jueves, 3 de julio de 2014

LA PIRONA


Última carrera antes del parón veraniego. 
En esta ocasión, Alejandro y yo decidimos acudir a Torreiglesias a disputar esta prueba que, aunque sólo cumpla su tercera edición, consta ya de una gran reputación entre los corredores de la provincia y alrededores.
La carrera se disputa a las 19:30, lo cual se agradece debido al calor, aunque a esas horas aún pega de lo lindo.
El recorrido es de unos 13km por los alrededores del río Pirón, una zona muy bonita. 



El punto "clave" del la carrera es la subida que se inicia en el km9 y que sube casi 100m de desnivel positivo en un kilómetro, para enlazar con otra subida más tendida pero de más de un kilómetro de distancia. Todo ello unido al fuerte calor, resulta una mezcla de lo más explosiva.

En la zona de salida, 133 corredores dispuestos a sobrevivir a La Pirona. Empezamos!!

Desde la maratón de Aguilar ya he desconectado en cuanto a entrenamientos se refiere. Un par de salidas por semana a ritmos muy muy suaves y algunas de ellas junto a mi novia. Relax total. Además, arrastraba una tos bastante molesta que no me dejaba respirar con normalidad. Por lo tanto, mi objetivo en esta carrera era no tener objetivo. Correr como pudiera y a otra cosa.
Alejandro decidió acompañarme, a pesar de que él está en un estado de forma increíble y corría el riesgo de quedarse dormido yendo a mi ritmo.

En estas, llegamos al primer kilómetro y lo pasamos en 4:24. Ya esta liada... Ahora tengo que mantenerlo, así que va a tocar sufrir, me temo.
En la primera rampa ya me descuelgo unos pasos de mi amigo. Le digo que tire, aunque en la bajada siguiente vuelvo a alcanzarlo de nuevo.




En los km 2 y 3 el ritmo se mantiene, y tras un pequeño tramo por carretera, cogemos un desvío que ya nos llevará de lleno al cañón del río Pirón. En este punto comienza un largo y medianamente técnico descenso en el que me manejo bastante bien y voy dando caza a varios corredores. Alejandro no es capaz de bajar a mi ritmo y quedamos en que ya me cogerá en cuanto el terreno no sea tan favorable.

Una vez reagrupados de nuevo los dos, comenzamos el tramo más bonito de la carrera: un sendero estrecho que discurre pegado al río, rodeado de árboles y flanqueado por los imponentes muros de piedra que se levantan a ambos márgenes del río. Realmente bonito.

Siguen pasando los kilómetros y seguimos manteniendo un ritmo cercano al 4:30. Las sensaciones son buenas. No obstante, sé que se acerca la temida subida "estrella" de la carrera, y se me hace un nudo en el estómago sólo de pensarlo. 

Llegamos a un puente muy bonito, nos indican que hay que girar a la derecha, levanto la cabeza y..., mi mundo se desmorona. La rampa tiene un desnivel brutal, y yo encima con mi tos y mi "gran" estado de forma... A sufrir tocan.





Como me temía, la subida es demoledora para mí. Sufro muchísimo, y tengo que hacer verdaderos esfuerzos por no pararme. Alejandro me va esperando, mientras yo no paro de gritarle que tire para delante.
La tos se me ha disparado con el esfuerzo, y las piernas sencillamente no me van. Estoy sufriendo de verdad.

Tras el tramo más duro de subida, llegamos a una pista mucho más llana que poco a poco nos va acercando de nuevo al pueblo.
Cada vez que el terreno pica hacia arriba es como si me quedase bloqueado, y veía impotente y con rabia como era superado por atletas a los que había dejado atrás hacía varios kilómetros.


Tras este interminable tramo y con unas ganas enorme de llegar ya a meta, enlazamos con un tramo asfaltado que nos introducirá en Torreiglesias; con sus sube-baja de rigor, por supuesto...



Por fin llegamos a Torreiglesias, donde unos voluntarios nos gritan que vamos en los puestos 48 y 49 (y así quedamos, efectivamente). El pequeño callejeo por el pueblo es una agonía para mí. Voy totalmente fundido y sin parar de toser, haciendo esfuerzos por no vomitar.




Finalmente, giramos a la derecha y llegamos a la Plaza Mayor, pasando por el arco de meta dos segundos después de mi amigo en un tiempo de 1:02:57. 
Nada más terminar, me paro a vomitar. No podía aguantarme más.

En meta, cerveza, aquarius, coca cola, agua, sandía y bocadillo de chorizo. Un lujo. Además, todos teníamos regalo seguro, mediante una papeleta que cogías al cruzar la meta. Yo recibí un lote de libros y Alejandro un chubasquero. Nada maravilloso, pero a caballo regalado...
En la bolsa del corredor, camiseta técnica y otra de algodón.

En resumen, una gran carrera. Un trato al corredor fabuloso y un recorrido muy bonito y exigente. El avituallamiento de meta y la subida de la parte final son las señas de identidad de una carrera que cada vez cobra mayor popularidad y aceptación en el mundo del running. Muy recomendable, y desde luego que no me importaría en absoluto repetirla. Eso sí, sin tos y en mejor estado de forma, jeje.

Ahora un merecido descanso para desconectar, y la última semana de Julio volveremos a la carga. La pretemporada será en La Manga y en Ibiza, donde trataré de ponerme a punto para la media de Valladolid el 14 de Septiembre. Objetivo: hacer MMP. Ahora mismo lo veo lejanisimo, ya que mi nivel de forma es horrible, pero espero llegar en condiciones de afrontar este reto con garantías.

FELIZ VERANO!!!

viernes, 6 de junio de 2014

MARATÓN DE AGUILAR DE CAMPOO

"- Consulta del doctor Gabriel Ruiz, ¿dígame?"

Con esta frase comenzó una fantástica aventura en la que nos embarcamos mi hermano y yo: correr la maratón de Aguilar de Campoo.
Mucho se puede oír y leer sobre su organizador, Gabriel, y sobre esa especie de misticismo que tienen sus dos "hijos", los maratones de Aguilar y del Río Boedo, pero no te das realmente cuenta hasta que no lo vives por ti mismo.
Resulta que a este hombre le da por organizar cada año estas dos carreras, con el único propósito de que disfruten los atletas que deseen participar en ellas. Trato familiar, avituallamientos en los que no falta de nada, dorsal, bolsa del corredor consistente en: camiseta, cereales, galletas y pastas; diploma, trofeo, fotos de la carrera... Y todo esto por la módica cantidad de 0 euros. Creo que no hace falta añadir nada más acerca de por qué todo atleta debería correr alguna de estas carreras.

Esta carrera estaba fijada en nuestro calendario como el debut de mi hermano en la distancia y el primer maratón (de muchos, espero) que haríamos juntos. La verdad que creo que ha sido un lugar fantástico para ambos acontecimientos.

El esguince que me hice en Madrid parecía estar superado, aunque justo los días previos había sentido algunas molestias (supongo que el canguelo haría de las suyas). La verdad que estaba bastante nervioso, ya que después de la decepción que supuso para mí la Maratón de Madrid, un nuevo golpe a mi moral habría sido difícil de soportar. No me fijaba tiempos; sólo quería disfrutar de sentirme maratoniano en cada paso.

El Sábado a las 17h partimos en tren rumbo a Aguilar. Era un viaje tranquilo de dos horas en las que iríamos comentando la carrera del día siguiente. Sin embargo, a la media hora de viaje, nos informan que hay una avería y que debemos abandonar el tren y esperar a que nos recoja un autobús. Tras 40 minutos, subimos al autobús, que nos lleva hasta Monzón de Campos, donde volvemos de nuevo a montar en tren. Total: hora y media de retraso. Y aquí no acaba todo. La estación de tren está a 4km de Aguilar, y el único trayecto es ir por la carretera. Como lo que queríamos era llegar ya de una vez, cogimos un taxi hasta la puerta del hostal donde nos alojábamos. La taxista me dio su número para llevarnos al día siguiente de nuevo a la estación, como así hicimos.
Una vez en la habitación, cenamos la ya tradicional empanada previa a las grandes citas y a la cama.

El Domingo comienza temprano, a las 6:30 comenzamos a desayunar. Zumo de naranja, sándwich de queso y pavo, plátano y galletas. Los dos compartimos los nervios previos del desafío que nos espera. 42km no son ninguna broma, desde luego.

A las 8:15 salimos hacia el lugar de la salida, donde recogemos nuestros dorsales. Por allí se ven pequeños grupitos de corredores, que van llegando con cuentagotas, mientras los voluntarios terminan de vallar la zona y colocar el arco de Salida/Meta.
Todo es auténtico, en el más puro sentido de la palabra. Todo el mundo es amable, cercano, y se respira un clima familiar que te hace sentir realmente cómodo aunque seas un recién llegado (muchos de los atletas participantes son ya unos asiduos a las maratones de Gabriel, y repiten año tras año).

Minutos antes de las 9, nos llaman a colocarnos bajo el arco. Gabriel se hace una foto con todos los participantes. Seremos unos 35. Instantes después, pistoletazo de salida y a correr.

Teníamos claro que el ritmo inicial iba a ser muy cómodo, sin arriesgar lo más mínimo. En estas, llegan a nuestra altura Capi y Fortes, dos auténticas máquinas de correr maratones (ese era el perfil más habitual de la carrera: gente con muchas muescas en su revólver) a los que conocí minutos antes, ya que los tres somos Forofos del Running. Capi tira para adelante a hacer su carrera y Fortes se queda con nosotros formando un terceto.

El recorrido es tan sencillo como aburrido: cinco vueltas y media de 8km consistentes en ir y volver por la misma carretera al cercano pueblo de Villallano. El trazado es completamente llano, excepto dos puentes para salvar una carretera y las vías del tren que se subían y bajaban 4 veces por vuelta, 20 veces en total.

La primera media vuelta se nos hace interminable, y nos asusta el desgaste mental que puede suponernos un recorrido tan monótono y repetitivo. Cogemos una alegre charla y van pasando los kilómetros lentamente (vamos a un ritmo de 6min/km). Al poco de empezar la primera de las 5 vueltas completas se nos une un nuevo atleta, también debutante, y los cuatro llegamos por primera vez al pueblo de Villallano. Allí, se daba una pequeña vuelta por sus calles y había colocado un avituallamiento con agua, aquarius y plátanos.



Vuelta a Aguilar para completar la primera vuelta. Quedan 4.
En la segunda vuelta, mi hermano decide parar a evacuar líquidos (yo ya lo había hecho en la primera vuelta), y me descuelgo un poco para no dejarle solo.


Los otros dos miembros del grupo llegan a Villallano antes que nosotros, pero a la salida del mismo, Fortes también se detiene a hacer lo propio, momento en el que volvemos al terceto original y que nuestro otro compañero aprovecha para incrementar el ritmo.


Desde ese instante hasta los últimos 4km, esta sociedad ya permanecerá unida.

Los avituallamientos siempre sigue el mismo ritual: aquarius en Aguilar y agua para mojar las piernas tanto en Aguilar como en Villallano, salvo a mitad de carrera que decidimos comernos un plátano.

Pasamos la media en 2h 06. La primera vuelta y media a ritmo de 6'/km y a partir de ahí a un ritmo constante de 5:50 hasta el final.

Me da miedo la cuarta vuelta. Es el punto clave; si la superamos con fuerzas esto estará hecho, ya que quedarían los últimos 8km y el subidón moral de saber que es la vuelta final nos llevaría hasta la meta. Decidimos conservar el ritmo y no arriesgar. Nos da igual el tiempo, sólo queremos terminar corriendo los 42km.
Y llegamos. Última vuelta.
En la mente, sólo una preocupación: las cuatro subidas que quedan por afrontar. No sabemos cómo responderán las piernas ante ese esfuerzo, ya que van bastante cargadas.
Tras las dos primeras, llegamos a Villallano. Allí, tras avituallarnos, mi hermano se destaca del grupo y yo voy tras él. Fortes se ha retrasado un poco, pero a esas alturas de carrera esos pocos metros resultan insalvables: nosotros no podemos parar y él no puede aumentar el ritmo.



Por delante 4km y las dos últimas rampas. Cae la primera, sólo queda una. Y cae la segunda. Está hecho, aunque mi hermano dice que no se fía, jajaja. Km 40, 41... Por fin, entramos en Aguilar, pasamos rodeando la iglesia y entramos juntos en meta en un tiempo de 4h 07m. SOMOS MARATONIANOS!!!!




Esta vez sí que me siento con pleno derecho de decirlo. La sensación es increíble. Haber podido completar una maratón junto a mi hermano ha sido una experiencia inolvidable. Difícil imaginar todo esto sólo año y medio atrás cuando empezamos nuestra andadura en esto del atletismo popular y 10 meses después de nuestro debut en media maratón.

Nos hacen entrega de todas las cosas mencionadas al principio de esta crónica, foto de grupo y nos despedimos de Capi y Fortes, que ya están pensando en sus siguientes maratones.



De vuelta al hostal, estamos muertos pero exultantes de felicidad. Hemos conseguido algo muy grande: completar un maratón.
Ducha reparadora, comida y vuelta en tren hacia Valladolid, con la satisfacción dibujada en nuestras caras.

Ahora nos espera un merecido descanso, y será a mediados de Julio cuando volvamos a los entrenamientos para preparar los siguientes retos. El más cercano, hacer MMP en la Media Maratón de Valladolid en Septiembre y, en el horizonte, un nuevo maratón juntos en Noviembre, el de los Montes Torozos, el de "casa". Estoy deseando que llegue el momento de ponerme en la salida de un nuevo maratón junto a mi hermano y continuar siguiendo juntos los pasos de Filípides.

En cuanto a la maratón de Aguilar, no puedo más que recomendar encarecidamente a todo runner que vaya a conocer esta carrera. Por su historia, su ambiente familiar, su misticismo. Es un imprescindible en el currículum. Desde luego que volveré, incluso en la próxima edición tal vez, y me anoto en la agenda de "pendientes" correr el del Boedo como compromiso ineludible.

Próxima carrera: el 21 de Junio en Torreiglesias, Segovia. La Pirona me espera!!

domingo, 11 de mayo de 2014

CARRERA POPULAR DE LA ANTIGUA



Esta carrera me ha servido para volver a disfrutar de lo que significa ser atleta popular. Y lo echaba mucho de menos...

Tras un mes de Abril muy exigente con las carreras de Miranda de Ebro y la Maratón de Madrid, me sentía totalmente agotado, física y sobre todo mentalmente. Han sido dos carreras en las que he sufrido mucho, y la maratón además me pasó demasiada factura en el estado anímico.
Por si fuera poco, me hice un esguince en el pie izquierdo que me obligaba a cojear, y me obligó a tener que apartarme de lo que más me gusta: correr.

He tenido que cancelar las tres carreras a las que estaba inscrito en este mes de Mayo: la 1/2 Media Maratón Universitaria, una carrera pedestre en Cantimpalos, y el TAD en Soria. 
El objetivo prioritario es poder acudir a la maratón de Aguilar de Campoo el 1 de Junio junto a mi hermano.
Es una cita ineludible para mí. Sea cual sea mi estado de forma voy a acudir, y por eso estoy centrado al máximo en que mi pie llegue lo mejor posible.

Estoy yendo a fisioterapia y machacándome a hacer bici para no perder la forma y recuperarme lo antes posible. 
El Miércoles, de mutuo acuerdo con mi fisio, volví a calzarme las zapatillas de correr.
La sensación fue increíble, y disfruté como nunca de poder correr. Simplemente era eso: poder correr.
En entreno consistió en rodar 30 minutos muy suaves, 12 cuestas de 30", 4 series de 2' recuperando 1' y rodar otros 10'. El pie aguantaba bien.

Tras otra charla con mi fisio y analizar el estado de mi pie, recibí luz verde para aumentar el nivel de exigencia. Y esta carrera se cruzó en mi camino.
8200m,distancia asumible y perfecta para forzar el pie a un ritmo más elevado.
Inscrito.

La carrera transcurre por el centro de Valladolid, pasando por muchos de sus monumentos más destacados:  Antigua, San Pablo, Santa Cruz, Catedral, Museo de Escultura...
Además, el año pasado no la disputé, ya que me coincidió con la Sanitas Marca Running Series de Segovia.
Por todo ello, acudía con muchas ganas a esta cita.

La temperatura es ideal, un día soleado con el calor aun dándonos un respiro.

Aunque el plan inicial era salir controlando y correr en progresión, me sitúo en primera línea de salida junto a los favoritos. Ya que estoy tan bien colocadito, habrá que salir a tope, jeje.

Y eso hago precisamente. Salgo a todo lo que puedo, más adelante que nunca, pero obviamente no me durará mucho...
Las piernas me pesan y no voy fluido, y cada vez me cuesta más mantener el ritmo. Cada vez me superan más atletas, y llega un punto en el que ya estoy empezando a sufrir.
Decido (qué remedio...) levantar el pie  y poco a poco tratar de encontrar un ritmo que me sea cómodo.







Tras un tramo en el que iba bastante justito, por fin logro estabilizarme y llevar un buen ritmo que me permite entrar en meta muy entero y con buenas sensaciones en un tiempo de 32:38, a un ritmo medio de 3:59'/km.





Es cierto que no ha sido mi mejor carrera y he estado un paso por detrás del nivel que he demostrado anteriormente en carreras de este estilo, pero me siento muy satisfecho y mi estado de ánimo es muy positivo.

El pie ha respondido sin ningún problema, ni lo he notado. He vuelto a disfrutar corriendo, que ya tocaba; por lo que el balance de esta carrera es inmejorable.

¿El tiempo? Pues sin ser todo lo bueno que podría haber sido (me ha ganado gente que suele llegar detrás de mí habitualmente) sí que considero que es aceptable, y me ha servido para exigirle más al pie, que era de lo que se trataba.
Puede que el volver a meter pesas en mis rutinas de entrenamiento después de un mes y la inactividad de estas dos semanas me haya pasado factura. No me importa en este momento.
Ya habrá tiempo de volver a coger el punto de forma óptimo.
Ahora se trata de curar bien el pie y de disfrutar con esta maravillosa afición.

El 1 de Junio me espera de nuevo Filípides y su mítica maratón. Esta vez no iré solo: mi mejor compañero posible me acompañará en este desafío. No me pongo marca; sólo me exijo disfrutar de cada paso que dé en uno de los maratones más especiales que un runner puede correr. Pero eso ya será en el próximo capítulo...









jueves, 1 de mayo de 2014

ROCK N ROLL MADRID MARATÓN



Era la carrera más esperada del año. Mi debut en la distancia mítica. La meta de todo runner.
Pues bien; ahora puedo decir que soy "maratoniano", entre comillas. Esta es la historia de mi primer maratón:

A las 6:30h del Domingo pasaba a recogerme mi amigo Alejandro y nos dirigimos al punto de encuentro donde un autobús nos llevaría a Madrid. En total, eramos una expedición de 15 personas.
Yo voy tranquilo y confiado en mis posibilidades. Estoy convencido de poder hacer 3h30.

Cuando llegamos a Madrid, ya son casi las 8:30, y la carrera de 10km ya ha comenzado. Un policía nos dice que no podemos acercarnos más, que está todo cortado. Nos toca bajarnos y correr una distancia de 3km en menos de 20 minutos. Ideal antes de una maratón...

Finalmente, llegamos a la Cibeles y me coloco en mi cajón correspondiente. No hay nervios, sólo ganas de empezar a correr y disfrutar de esta experiencia.
A ritmo de ACDC y su "Highway to Hell" se da la salida. 42.195 metros me separan de mi meta más deseada.

El ritmo inicial es cómodo y relajado. Queda mucho por delante y hay mucha gente. Paso el primer kilómetro en 5:38.

Vamos subiendo La Castellana rumbo al Santiago Bernabeu. En este tramo me dedico a observar cada detalle de la carrera: el público, las caras de la gente, sus indumentarias (fui adelantado por Batman y Robin)...; en resumen, disfrutaba.

El paso por el kilómetro 5 es ligeramente superior a los 27 minutos.Y es aquí donde mi cabeza y mi inexperiencia, por no decir estupidez, empiezan a fraguar lo que a la postre sería mi perdición (unido a otros factores). Comienzo a pensar en tiempos y me olvido de disfrutar. Me digo que voy más de dos minutos retrasado de mi tiempo objetivo y que los tengo que recuperar. Y poco a poco incremento el ritmo.

Tengo que ir dando acelerones continuos para ir pasando gente, y para recuperar el tiempo perdido en los avituallamientos. Llevaba una pulsera con los tiempos de paso para hacer 3:30, y no recuerdo en qué kilómetro fue, si en el 10 o en el 15, pero sé que me puse acorde con mis pasos marcados.

La carrera sigue avanzando y me encuentro bien. Es impresionante pasar por Gran Vía y Sol abarrotadas de gente que no para de animar. El próximo objetivo es pasar el ecuador de la carrera, al cual llego en 1:47:38, dos minutos y medio peor de lo que tenía previsto. No me explico aun qué me pasó, pero para nada tuve la sensación de haber bajado tanto el ritmo. Algo no iba bien.

Poco a poco la carrera me lleva hacia La Casa de Campo, punto donde los veteranos en esta prueba señalan que empieza de verdad la maratón. En este punto ya me noto muy justo de fuerzas, y tengo que hacer esfuerzos por no echarme a andar. Estoy empezando a sufrir la dureza de la carrera.

Salgo de la CDC a duras penas. Es el km 30; quedan 12, y mentalmente es un golpe brutal para mí.
Sigo avanzando a un ritmo muy lento. Los kilómetros parece que no pasan y las piernas me pesan cada vez más. Además, estoy empezando a notar un dolor intenso en el pie izquierdo que no me deja apoyar bien.

En el km 32 la situación me supera y decido echar pie a tierra. Cada paso que doy andando se me clava en lo más profundo de mí. Los que me conocen saben como odio rendirme y dejar de luchar. Pero hoy no podía más.

Para tratar de motivarme, me fijo la meta de bajar de las 4 horas. Esto me anima momentáneamente y echo a correr de nuevo. Pero será breve. No puedo ni con mi alma. Las piernas no van, y me noto vacío y desanimado. Siento que he fracasado y me he fallado a mí mismo.

Paso los kilómetros alternando trotar con caminar, aunque esto último va ganando cada vez más y más protagonismo. Cada punto kilométrico se me hace una eternidad. Pienso en retirarme. No quiero acabar así, arrastrándome. No quiero una medalla que me recuerde mi fracaso.

No para de pasarme gente, y me muero de envidia al ver a muchos de ellos sonriendo y disfrutando de la carrera. También veo a otros más tocados que yo tirados en los bordillos con las piernas totalmente acalambradas.

En estas llego al km 40, y ya decido que voy a terminar. El objetivo de bajar de 4 horas también se ha esfumado. Sólo quiero llegar y mandarlo todo a la mierda. Andando veo el cartel del km 41, y decido echar a correr. Un trote cochinero, pero al menos no es andar. 
Empieza a verse el Retiro. Madrid está inundado de gente animando sin parar. Pienso en lo increíble que habría sido vivir ese ambiente como un triunfador, en vez de haberme arrastrado por la ciudad.
La entrada en el parque pone los pelos de punta.
Un pasillo de gente te lleva hacia la meta.
No sonrío, no levanto los brazos. No hay nada que celebrar.
Soy un finisher, no un maratoniano. La distancia me ha derrotado. No me valen las típicas frases de "has terminado y eso ya es un éxito" y similares. Para mí no lo es. No he entrenado para andar casi 5km y para hacer más de 4 horas. He fracasado y sólo yo sé lo que me duele.

Al final, 4h11 que quedarán para siempre como mi penoso debut en una maratón. Me ponen la medalla y no me sabe a nada. Un cacho de metal que me han dado por andar, no por correr.



Estoy destrozado, física y mentalmente. El pie izquierdo me duele muchísimo (de hecho, aun hoy no puedo andar bien y lo tengo hinchado).
No hay excusas.

He reflexionado mucho desde el Domingo, y he sacado varias conclusiones:
- Nada de tiempos; el único objetivo será disfrutar (cosa que no he podido o sabido hacer en este)
- Llevar un ritmo muy conservador hasta el km 30
- Entrenar más. Yo corro tres días a la semana entre 40-50km. No ha sido suficiente. No pienso aumentar mis sesiones semanales de carrera, pero sí subir los kilómetros semanales a 55-60 y meter dos sesiones semanales de una hora de bicicleta.

Si el pie me deja, el 1 de Junio en Aguilar de Campoo volveré a enfrentarme a la distancia. La preparación de Mayo va a ser nula, pero confío en saber correr con más cabeza y no perseguir ningún tiempo concreto. Quiero disfrutar de esta carrera mítica y sentirme maratoniano. Sin comillas.

Sobre el maratón de Madrid, sólo puedo hablar bien. La experiencia de correr por la principales calles de la capital es impagable, y el público es sencillamente espectacular. Los últimos kilómetros tienen que ser inolvidables si se va con fuerzas, porque la gente anima sin parar y te hace sentir un campeón. Y la meta en el Retiro es mágica. Tengo una cuenta pendiente con esta carrera y seguro voy a volver para vivirla como se merece.

En un mes y junto a mi hermano, espero poder decir con orgullo que he corrido una maratón.



domingo, 6 de abril de 2014

CARRERA POR MONTAÑA MIRANDA DE EBRO


Primero de los dos grandes retos del mes de Abril, el más importante de la temporada sin duda.

Cuando vi esta carrera, desde el principio me llamó la atención. Estoy fascinado por el mundo de las carreras de montaña y, tras un par de pequeños aperitivos, quería degustar ya un plato más consistente. Los datos que presentaba se adecuaban bien a lo que yo buscaba: 35km con un desnivel acumulado de 3.200m. Dura, pero asumible.
Además, siendo 21 días antes del gran objetivo del año, el debut en la maratón de Madrid, sería un excelente test para medir mis fuerzas y capacidad de sufrimiento de cara a la gran cita.
Dicho y hecho: inscrito.

Desde ese instante, comienzan las salidas con mochila y probando la alimentación e hidratación mientras corro. Me he preparado como he podido, ya que no tengo ni tiempo ni medios para ir a entrenar a la montaña; pero confío en llegar preparado para afrontar este reto con garantías.

Y llega el momento.

El Sábado por la tarde cojo el tren a Miranda de Ebro. Durante el trayecto voy leyendo "Ivanhoe", de Walter Scott. No estaría mal un poco de ese heroísmo para la carrera del día siguiente...
A las 19:30 llego a mi destino y voy directo a recoger el dorsal y la bolsa del corredor. Junto al dorsal, me dan una pulsera con una tarjeta que he de "picar" en cada punto de control. En la bolsa: camiseta técnica (buena calidad y bonita), gel, barrita y 250g de café.
De allí, rumbo a la pensión donde me alojaba, a cenar y a dejarlo todo bien preparado para el día siguiente.
Decidí correr con mochila, en la que, dada mi inexperiencia, decidí llevar de todo: pasas, galletas, plátano, barrita, dos powerades, pañuelos, móvil, la cartera (por si acaso había "ratas" en la pensión, que tenía una pinta...), vaselina y crema solar. Mejor prevenir que curar.
Con todo listo, a la camita a dormir, que mañana se preveía un día duro.

Son las 7:30 del 6 de Abril y una alarma suena. A desayunar!!
Zumo de naranja, dos sandwich de pavo y queso, galletas y un plátano. Me visto, me coloco el dorsal y, tras tres visitas al retrete, salgo hacia la zona de la salida.

Una vez allí, lo que veo me intimida. Gente que parece muy preparada y con unas equipaciones y zapatillas que hacen que me den ganas de volverme llorando a casa, jaja.
Pero bueno, yo voy a lo mío. Es mi reto y voy a pelearlo.

El día está nublado y con una ligera neblina, pero no hace frío, y las previsiones son de mucho calor y sol.

Tras las presentaciones de los corredores más destacados de la prueba (entre ellos David López Castán, un super élite de este mundillo) se da la salida.



El primer tramo de la carrera es por la ciudad, pero enseguida salimos a un pinar que nos pondrá en la senda de los Montes de San Juan, por donde se desarrollaría el grueso de la prueba.
Me resulta curioso ver cómo algún corredor se pone a andar en la primera subida, aún dentro del casco urbano de Miranda.

Los primeros kilómetros son bastante cómodos, con subidas suaves y perfectamente corribles. Tras subir a una cantera (km 3) se produce una primera bajada con algo de dificultad hasta llegar a una carretera. Cruzamos, y comienza una subida continuada de unos 5km, para coronar el primero de los "obstáculos" que debíamos sortear: Monte Fuerte. 
Iba alternando tramos de andar y correr, pero al ser el inicio de la carrera no me supuso grandes dificultades alcanzar los 927m (punto más alto de la prueba) de la cima.

Arriba del todo (km10), avituallamiento y punto de separación entre las distancias de 24 y 35km. A los de la carrera larga, nos tocaba un pronunciado descenso que nos llevaría a la durísima subida de Peñas Jembres, en forma de U. A estas alturas, ya se habían abierto muchas diferencias entre los corredores y existía el peligro de quedarse en solitario para toda la carrera. Y es aquí, en el descenso hacia Peñas Jembres, donde conocí a Higinio. Le pregunté si sabía cuántos kilómetros llevábamos, y me dijo que 11 (en 1h 20). En ese momento, poco sospechábamos que se formaría una sociedad irrompible hasta el final de la carrera. 

La subida a Peñas Jembres era brutal. Yo, novato en estos terrenos, no sabía que se podían subir cosas así. Cada paso era un esfuerzo enorme, y muchas veces tuve que ayudarme de las manos. Muy muy dura.
Después del esfuerzo, se llegaba a un nuevo avituallamiento, donde decido comerme la barrita que llevaba en la mochila (km 15).




Mientras termino mi barrita y bebo agua e isotónica, Higinio me mete prisa y me dice que vaya con él, que no haga la carrera yo sólo. Que tío...

Estos kilómetros, del 15 al 25 es donde más disfruto de la carrera. Es un contínuo sube-baja por el medio del bosque. Me encanta.




Durante estos 10km, Higinio y yo comenzamos a hablar más y más. Me contó que acababa de salir de un cáncer, y que me iba a ayudar a disfrutar de mi primera carrera de montaña. Me fue aconsejando continuamente, frenándome si me aceleraba y diciéndome que reservara fuerzas, que esto era muy largo. A lo que yo le respondía: "- Es que ya se huele la meta-". En fin...

La última parte de este tramo fue otra durísima subida, la Cruz de Motrico. Esta ya sí que me hizo "pupa". Me paré un par de veces a respirar, pero Higinio no me dejaba de gritar que siguiera adelante.
Coronamos en 3h 30. Por delante, los últimos 10km con bastantes tramos de bajadas.
Eso me animó, y recuperé fuerzas.





Comenzamos a bajar, y aquí era yo quién tiraba y animaba a mi compañero. Le decía todo el rato que en una horita estábamos en Miranda, y él me respondía que ni de coña.

Todo iba bien; corríamos casi todo el tiempo y la carrera llegaba a su fin.
Pero llegó la penúltima subida, y me mató. En un apoyo, el isquio de la pierna derecha se me puso como un tronco y no podía casi ni andar. Paré a estirar y poco a poco se fue pasando. Volví a caminar, pero cargando todo el peso en la pierna izquierda. Me empecé a preocupar de verdad. Iba muy mal; completamente exhausto por el esfuerzo y el calor.

Así llegamos al último avituallamiento: 5km con la subida a la cantera que bajamos al inicio de la prueba (estos últimos 5km eran los mismos que al inicio pero al revés). Empezamos a subir y mi cuadriceps derecho dice que se acabó. No puedo ni doblar la pierna.

Me asusto mucho; realmente veo que hay opciones de no poder llegar a meta. Me faltan sólo 3km, pero voy arrastrando la pierna. Me dan ganas de llorar de rabia e impotencia. Veo Miranda ahí al lado, pero no avanzo nada.
Higinio se interesa por mí, pero le digo que me deje y termine la carrera. Me quedo sólo.

Decido tranquilizarme y comerme un plátano, para pensar en otra cosa. Me digo que cuando lo acabe pruebo a ver si puedo correr. Y arranco. 
Puedo trotar!! Nunca pensé que llevar un ritmo cochinero me fuera a hacer tan feliz.

Llego al pinar y entro en Miranda. Pregunto a un hombre de protección civil. Menos de dos kilómetros. Lo voy a conseguir.
Callejeo por la ciudad, todo llano o hacia abajo. Una chica me dice que me quedan 500m,
Cruzo el río y recta de meta.
La sensación es increíble. Nunca me había planteado el alegrarme por el simple hecho de llegar a una meta, pero verla ahí tan cerca me pone los pelos de punta y me emociona de verdad.

Al final, 5h 03. Puesto 149 de los 172 (de 216) que conseguimos terminar la prueba. Me siento muy orgulloso de lo que acabo de conseguir.
Me abrazo con Higinio, que me está esperando y me felicita por la carrera.
Gracias de verdad, amigo. Siempre recordaré este día y tú tienes mucha culpa de ello.

Estoy destrozado. Nunca había corrido más de dos horas, y la dureza de la carrera y el calor me han dejado al límite de mis fuerzas.

Cuando llego a la habitación, miro el móvil y veo que mi hermano y mi novia han hecho dos carrerones en Valladolid, y me alegro mucho por ellos. Alejandro corrió la media de Madrid, y también hizo un tiempazo (en él ya no sorprende). Día redondo.

Después de ducharme y comer, vuelta a casa.

Ha sido un gran día para mí. Sin duda mi mayor reto y mi mayor logro como runner. Ha sido una experiencia increíble en la que he sufrido y disfrutado muchísimo.
Carrera muy muy recomendable para los amantes de la montaña. Exigente, con atletas de mucho nivel y una organización volcada con el evento. De 10.

Además, me llevo unas sensaciones muy buenas de cara a mi debut en la maratón, ya que a las 3h 30 - 4h de carrera iba muy bien, y he sabido sufrir física y mentalmente.
Creo que estoy preparado.
En 20 días sabremos si es así...

domingo, 30 de marzo de 2014

MEDIA MARATÓN DE SEGOVIA


Tercera y última carrera del mes de Marzo, y una de las más especiales del calendario.
Hace justo un año, fueron las ganas de correr esta prueba las que me hicieron comenzar mi andadura en esta maravillosa afición del atletismo popular.
En Segovia, ciudad donde resido, eres "alguien" cuando cruzas el acueducto tras recorrer esos 21.097 metros por sus calles. Todo el mundo habla de ella; todo el mundo la corre o se echa a la calle para animar. Se respira ambiente de media en cada esquina. Es un acontecimiento para la localidad. 

El año pasado, como decía antes, decidí que yo también iba a participar en esta ya tradición segoviana. Sin embargo, una inoportuna lesión me privó de bautizarme como "atleta", por lo que he tenido que esperar 378 días a que llegara ese momento. 30 de Marzo. Una nueva oportunidad de ser "alguien".

Inscrito desde el mismo día que se abrieron las inscripciones, sólo deseaba que las lesiones me respetaran esta vez.

Dado que 7 días después voy a correr 35km por montaña en Miranda de Ebro, esta carrera no la haría al 100%. Eso lo tenía muy claro.
Por lo tanto, me ofrecí de liebre-acompañante a mi hermano para intentar bajar su marca de 1:40. La idea me motivaba mucho y se ajustaba a la perfección a mis necesidades.

El Viernes fui a recoger el dorsal y la bolsa del corredor. 
Este año la camiseta que entregaban es sencillamente espectacular: camiseta técnica Brooks de manga larga de color naranja. Muy muy bonita.
Viaje relámpago a Valladolid, y el Sábado por la noche ya estaba de vuelta en Segovia con mi hermano.
Cena y prontito a la cama, que adelantaban la hora y había que estar descansados.

A las 8 de la mañana suena el despertador y nos ponemos en marcha.
El día amanece con una lluvia muy fina y sin aire. Temperatura ideal para correr.

Media hora antes de la salida llegamos al acueducto, donde me reúno con algunos compañeros de FFDR y nos hacemos unas fotos para inmortalizar el momento.



Después, me sitúo ya con mi hermano y mi amigo Alejandro. 
Nuestro objetivo fundamental es bajar de ese 1:40, pero vamos a marcarnos el 1:38 como objetivo real. No es un recorrido para buscar marca, así que ese tiempo nos dejaría realmente contentos.

A escasos 10 minutos de la salida, mi hermano se da cuenta de que no llevo puesto el chip. Se me ha olvidado!!!
Así que sprint cuesta arriba a casa a por él y vuelta al acueducto. Madre mía que sudada.
Llego por los pelos, empapado en sudor y bastante cansado; pero llego.

Cañonazo de salida y a correr!!

Salimos muy atrás, y no podemos correr durante el primer kilómetro.
En el km2 comienza una subida bastante larga en la que se empiezan a abrir los primeros huecos. Aun así, hemos perdido muchísimo tiempo, y pasamos por el km4 en 20 minutos. 
A 5'/km!!! Qué horror!!

A esas alturas de carrera ya vamos corriendo a ritmos cercanos a 4:30, pero el tiempo perdido en los dos primeros kilómetros parece una losa demasiado pesada para cumplir nuestros objetivos.

Hablamos, y decidimos no cebarnos. Las sensaciones son muy buenas y vamos a muy buen ritmo. Eso es lo importante.

Llegamos a San Lorenzo, y arañamos 1' en los km 5 y 6, a ritmo de 4:30 y muy cómodos.

A continuación, la carrera nos lleva a la zona del río, donde se corre por una pista de tierra (con un tramo de arena incluido). Al final de la Alameda hay una fuerte subida y un posterior estrechamiento que dificultan bastante poder mantener un ritmo constante.

Y llegamos al primer tramo duro de verdad: la subida de 1´5km desde la Fuencisla hasta el acueducto. el primer tramo es más suave, pero la segunda parte es muy dura y exigente.
A mitad de dicha subida se encuentra el km10, por el que pasamos por unos horrorosos 48 minutos largos. Me da mucha rabia, porque nuestro ritmo es muy bueno (entre 4:30-4:35), pero por culpa del inicio no se va a ver reflejado en el tiempo final.

Por fin, llegamos al acueducto, y afrontamos el punto más espectacular de la carrera: la subida por la Calle Real abarrotada de gente que no para de animar a ambos lados de la calle. Impresionante. Te hace sentir que estás haciendo algo importante; meritorio, como me dijo mi hermano. 

Ahora la carrera se mueve por el centro histórico de la ciudad: judería, Alcázar, Plaza Mayor...
Las calles son estrechas y adoquinadas, pero no hay grandes desniveles.
En un punto de la carrera me encuentro con Sara, que está de voluntaria. Me acerco y me paro a darla un beso, y vuelta al lío.

Mi hermano va genial, muy fuerte y a un ritmo muy constante. Me alegro mucho por él, porque sé lo mucho que está entrenando para su debut en la maratón (si no se tuerce nada, el 1 de Junio repetiremos dúo en Aguilar de Campoo).

El recorrido nos aleja de las murallas y nos lleva a la Segovia más urbana. Vuelven los tramos de subida, en especial la calle José Zorrilla, donde además empieza a llover con más fuerza.
Le digo a mi hermano que es la última rampa, el último gran esfuerzo. El resto son calles que ya sólo "pican" hacia arriba y luego los 2km de bajada final.
Apretamos los dientes y vamos a por la última parte de la carrera.

Llegamos al barrio de La Albuera, con calles largas y feas, algunas de ellas picando hacia arriba. Si se va mal es un tramo que puede hacer mucho daño.

Volvemos a ver el acueducto y enfilamos la bajada hasta Fernández Ladreda, donde sólo queda la recta de meta.






Está hecho.
Nos relajamos y disfrutamos de lo que estamos a punto de conseguir.
Mi tercera media maratón está en el bolsillo. Y no es una media cualquiera. Es "LA MEDIA". La que te convierte en "alguien" en esta ciudad que ama el atletismo de forma especial.

Tenemos pactada la entrada en meta: saltar el uno hacia el otro y chocarnos en el aire justo debajo del arco. Es nuestra forma clásica de celebrar las victorias. Y ésta bien lo merece.

Al pasar el arco, mi hermano para el reloj, que marca un tiempo de 1:38:13. Menuda alegría!!!
Hemos conseguido el reto que veníamos a buscar y, lo mejor de todo, con unas sensaciones muy muy positivas. 
Si hubiéramos podido correr más normal los 2 primeros kilómetros, habríamos estado rondando el 1:35.
Pero ya habrá carreras para eso. Mi hermano lo tiene en las piernas de sobra.

Recogemos nuestra merecida medalla y nos vamos a casa muy contentos y satisfechos.

Para mí ha sido una experiencia increíble correr junto a mi hermano esta carrera. Todo ha sido perfecto, y juntos venceremos seguro esos 42km el día 1 de Junio. Qué ganas!!!

Y qué decir de esta carrera...
Sin duda la mejor y más bonita media maratón urbana de España. Por el recorrido, por la animación espectacular, por una ciudad volcada con esta carrera, y por el mejor arco de meta que se puede cruzar en el mundo. Esta carrera es una experiencia única y merece la pena correrla al menos una vez.

Próxima parada: Miranda de Ebro, donde 35km y 3,200m de desnivel acumulado me esperan. No tengo ni idea de cómo saldrá la cosa, pero el reto me motiva mucho, aunque me da respeto.
Sabremos el desenlace en una semana!!

domingo, 23 de marzo de 2014

MARATEST DE ALCORCÓN


Segunda carrera del mes de Marzo tras Riaza.
La verdad es que nunca he tenido intención de correrla. Mi amigo Alejandro me dijo hace más de un mes que se había inscrito a los 30km y si quería ir con él. Mi respuesta fue NO.
Siete días más tarde es la Media Maratón de Segovia, y el Domingo siguiente estoy inscrito a una de 35km con 3200m de desnivel en Miranda de Ebro. ¿En qué cabeza cabía meterse 30km por un recorrido horroroso con esas dos carreras a la vuelta de la esquina? No rotundo.

Sin embargo, fueron pasando los días y mi amigo siguió insistiendo. Entonces mi corazón se hablando y recordé el sinfín de carreras a las que he podido ir gracias a él, así que acepté y me inscribí. Eso si, a los 15km. Y de ahí no me movía nadie.

El planteamiento de la carrera era ir juntos con el globo de 4:30, y una vez en el estadio, yo acababa y él seguía como pudiera. A mí me venía bien, ya que sería un buen entrenamiento, pero sin sufrir nada y acabando con las piernas frescas.

A las 6:15 suena el despertador (momento en el que los oídos de mi amigo estarían a punto de estallar...) y a las 7 ya dejábamos Segovia rumbo a Alcorcón.

Al llegar, recogemos el dorsal y la bolsa del corredor (consistente en: camiseta técnica y barrita energética) y al coche a cambiarnos. El día se presentaba soleado, pero corría algo de aire que hacía que los 6º de temperatura parecieran alguno menos. Tras alguna duda, decidimos correr en manga corta, lo que a la postre sería un acierto.

A las 9:30 se da la salida. Juntando las dos distancias, entre 900 y 1000 atletas.

El plan era ir con la liebre de 4:30, pero la forma de ponerlo en práctica fue muy distinta. Alejandro apostó por un sprint estúpido de 1km para llegar a su par cuanto antes, mientras que yo fui tranquilamente hasta que llegué junto a mi amigo un poco antes del segundo kilómetro. En fin...

Una vez ya acoplados a nuestro ritmo de referencia, comienzan a pasar los kilómetros. El recorrido, pues tremendamente aburrido. Rectas y más rectas (qué recuerdos de Getafe...). Unas picaban hacia arriba y otras hacia abajo. Muy monótono.

Las sensaciones eran inmejorables. Iba muy cómodo, rodando tranquilo a 4:30 sin gastar más de la cuenta y sin sensación de fatiga. Tanto es así que no bebo nada en ningún avituallamiento. No me apetecía acercarme a coger la botellita, ni el cuerpo me lo pedía tampoco.

Las referencias estaban situadas en los kilómetros 5 (21:46) y 10 (44:47). El plan seguía su curso sin mayores incidencias.

Sobre el kilómetro 11 le digo a Alejandro que voy a subir un poco para acabar en progresión y completar así el entrenamiento. Ante mi sorpresa, decide venirse conmigo, y dejamos atrás al grupo de 4:30. Yo veo que mi ritmo es mucho más rápido (normal, él iba a 30km), pero se encabezona y me va pidiendo que le espere. Tras frenarme, intentar razonar con él y volver a subir el ritmo, me toca pararme otras dos veces más. Ya me harto, le digo que no tiene ni puta idea de correr y que se centre en su carrera y no se pique hasta con su sombra, le deseo suerte y ya me voy sólo para acabar en un tiempo de 1:06:06 (con equivocación de recorrido incluida) y en el puesto 28 de los 383 que corríamos los 15km.

Estoy completamente entero. He hecho un buen entrenamiento de 15km a 4:25 terminando en progresión y con unas sensaciones muy muy buenas.

Al acabar, naranja, plátano, agua y barrita energética. Me cambio de ropa y espero a la llegada de mi amigo, que para el crono en un increíble tiempo de 2h 9minutos. Con la guerra que me ha dado el desgraciao, jajaja.

Después, de vuelta a Segovia siendo torturado por los gustos musicales de Alejandro (hoy tocaba sesión de Andy y Lucas). Madre mia...

En resumen: un buen entrenamiento que no volveré a repetir en próximas ediciones. Gran organización y un recorrido exigente pero aburrido. Sólo merece la pena hacer los 30km para preparar maratón; la carrera de 15km es perder el tiempo y el dinero.

Próxima parada: Media Maratón de Segovia haciendo de liebre a mi hermano. A por el 1:38!!!