sexto tramo: Salcedillo-Cortafuegos.

El tramo comienza con una subida de 3km por un bosque precioso en el que la leyenda cuenta que habitan hadas y demás seres fantásticos.

La verdad es que con paciencia y a un buen ritmillo damos cuenta de esta primera parte ascendente para, a continuación, comenzar un contínuo descenso por el bosque de 4km hasta el avituallamiento situado en el km37 al inicio del cortafuegos.

Este tramo es realmente bonito, con continuos cruces del río y un suelo cubierto de hojas, rodeados de árboles y de un verdor que sin duda convierten el paisaje en uno propiamente salido de un cuento.

Sin embargo, para correr es un tramo que se nos atraganta hasta el extremo. Aparecen de nuevo los fantasmas de La Gurriana: agua y barro.

Y, de nuevo también, somos incapaces de correr. Avanzamos lentisimo, y no vemos la hora de terminar ya este tramo.

No sé que nos pasa, pero con agua y barrizales nos bloqueamos y no somos capaces de correr y atravesarlos sin tener cuidado.
Nos pesa aquí más nuestra experiencia como senderistas que como corredores de montaña 
Poco a poco habrá que ir cambiando el chip.

Por fin, llegamos al avituallamiento, y ante nosotros se presenta una durísima subida, primero por un cortafuegos y luego por el bosque, que nos llevará hasta un parque eólico situado en lo alto de la montaña que teníamos enfrente.

Estamos a 5km de meta, pero estos 3 de subida son realmente duros.
Las piernas y la cabeza van bastante tocadas, y el enorme esfuerzo que supone semejante subida a estas alturas de carrera y tan cerca de meta hace que sea realmente duro seguir adelante.

Además, por nuestra mente va rondando la idea de que no entraremos dentro del tiempo marcado por la organización, pero nos decimos el uno al otro que llegados hasta aquí nadie nos va a privar de completar el recorrido.

Tras una penitencia interminable, el organizador de la carrera nos anima desde lo alto y nos da agua. La verdad es que este simple gesto tiene un valor anímico enorme, ya que pocos metros más arriba llegamos a los molinos e iniciamos el descenso final de 2km hasta la meta.

Ha sido realmente duro pero ya lo tenemos.
Sentimos una gran alegría además de saber que sí entraremos dentro del tiempo establecido.

Eso sí, la bajada es un auténtico calvario para mis pies. El dolor de la ampolla y sobre todo de las uñas hacen que cada paso sienta un dolor muy intenso y que se me lleguen a saltar incluso las lágrimas. 

Mentalmente era insoportable, tener la meta tan cerca y un recorrido para volar y tener que ir paso a paso sintiendo un dolor horrible cada vez que apoyaba el pie.

Desesperante 

Las casas y calles de Barruelo se abren por fin ante nosotros, y ahora sí que lo hemos conseguido.

Por fin tenemos el arco de meta ante nuestros ojos y, tras 7h09 de esfuerzo, por fin certificamos que hemos superado el reto del Valdecebollas.



No ha sido nada fácil, la verdad. Carrera mucho más exigente que la de hace un año, pero realmente bonita y bien organizada.

Nada más llegar, me lanzo a quitarme la zapatilla derecha y aliviar un poco mi pie derecho, que ya llevaba suplicandome clemencia desde hacía un buen rato.





Estamos fundidos; el esfuerzo ha sido muy grande, pero la sensación de satisfacción es inmensa y compensa con creces todas las penurias vividas durante las horas anteriores.




Estupenda carrera esta Integral del Valdecebollas. Exigente, bonita y con un recorrido muy variado. Organización impecable y un buen precio de inscripción (28€ no federados). Quizás una bolsa del corredor un poco más decente sería el único aspecto a mejorar, porque por lo demás es una carrera de 10.

Ahora aún correre dos carreras más antes del parón veraniego. Un trail de 26km y 1.000m+ y la Media Maratón de Burgos junto a mi hermano serán el punto y final para este fantástico primer semestre de 2017.

Y el segundo se presenta también muy interesante; pero ya iré hablando de él más adelante.

De momento, a disfrutar de haber añadido este carreron a un historial que cada vez va teniendo mejor pinta, y que me sigue pareciendo increíble si me lo dicen hace 4 años.

lunes, 15 de mayo de 2017

TRAIL TREN BURRA


Primera edición de este nuevo trail en la provincia de Valladolid, en esta ocasión al ladito de casa.
La verdad es que es una gozada para los amantes de este tipo de carreras la cada vez más numerosa oferta que tenemos en los alrededores de la capital castellana. Es de sobra conocida la falta de elevaciones destacables de esta parte de la península, pero alegra ver cómo los organizadores cada vez más van aprovechando la gran cantidad de cerros disponibles en las diferentes localidades.
No habrá terreno para hacer carreras de montaña, pero sí para poder disfrutar del trail y la naturaleza, y eso es justo lo que cada vez más estamos pudiendo hacer.

Acudía a esta carrera buscando un buen entrenamiento de cara a la gran cita del 28 de Mayo y los 42km del Integral del Valdecebollas.
Tenía un poco apartadas las cuestas y los recorridos rompepiernas debido a la pasada maratón ibicenca, por lo que ésta sería una estupenda opción para volver a meterle caña a las piernas.

Además, y a pesar de su cercanía con mi casa, es una zona por la que nunca he corrido, lo cuál me animó más aún a inscribirme.

El recorrido nos presentaba una carrera exigente, con 21km y 1.500m de desnivel acumulado, números casi clavados al Trail del Castillo de Iscar que corrí en Marzo.



También se disputaban de forma paralela una carrera de 10km y una marcha senderista.
Ya comenté con anterioridad que me parece excelente dar la opción de poder disfrutar de este tipo de eventos a una gran diversidad de gente.

La semana de la carrera había realizado un par de entrenos ya por ese tipo de terrenos, lo que unido al fondo que ya tengo del maratón, me hacían llegar en buenas condiciones.

No tenía ningún objetivo en mente, ya que no conocía el recorrido, pero en este tipo de pruebas siempre me pongo la barrera de las 2 horas como referencia.

Llego a Zaratán con tiempo de sobra. El día es fresquito pero el cielo está completamente despejado, por lo que hace un día estupendo para correr.

Ya con todo preparado, me junto con mis compañeros de club y nos vamos a los cajones de salida 




Al igual que en La Paramada, la gente no tiene claro hacia qué lado de sale. Yo, de nuevo, me fijo en los atletas del club de trail de Toro, organizadores de la carrera y grandes favoritos en categoría femenina, y me pongo junto a ellos.

Allí veo a la chica que sé que va a ganar, ya que no para de subirse a lo más alto del cajón esta temporada.
En Geria me sacó 8 minutos, pero yo sabía que no hay esa diferencia entre nosotros, y me fijé como objetivo aguantar con ella hasta donde pudiera.

Cuenta atrás y empezamos.

A diferencia de La Paramada o Iscar, donde salí muy fuerte, hoy me cuesta mucho encontrarme a gusto. No respiro bien y noto las piernas muy pesadas.
El callejeo por el pueblo se me hace duro y no hablemos ya de la salida a una pista que nos va llevando hacia los cerros y que ya nos obliga a ir subiendo sin tregua.

Por suerte, la chica de Toro va también al mismo ritmo que yo, lo cuál me ayuda a seguir tirando para delante.

Nada más entrar en los cerros, se produce un hecho que condicionó mi carrera por completo. Un chico que iba un par de posiciones delante de mí en un tramo estrecho en el que había que ir en fila india, al llegar la primera bajada con un desnivel considerable, empezó a andar muy despacio mostrando una inseguridad enorme, la cuál se incrementaba cada vez más tras los gritos y exigencias de los atletas que llevaba a mi espalda.

La chica que me servía de referencia iba justo delante de él, y se abrió un corte enorme que aumentaba más y más ante mi desesperación.

Por fin, y sin ánimo de ser cruel, el chico se pasó en un giro a la derecha y se fue irremediablemente ladera abajo, lo cuál me dejo vía libre para correr.

Tuve la suerte de que justo en ese momento se afrontaba un tramo de 1km aproximadamente por la vía verde del tren burra, lo que me llevó a tirar como un loco y empezar a superar corredores.

Poco a poco veía reducirse la distancia con la chica de Toro, lo cuál me animaba para seguir apretando cada vez más.

Se acaban las comodidades y llega el desvío de las dos distancias. Los de las carrera corta ya sólo tienen que bajar hasta el pueblo; sin embargo para nosotros empieza la fiesta.

Los kilómetros del 8 al 11 son realmente duros, con subidas largas y muy pronunciadas y bajadas de iguales características, que se iban enlazando sin parar y sin respiro.
Además, la tierra estaba muy suelta y los pies se iban con facilidad, tanto subiendo como bajando, lo que aumentaba la dificultad.



Yo voy sufriendo, es inevitable, pero por dentro voy muy motivado de estar haciendo un entrenamiento tan bueno y de tener a la chica de Toro justo delante.
Ella subía andando mucho más rápido que yo, lo que me obligaba a emplearme a fondo y tirar fuerte en los tramos corribles para recuperar la pérdida.

Así iban transcurriendo los kilómetros y yo cada vez me encontraba mejor y seguía la estela de mi predecesora con relativa comodidad.

Me fui fijando en que ella andaba también en las rampas también duras pero más cortas, y yo aprovechaba a subir corriendo para pegarme a ella.

Era evidente que ella es técnicamente muy superior a mí en este tipo de terrenos, tanto subiendo como bajando, y sólo a base de tirar con todo lo que tenía conseguía mantenerme detrás de ella.

Tras la salida a un breve tramo de carretera, un voluntario nos dice que vamos en los puestos 27 y 28 (luego se demostró que estaba equivocado, aunque por poco).

Esto me anima, y además el terreno cada vez es más favorable a mis características, con más tramos corribles y rampas duras y cortas que subía a todo lo que daban mis piernas.

Y fue en una de ellas donde rebase a mi compañera de viaje y pasé yo a ver el terreno despejado por delante.

El haberla conseguido adelantar después de lo que me pasó al inicio y quedarme cortado me da una moral y unas fuerzas renovadas, y devoró metros como muy pocas veces he hecho, al menos de sensaciones.



El el avituallamiento del km 15 paro a beber un par de vasos de isotonica, y veo que he abierto un hueco importante.

Los voluntarios me dicen que ya es todo bajada, salvo un último cueston ya dentro del pueblo, por lo que sé que voy a defender mi posición y que está vez yo cruzare la meta primero. 
No es que vaya en plan de nada ni me crea la leche; pero para un popularcillo como yo sí es reseñable entrar por delante de una de las mejores corredoras de trail de la comunidad.

Ya en pleno descenso hacia Zaratán, veo como poco a poco la distancia con el corredor que me precede se reduce progresivamente. Ese hecho me da un plus de motivación y tiro con fuerza para tratar de darle alcance, lo que sucede justo en el final de la pista y entrada al pueblo.

Voy mucho más fuerte y rebaso al otro corredor sin problemas.
Ahora toca un callejeo de poco más de 1km por las calles del pueblo, en su mayoría en sentido favorable, aunque con un cueston tremendo al poco de iniciar el recorrido por sus calles.

Es una rampa larga y dura con un tramo final tremendo; muy muy exigente.
El corredor que me precede se pone a andar, por lo que yo decido dar todo lo que tengo y apretar a tope.
Consigo subir corriendo, pero justo a continuación se enfila un tramo de bajada que te deja ya prácticamente bajo el arco de meta.

Me han faltado unos metros para poder alcanzar al atleta que llevaba delante, pero aún así entro en meta muy satisfecho y pletórico de fuerzas, en un tiempo de 1:49:12 y el 29° de la general.



Generalmente he estado llegando bastante justo a los finales de los trails que he corrido este año, por lo que el resultado de hoy demuestra que llegaba en un estado de forma muy bueno y que me he sabido dosificar mejor (seguramente haya tenido mucho que ver ese tapón en el que quedé atrapado en los kilómetros iniciales).

Muy buena carrera este Trail del Tren Burra. Me ha sorprendido muy gratamente, la verdad.
Junto con Los Vallejuelos en Villamuriel, el trail que más me ha gustado de los que he corrido por la zona.

Ahora si que sí, llega el Valdecebollas y su ya mítica integral. Décima edición del maratón de montaña referente de Castilla y León, y por allí andaremos mi hermano y yo intentando incluirlo en nuestro currículum.

lunes, 24 de abril de 2017

IBIZA MARATHON


Run and feel. 
Con ese eslogan se define a la perfección lo que ha sido para mí este Ibiza Marathon. Una experiencia que ha ido mucho más allá de una carrera y que, sin lugar a dudas, ha sido la mejor que he vivido calzando unas zapatillas de correr.

La historia de esta carrera comenzó a finales de agosto cuando mi novia, ibicenca y de Santa Eulalia, me habló de que se iba a organizar un maratón en la isla con sede en el citado pueblo.
Tras asegurar un buen alojamiento tirado de precio, llamo a mi hermano y le cuento la noticia.
Casi antes de acabar de contárselo ya teníamos tomada la decisión: el 8 de abril tocaba una nueva cita con la distancia mítica por tierras ibicencas.

Todo parecía hecho a medida en esta carrera: el pueblo de mi novia, en vacaciones de Semana Santa, y unos vuelos que nos permitían aprovechar el fin de semana al máximo.

Este año no va a haber maratón internacional debido a causas laborales de mi hermano, pero desde luego no se me ocurre un sustituto mejor.

Además, había buscado celebrar aquí mi primera decena de maratones, en un marco incomparable y rodeado de las dos personas más importantes para mí. Sin duda una oportunidad única y especial.

Mi hermano y yo teníamos claro que veníamos a correr, por supuesto, pero sobre todo a disfrutar de cada segundo del fin de semana, por lo que el viernes nada más aterrizar a las 8am y toda la noche sin dormir, comenzamos un día de turismo sin parar ni un segundo, tanto por Santa Eulalia como por Ibiza capital.

Por la mañana, fuimos también a la feria del corredor a recoger el dorsal. Feria pequeña pero bien organizada con varios stands de otras carreras y de productos deportivos.



Además del dorsal, imprescindible recoger dos elementos clave: la camiseta (marca Joma y de muy buena calidad) y la pulsera con la que la noche del maratón teníamos acceso gratuito a Pachá. Detallazo tremendo por parte de la organización (el precio de la entrada son 40€; nosotros pagamos 45 de inscripción. Queda todo dicho).

Ya por la tarde, con la piernas cansadas de tanto tute y el cuerpo fundido, nos vamos a nuestro apartamento a descansar y a hidratarnos y comer bien para el día siguiente, que pintaba interesante.

Amanece el sábado un día espléndido. Nada de aire y el sol pegando con ganas. 
La carrera es a las tres, por lo que decidimos desayunar a las 8 y zamparnos un par de pizzas a las 12:30.

Entre medias, paseito con Sara por la estupenda costa del pueblo y alrededores que viene bien para soltar las piernas.

Ya nada más comer, vuelta al apartamento y fin de las "vacaciones". Toca ponerse el mono de trabajo y activar el modo maratón.

Hay nervios; muchos más que en otras maratones pasadas. Se nota que ésta es especial y hay ganas de que salga bien.
Llegamos en nuestro mejor momento de siempre, pero la hora, el clima (calor y muchísima humedad) y la gran dureza del recorrido nos presentan mayores dificultades que ningún otro maratón hasta la fecha.



El plan de carrera es el de siempre: seguir al globo de 3:30 e ir en una franja de ritmos de entre 5-4:45. El sub3:30 ronda nuestra mente pero no vamos a centrarnos en ello. Sabemos que está en las piernas y que va a caer, más temprano que tarde.

Nos acercamos sin prisas al lugar de salida, y vemos como al menos la mitad de atletas allí presentes son extranjeros. Gente la gran mayoría que viene a disfrutar de la fiesta del maratón, a pasarlo bien y a conocer nuevos lugares en zapatillas de correr. Tenemos mucho que aprender de gente así, y no estar tan esclavizados con el reloj que nos olvidamos de disfrutar, basando esto último simplemente en el tiempo que marque el reloj de meta.
Desde luego mi hermano y yo tenemos muy claro que somos de los corredores pertenecientes al primer grupo.

Nos colocamos en nuestro cajón y se escuchan por megafonía los dos temazos previos al pistoletazo de salida y que nos ponen los pelos de punta y nos hacen querer salir ya a disfrutar: la banda sonora de Carros de Fuego (imposible ser runner y no emocionarse con esos acordes) y The eye of the tiger, que te pone como una moto.
Tras Barcelona (es insuperable), la mejor elección de música previa de los maratones que he corrido.

Pues esto empieza ya y recorremos los primeros metros pegados a la Marina y al puerto de Santa Eulalia.

El calor pega con ganas, y tras esos metros de calentamiento, empezamos a subir de manera continua buscando salir del pueblo y coger el Cami Vell, que nos enseñará la Ibiza más rural.

Son en total 7km tremendamente duros, con continuos sube-bajas (largos y duros los primeros y cortos y pronunciados los segundos) que van machacando las piernas sin piedad.

Por si fuera poco, el globo de 3:30 se está cascando los kilómetros a ritmos inferiores a 4:50, con continuos tirones y cambios de ritmo, que provocaron alguna petición de explicaciones por parte de varios corredores. Pésima su labor, desde luego; lo que por desgracia parece que sea la tónica habitual, el menos en los maratones que corro yo.

La dureza del recorrido y el ritmo kamikaze que llevamos nos pone bastante nerviosos y entran dudas de si este esfuerzo nos pasará factura en la parte final.



Por suerte, llegamos al final de la subida y ahora se presenta una larga bajada que nos llevará a la carretera de Ibiza. Tramo para recuperar un poco y calmar nervios. Empezamos a disfrutar.




Ya en la carretera principal, la capital ibicenca va apareciendo en el horizonte con su impresionante Dalt Vila en lo alto.
Nosotros no llegaremos hasta allí, sino que daremos una vuelta por La Marina-Botafoch con el paso por la puerta de Pachá como punto caliente.

La organización había distribuido varios grupos de animación a lo largo de todo el recorrido, de diversos estilos, tanto musical como estéticamente hablando.
Luego hablaré de ello, pero de 0 a 10, la organización de este maratón ha sido de 200.

Tras despedirnos de Pachá hasta la noche, vuelta a la carretera principal para recorrer el tramo anteriormente realizado y continuar hasta llegar de nuevo a Santa Eulalia en el kilómetro 30.

Estos aproximadamente 12km son realmente duros, ya que aunque la segunda mitad es con perfil descendente, los primeros 6km son muy monótonos y presentan una subidas bastante largas y que ya hacen mucho daño.

A estas alturas ya se ve a muchísima gente con problemas musculares y sufriendo mucho. El perfil y la humedad están empezando a causar estragos.

Sobre el kilómetro 26, ya en plena bajada hacia Santa Eulalia, mi hermano tiene que parar a evacuar líquidos. Al reanudar la marcha, una leve molestia que ya llevaba notando en la zona de la rodilla derecha desde hacía un rato, se convierte en un dolor bastante considerable que me dificulta dar la zancada con normalidad.

Se lo comento a mi hermano pero trato de mostrarme tranquilo; no quiero que se preocupe por nada que no sea seguir avanzando. Eso sí, yo por dentro si voy un poco mosca, porque la cosa no tiene visos de ir a mejor, si no más bien al contrario.

Es una lástima porque es un tramo muy cómodo para correr y la entrada en una Santa Eulalia abarrotada de gente animando te da un subidón tremendo, pero mi pierna cada vez está más rígida y me cuesta más correr.

Nos empezamos a mover en ritmos entre 5:05-5:10, ya que mi hermano decide quedarse conmigo en vez de seguir, puesto que su ritmo es notablemente superior.
Para mí ese apoyo es fundamental, ya que cada vez estoy más agotado mentalmente de seguir sufriendo con este dolor.

Quedan los 12 últimos kilómetros que me conozco de memoria, ya que han sido muy habituales en mis entrenos veraniegos. Sé que una gran parte de ellos son picando hacia arriba, además se ser grandes rectas por carretera que pueden hacerse dura en el plano anímico.

El ritmo se va manteniendo estable, lo cuál me ayuda mucho para seguir peleando.



Por fin llegamos a la localidad de Es Canar, donde podemos ver el mar fugazmente y ponemos rumbo ya definitivo hacia Santa Eulalia.

Antes, paso por Punta Arabi y su famoso mercado hippie, donde un "autóctono" nos recomienda dar unas caladas al porro que se está fumando para coger fuerzas. Nos partimos de risa.

Por fin salimos a la carretera que lleva a Santa Eulalia y nos vamos encontrando con un goteo incesante de maratonianos que van hacia Es Canar, casi todos ellos con muchos problemas físicos y sufriendo de verdad.

Repito una vez más que el perfil y sobre todo el calor y la humedad han hecho estragos en el día de hoy, convirtiendo esta maratón en una prueba realmente exigente para el físico de los corredores.

Entramos por última vez en Santa Eulalia y nos quedan apenas 2km para terminar. Voy con la pierna convertida en tronco, pero ahora sí que sé que esto está hecho. 

Llegamos al paseo marítimo, kilómetro 41. Quedan 1.495m bordeando la playa, sin lugar a dudas los mejores de toda la prueba.

El paseo está vallado y la gente forma un pasillo humano de aplausos y gritos de ánimo que ponen los pelos de punta.
Qué grandes son esos metros finales de un maratón. No hay una sensación igual. 




Mi hermano lo celebra; venía con nervios después de su pájara en Burgos y hoy en un maratón durísimo ha vuelto a demostrar que domina la distancia, llevándose una enorme inyección de moral.

Justo antes de entrar veo a Sara animando y mi felicidad es completa. Esta es su casa y me encanta haber hecho tan buen papel delante de ella.

Ahí tenemos ya el arco de meta. Se nos va a escapar bajar de 3:30 por muy poquito otra vez. Con mi pierna en su estado normal habría estado hecho, pero ni mucho menos este hecho empaña nuestra enorme satisfacción por lo realizado.
Clásica entrada en meta y el reloj nos marca un 3:31:29 que se convierte en nuestra segunda mejor marca a sólo 8" del tiempo conseguido en Dusseldorf hace un año. Nada que ver en cuanto a perfil yclimatología, por lo que éste sin duda ha sido nuestro mejor maratón juntos.



Como muestra, un dato: muchos abandonos, 455 llegados a meta y puestos 55 y 56 en la clasificación general. Maratón muy exigente que nos ha exprimido al máximo a los corredores.

Ya en meta, cabinas de baño, mucha bebida, no tanta comida y entrega de una estupenda medalla finisher que desde luego nos hemos merecido.

Inmejorable experiencia este Ibiza Marathon. Organización de 12, ambiente estupendo, recorrido no demasiado bonito pero es lo que hay, se agradece que sea lineal y no dar 20 vueltas al mismo sitio.

Estoy muy contento de haber celebrado mi décimo maratón aquí, corriendo junto a mi hermano y con el cariño de mi novia y su familia, en un lugar que me encanta y donde ya me siento como en casa.

El fin de fiesta maratoniana, en Pachá por cortesía de la organización. Un gesto que se agradece mucho y un broche final estupendo para una carrera inolvidable.

Ahora dejaremos los maratones de asfalto para el otoño, donde me esperan Burgos y San Sebastián, este último un viejo anhelo que espero por fin poder disfrutar.

Y, en cuanto las condiciones laborales de mi hermano lo permitan, nos meteremos de lleno en la planificación de nuestro próximo maratón internacional, ya para 2018.

Ahora es el turno de la montaña y los 42km del Integral del Valdecebollas, el 28 de Mayo.
Previamente, haré un trail de 21km que se celebra por primera vez en una localidad muy cercana a donde resido, para ir metiendo cuestas en las patas.
Toca disfrutar al máximo de la última gran carrera de este primer semestre, de nuevo junto a mi hermano.