lunes, 3 de octubre de 2016

MEDIA MARATÓN DE VALLADOLID


Vuelta a las carreras y de nuevo retomo mi blog tras un largo período de abandono a ambos.
Tras la Riaza Trail Challenge, a la cuál ya llegué muy castigado mentalmente, necesitaba parar y desconectar de todo lo relacionado con las carreras. 
Nunca antes había corrido tanto ni tan seguido, y mi mente había llegado al límite.

Un verano de desconexión y de una tranquila vuelta a los entrenamientos era justo lo que necesitaba para volver a retomar esta maravillosa afición con las ganas y motivación que se merece.

La Media Maratón de Valladolid sería la opción elegida para debutar en esta segunda mitad del año.
Una carrera  que me encanta, y en la que he participado en tres de los cuatro años que llevo corriendo; salvo el año pasado por su cercanía con el Ultra del Canal de Castilla.
Fue mi primera Media Maratón, y en esta ocasión hace la número 12 en la distancia.

Además, este año estrena recorrido a dos vueltas y se hace entrega de medalla al finalizar; dos novedades muy bien recibidas.

Ese día, mi club, el CAT Parquesol, iba a contar con una nutrida participación entre las dos distancias, además de numerosos compañeros que se acercaron a dar ánimos o hacer labores como fotógrafos.

La idea era disputar esta carrera junto a mi hermano como un último gran entrenamiento de cara a la Maratón de Burgos de dentro de dos semanas.
El objetivo mínimo era bajar de 1:35, pero ambos pensábamos más en el 1:32-1:33 como un tiempo más realista.

Lo cierto es que el estado de forma de ambos es muy bueno, y en Burgos partiremos con la misma idea que en Düsseldorf: completar la maratón en un ritmo medio de 5min/km.
Hablamos de correr, no contamos posibles paradas de tema escatológico; que esas son siempre imprevisibles.

El Domingo nos presentamos en la zona de Salida con calma y ya con los deberes hechos en cuanto a recogida de dorsal se refiere.
Con nosotros viene también mi amigo Alejandro, cuyas pretensiones son bastante más elevadas...

Allí me encuentro con mis compañeros de club, y entre comentarios y bromas, llega el momento de colocarse en posición.

Nos situamos sin agobios en una zona de mitad delantera; tampoco vamos a buscar nada más que un gran test final pre maratoniano, por lo que allí estamos bien.

Esto empieza. De nuevo por fin en una línea de salida deseando correr y disfrutar de lo que más me gusta. Cómo he echado de menos esa sensación...

El primer kilómetro nos lleva por el Paseo Zorrilla buscando cruzar el río por el Puente Colgante.. 
Debido a la concentración de atletas presente y a que, como siempre, más de uno y de dos que van a ritmos mucho más lentos deciden posicionarse en posiciones delanteras para molestar, cuesta un poco coger el ritmo.
Nuestra primera referencia es coger al globo del 1:35.

 

Y, de nuevo, otro clásico: el globo va al ritmo que le da la gana.
Primer kilómetro a 4:27; aceptable. Segundo kilómetro a 4:15... En fin, cómo se echan de menos liebres como las de Düsseldorf.

Así que ya que estamos metidos en faena, decidimos movernos en torno a esos ritmos, dejando ahora sí atrás al mencionado globo.

 

Mi hermano transmite unas sensaciones espectaculares. Va muy suelto y sin sufrir ni forzar absolutamente nada, y es él quién marca el compás a seguir por el dúo.
¿Y cómo voy yo? Pues no sé bien como explicarlo, o cómo explicármelo a mi mismo mientras corría, más bien, pero mis piernas no van lo sueltas que han ido estos días, y esa sensación no me gusta nada. Me veo sin chispa, sin instinto asesino. Me conformo simplemente con dejarme llevar y aguantar a mi hermano.
Quién me conozca sabe que eso no es un síntoma normal.

 

La primera vuelta transcurre sin incidencias, siempre en torno a ritmos de 4:15. 
Las sensaciones siguen sin ser las mejores; las piernas siguen pesando más de la cuenta, y cada vez noto que me cuesta más mantener el ritmo.

Sin embargo, estoy disfrutando muchisimo esta carrera. El cambio de recorrido ha sido todo un acierto, en mi opinión.
Creo que con el nuevo trazado es más complicado hacer marca, pero se disfruta mucho más de la ciudad.
Se "toca" mucho más el centro y eso se nota en la animación presente en toda la carrera.
El ambiente es fantástico, y es una gozada recorrer las calles de tu ciudad así.

 

 
 
 
Pasamos el primer 10mil en 43 minutos justos. Toca volver a repetir el camino ya andado.
La idea es seguir a los ritmos de la primera vuelta. Esa, repito, era la idea; pero mis piernas decidieron que no querían llevarla a cabo.
Cada vez están más cansadas, bloqueadas, y me resulta imposible seguir el ritmo que pone mi hermano.

 

Me da mucha rabia ver que hoy era un día para hacer un 1:30 con relativa facilidad, y que, por motivos que desconozco, mis piernas no actúan de manera lógica. Y es que me devano los sesos buscando un motivo. ¿Cansancio?, ¿un mal día?...
Lo único que tengo claro es que no puedo correr por debajo de 4:20, y cada vez me voy acercando más al 4:30.

 

Justo antes de llegar a la Cúpula del Milenio alcanzamos a Enrique, un corredor con quien coincidimos en Aguilar y que desde entonces se ha convertido en un compañero habitual de carreras, y con quién volveremos a coincidir en el Maratón de Burgos.

El segundo paso por el centro de la ciudad se me hace eterno. Mis piernas van bloqueadas a ritmos cercanos al 4:30, y a pesar de que yo me siento entero y con unas ganas locas de apretar, no me dejan.

 

No obstante, me encanta ver que mi hermano va totalmente fresco y trasmitiendo unas sensaciones inmejorables. 
Lo cierto es que llegamos en un grandísimo momento a Burgos, y ojalá podamos disfrutar de una gran experiencia juntos en una nueva cita con la distancia mítica.

Finalmente, tras recorrer una abarrotada calle Recoletos, queda bordear el Campo Grande y completar el último kilómetro, para entrar en meta en un tiempo de 1:31:57.
Se da la curiosidad de que mi hermano entró en meta dos segundos por delante, pero en la clasificación lo reflejaron al contrario. Una anécdota curiosa pero que no entiendo cómo puede pasar hoy en día en carreras controladas por chip.

 

La verdad es que, a pesar de mi frustración por no entender qué me pasaba hoy en las piernas, he disfrutado como muy pocas veces con mi afición favorita y corriendo de nuevo junto a mi hermano.
Además, mis compañeros de club le han otorgado un toque naranja a la carrera, tanto con su participación como animando y haciendo fotos. Muy grandes esos CATs.

Me encanta esta carrera. Junto a Segovia siempre serán mis Medias Maratones de referencia.
Para finalizar, esa misma noche se resolvió en enigma del bloqueo de mis piernas  
con un fuerte catarro que me tuvo físicamente fundido durante tres días, y del que aún hoy tengo secuelas.
Por lo tanto, creo que a la luz de este hecho, es para estar satisfecho con mi rendimiento.
Ya se sabe que mis catarros premaratonianos se han convertido en todo un clásico...

A por Burgos!!!

jueves, 12 de mayo de 2016

TRAIL 3 CERROS PALENTINOS


Última carrera de una serie de 6 fines de semana consecutivos con dorsal en el pecho, y la verdad es que ya he terminado un poco saturado.
Es cierto que todas ellas, salvo quizás la Media Maratón de Dueñas, me han encantado y sin duda las volvería a correr (de hecho en algunas cuento con hacerlo), pero también es verdad que se hace un poco pesado el tener que madrugar cada domingo y desplazarte al lugar de la carrera. 
Al final, cada prueba para a ser "una más", y yo lo que quiero es disfrutarlas, que el correr carreras no es una obligación.

Ya expliqué los motivos por los que llené mi calendario con todas estas carreras, pero a partir de ahora me ha quedado claro que prefiero seleccionar un poco más las pruebas en las que participar, y así disfrutarlas a tope. Que correr una carrera sea algo que se espera con ganas, no un hecho rutinario al que se acude por inercia.

Tras Düsseldorf, acudía a Palencia a disputar una carrera que desde el momento en que supe de su existencia, enseguida me atrajo mucho.

La familia de mi padre es de Palencia, por lo que desde muy pequeño es un sitio vinculado a mí por el que siento mucho cariño, y siempre el imponente Cristo dominando la ciudad desde su otero ha llamado mi atención.

Por lo tanto, esta carrera era la ocasión perfecta de conocer una parte de la ciudad y sus alrederores, que ya había explorado un poco en un entrenamiento desde casa de mi abuela y me había causado una gran impresión; y disfrutar de nuevo de mi tipo de prueba favorita.

Además, tras estar toda la semana post maratón sin ponerme unas zapatillas, esta carrera me serviría como empujón para vencer la pereza y volver a salir a correr. 
Eso sí, sin ritmos ni objetivos que fueran más allá de simplemente disfrutar.

Este trail pertenece al circuito de carreras de la Copa Aventura, del cual ya disputé su primera prueba en Enero, el Trail Ciudad de Palencia.

La hora permite llegar sin prisas ni madrugones. 
Aún así, y como viene siendo costumbre últimamente, llego al punto de recogida de dorsales cuando apenas hay un par de coches aparcados y se pueden contar los atletas presentes con los dedos de una mano.

El precio de la inscripción no es que destaque por ser muy barato (14 euros), pero la bolsa del corredor incluía una camiseta de bastante buena calidad y muy bonita, además de comida a base de pasta al final de la prueba.

El día para correr es estupendo. Cielo totalmente despejado y temperatura suave, que irá en aumento a lo largo del día.

La prueba consta de un recorrido de 12km en el que se recorren los tres cerros que hay en esa zona de la ciudad: el del Cristo del Otero, el de San Juanillo y el Páramo de La Miranda.

El trazado comienza bordeando el cerro del Otero para llevarnos al de San Juanillo, el cuál se corona por la subida más dura y donde se inicia un descenso que nos llevará a unas pistas forestales que nos introducirán en el Páramo de La Miranda. Allí, se afrontará la "vertical palentina", una subida de 400m y 130m de desnivel positivo con tramos que superan el 40%, para; posteriormente, iniciar el camino de vuelta y finalizar con la subida final hasta los pies del Cristo.


Instantes antes de comenzar, nos agrupamos en el parque situado en la base del cerro del Otero unos 100 corredores, lo que permitirá correr en todo momento sin ningún tipo de agobio.

Pistoletazo de salida y a correr.

El primer kilómetro es bastante cómodo, y permite ir ya a un buen ritmo.
Aparecen las primeras rampas, pero no son muy pronunciadas y se superan con facilidad.

No hay que esperar mucho para afrontar la primera de las tres subidas exigentes que presenta el recorrido.
Al llegar al cerro de San Juanillo toca subir por su cara frontal, una dura y larga subida que además es bastante incómoda para correr, ya que presenta varios surcos profundos donde poder hundir el pié.

Los corredores que van en cabeza sí que son capaces de realizarla corriendo casi en su totalidad.
Los que van a mi altura alternan correr con andar, y eso mismo hago yo. No puedo quitarme la sensación de que estoy haciendo el vago y me estoy limitando a subir sin sufrir, pero de verdad que hoy no era el día. No había ni piernas ni ganas para ello.
Así que me acomodo y me limito a seguir la hilera de corredores que me precede.

Tras coronar, toca afrontar un divertido descenso por la cara opuesta del cerro, que era la que yo conocía y por donde yo subí el día que entrené aquí.
Es un lugar que se caracteriza por la gran cantidad de surcos que hay en los senderos, que te obligan a estar alerta en todo momento pero que dotan a los mismos de un atractivo especial.

Ahora nos acercamos hacia el Páramo de La Miranda, que ya se sitúa al otro lado de la carretera, la cual cruzamos por un túnel.
Nada más salir, se afronta un largo tramo por una pista de piedras sueltas con una buena y constante inclinación.
Es un tramo pestoso que se me atraganta bastante.

Comentar que esta pista y el paso por el túnel se realizarán también más adelante en sentido inverso.

Por fin, abandonamos la pista y cogemos un sendero estrecho entre los árboles que nos lleva en un sube-baja continuo. Es sin duda la mejor parte de la carrera y en la que más disfruto.

A estas alturas es inevitable pensar en cómo será lo que me voy a encontrar en ese kilómetro 6'5. La llamada "vertical palentina", tan anunciada por la speaker en los momentos previos a la salida, ha sido presentada por la organización como un obstáculo muy serio.
Tanto es así que esos 400 metros son cronometrados, entregándose un trofeo al hombre y mujer que logren cubrirlos en el menor tiempo.

En estas llego al avituallamiento del kilómetro 6, donde se inicia un tramo muy cómodo por los márgenes del Canal de Palencia.

Tras cubrirlos a un ritmo sorprendentemente bueno, un par de voluntarios bloquean el paso y me "pican" la tarjeta que llevo en la muñeca. Y justo en ese instante en el que voy a arrancar a correr, me dicen: "por la derecha y hasta arriba".
Giro mi cuello lentamente, como cuando sabes que vas a ver algo que no quieres ver pero que es irremediable, y mis ojos se clavan en una pared verde con un sendero completamente desierto en medio. Sin embargo, a la derecha del mismo hay una hilera interminable de corredores subiendo por la hierba, y dando la impresión de estar clavados en el mismo sitio siempre.

Aún con la sorpresa a cuestas, un señor mayor apostado al inicio de la subida me dice: "chaval, vete por la hierba, que por el camino no vas a tener agarre y te vas a ir para abajo".

Y yo alucinando. ¿Pero dónde me he metido?

No queda otra que armarse de paciencia, agachar el lomo, manos a los cuádriceps y a empezar a ir acercándome a lo alto pasito a pasito.

El desnivel es brutal, y hay varias ocasiones en las que tengo que dar un par de pasos para atrás porque literalmente pierdo el equilibrio.
Es imposible apartar la vista del suelo; si miro lo que me queda y lo que estoy avanzando me voy a poner a llorar, jaja.

Aquí ilustro mi penitencia con fotos, donde puede uno hacerse cierta idea de como es la famosa vertical (pocas veces un nombre ha estado mejor atribuido), aunque esto es como Gran Hermano: hay que vivirlo desde dentro (menudo ejemplo cultural que he empleado, pero bueno...).









Tras media vida subiendo, por fin puedo tomar el sendero que recorre la parte superior del Páramo.

Sorprendentemente mis piernas van fenomenal, y empiezo a marcar los kilómetros a ritmos cercanos a 4:30.
Esta parte del recorrido no tiene ningún atractivo; es una zona completamente llana que atraviesa una central eólica, para enlazar posteriormente con la pista anteriormente comentada, que nos llevará poco a poco hacia el final de la carrera: la ascensión hasta el Cristo.

Tras marcar el último kilómetro antes de la subida final a 4:10 y dar alcance a tres corredores que me precedían, decido ponerme a liderar el grupo y afrontar en primer lugar el inicio de la subida.

Y es justo aquí donde, de repente, sufro un mazazo brutal que me deja sin fuerzas y hace que los demás miembros del grupo me dejen atrás.
Tengo que ponerme a andar, y sólo tras llegar al asfalto y ver el último tramo abarrotado de gente, tengo fuerzas para volver a correr y cubrir el ascenso final con muy buenas sensaciones, entrando en meta con ganas de más.

Espectacular esa última parte de la subida, recordando a esas etapas de montaña que tantas tardes de verano nos han acompañado en nuestros televisores.

Si yo organizara esta carrera, pondría la subida al Cristo íntegra por la carretera. Sólo de imaginarme la ascensión entera con el aspecto que presentaba el tramo final me pone los pelos de punta.

Una vez en meta, completo avituallamiento y comida de pasta, con posibilidad de repetir todas las veces que quisieras (yo al menos me zampé tres raciones).

Al final finalicé en el puesto 44 de la general con un tiempo de 1:07:05.

Satisfecho más con la experiencia que con mi carrera, ya que creo que podría haberla hecho bastante mejor.

No obstante, el objetivo de volver a correr tras la pereza post maratoniana y disfrutar de un nuevo trail está más que cumplido, así que muy contento.

Carrera muy recomendable. Dura, bonita y con un final mítico para cualquier palentino y espectacular para los que no lo sean. Excelente organización y trato al corredor, lo que ya parece una seña de identidad de los organizadores de la Copa Aventura.

Mi próxima carrera será la Media Maratón de Cerrato, el día 22 de este mes, donde trataré de hacer un buen tiempo. Al menos me gustaría bajar de nuevo de 1:30.

viernes, 29 de abril de 2016

METRO GROUP MARATHON DÜSSELDORF


Primera maratón del año y segunda internacional para el currículo tras Lisboa.
Cuando mi hermano y yo decidimos inscribirnos a esta maratón, teníamos claro que ahora sí iba a ser "correr en el extranjero" de verdad.
Lisboa fue una gran experiencia y un maratón muy recomendable, pero es cierto que el "salto" de pasar de correr en España a correr allí es mínimo. Misma cultura, idioma muy similar...
Para nuestra maratón internacional de este año buscábamos una experiencia completamente distinta; queríamos conocer un nuevo país y una nueva cultura maratoniana.
La elección fue Copenhague, pero unos horarios de vuelos excesivamente ajustados a mi trabajo nos hicieron descartar esa opción (con todo el dolor de nuestro corazón, dicho sea de paso). Mi imposibilidad de coger días libres me limita muchísimo a la hora de montar estas expediciones maratonianas, pero bueno, hay que ajustarse a la situación que le toca a cada uno.
Por lo tanto, tras habernos hecho la idea en verano de que correríamos en Copenhague, nos veíamos de nuevo en el punto de salida para buscar una nueva maratón internacional.

Se da la curiosidad de que, cuando elegimos Lisboa como nuestro primer destino foráneo, yo dije en plan bobada: "Lisboa 2015, Düsseldorf 2016 y Estocolmo 2017".
Me llamaba la atención el cartel que promocionaba la carrera en la revista Distance Running, e incluso en la feria del corredor de Barcelona cogí el folleto del stand de esta maratón.

Fue entonces cuando mi hermano reactivó la opción alemana y comprobó que los vuelos cuadraban a la perfección. Ni una palabra más; teníamos destino y objetivo a la vista: el Metro Group Marathon Düsseldorf. Era el destino...
Como nota informativa, decir que mi "predicción" de 2017 es imposible debido a mi trabajo, así que esta vez nos va a tocar pensar, jaja.

Para esta maratón ya comenté anteriormente que mi hermano y yo decidimos aumentar la exigencia con respecto a Lisboa, y tratar de movernos en un ritmo de 4:55 - 5:05.
Para nosotros es un gran reto porque, aunque tengamos tiempos en media maratón para aspirar a un ritmo más alto, no podemos pasar por alto nuestra realidad, y esa es que hacemos unos 45-50km semanales, por lo que vamos muy cortos de fondo para mayores empresas.
Además, no nos atrae lo más mínimo esa "marquitis" que hay en torno a esta distancia, sobre todo en España, que parece que sólo se disfruta de un maratón si se hace el tiempo X en meta, o que sólo se puede ir a Sevilla y Valencia año tras año porque son muy rápidos. Respeto a quienes lo hagan, pero repito que eso no va con nosotros.
Nosotros corremos para disfrutar, no nos desvivimos por parar el reloj en un tiempo determinado y basamos en ello nuestra satisfacción.

Los ritmos en entrenamientos y carreras estaban saliendo, por lo que llegábamos preparados mejor que nunca.
Todo estaba dispuesto para disfrutar de un acontecimiento así como se merece.

El viernes a las 15:20 iniciamos nuestra segunda aventura maratoniana internacional. 
En Chamartín nos reunimos con Alejandro y de allí al aeropuerto.
Tras un vuelo sin problemas, llegamos a Düsseldorf, ciudad más rica de Alemania y con las tiendas de las firmas más lujosas.

El traslado desde el aeropuerto es muy sencillo, ya que sólo hay que coger el tren de cercanías S11 hasta la estación de la ciudad, Düsseldorf HDF, en un trayecto de apenas 15 minutos.
Nuestro alojamiento, el Hotel Bejuna, está situado a escasos 5 minutos andando desde la estación y a otros 5 de la feria del corredor. Además, el Alstad o casco antiguo y la zona de Salida/Meta se encontraban a 1'5km, por lo que nuestros desplazamientos por la ciudad eran muy cómodos.

Cenamos nuestra ya clásica empanada paterna de viernes premaratoniano y a la cama a descansar.

El Sábado iba a estar dedicado a recoger los dorsales a primera hora y a hacer turismo.
Düsseldorf es una ciudad moderna, con grandes avenidas, tiendas y hoteles de lujo y muchos parques y zonas verdes. Además, la denominada "ciudad del Rhin" gira en torno al río, y el magnífico paseo paralelo a su rivera recoge los edificios y lugares más emblemáticos.

La recogida de dorsales y la feria del corredor abren a las 10h en un imponente edificio acristalado, sede del banco patrocinador de la carrera. Es una feria pequeña pero bien organizada, con varios stands de otras maratones alemanas y algunos productos deportivos a la venta. 
La camiseta de la prueba había que comprarla al realizar la inscripción, y costaba 20 euros. Es de la marca Diadora y la verdad es que es muy bonita; merece la pena.

En cuanto a la climatología, el Sábado las previsiones daban la posibilidad de lluvias leves y temperaturas suaves. Para el domingo, sin embargo, las previsiones de lluvia se mantenían pero las temperaturas bajaban bastante.

Ya el Sábado pudimos comprobar mientras pateábamos la ciudad que había algunas zonas (especialmente las cercanas al río) en las que el aire soplaba con fuerza y bajaba mucho la sensación térmica.

Tras recorrer gran parte de la ciudad y alucinar con los precios de los artículos expuestos en los escaparates de la Konigsallee (una de las calles comerciales más lujosas y bonitas de Europa), llega la hora de cargar hidratos, y el restaurante italiano Pinocchio con sus excelentes pizzas caseras desde luego fue una magnífica opción para hacerlo.

Ya comidos, otro paseito para hacer la digestión. En multitud de calles por las que pasamos estaba ya pintada en el suelo la línea azul que marca el recorrido ideal a seguir en la prueba de mañana, por lo que vamos comentando los tres nuestras observaciones y pensamientos de la gran cita que estaba por llegar.

Antes de recogernos en nuestro hotel, dos paradas obligadas: la primera para degustar la cerveza típica del lugar, la Altbier; y la segunda en un supermercado para comprarnos la cena.

Ya sólo queda descansar bien para el gran día.

A las 6:30 nos levantamos, e iniciamos el clásico ritual de desayuno y preparativos de material.

A las 8:15, 45 minutos antes de la salida, ya estamos en la zona habilitada como ropero, donde destacan varias carpas en las que, además del mencionado, se ofrecerán servicios de masaje, ducha y avituallamiento final al terminar la carrera.
Otro aspecto muy destacado es la gran cantidad de cabinas de baño presentes en la zona de salida, por lo que las colas son mínimas y todos podemos liberar esas "tensiones" tan necesarias antes de enfrentarte a una prueba de esta magnitud.

El tiempo es bastante frío, y eso aumenta aún más las ganas de empezar a correr.
La lluvia, sin embargo, parece que no va a hacer acto de presencia, al menos de momento.

Justo antes de comenzar, decidimos colocarnos tras los globos de 3:30 para, si comprobamos que mantienen el ritmo que deberían, utilizarlos como referencia e ir con ellos.

La salida se produce de forma escalonada, con lo cual, no hay ningún tipo de agobio y se puede encontrar el ritmo desde el principio.

Desde el primer momento vemos que los globos van a un ritmo bastante constante (en torno a 4:55), con pequeñas variaciones en algunos kilómetros pero todo dentro de lo establecido. La verdad es que realizaron su labor de forma excelente, teniendo en cuenta la dificultad y lo mal que lo hacen las liebres en otras carreras (sin ir más lejos, en Lisboa o Segovia, por ejemplo).

Por lo tanto, nos integramos en el numeroso grupo de atletas que seguíamos a los globos de 3:30, donde algunos de ellos se convertirían en anónimos compañeros de muchos kilómetros.
Mención especial para Lewandowski, un corredor ataviado con la camiseta de dicho jugador, guantes del Bayern y gorra y medias rojas, que nos llamaba la atención por su modo imperturbable de correr: siempre en línea recta, siempre la misma postura; como un robot.
La verdad es que es una gran experiencia ir observando a la gente que se enfrenta a este reto tan enorme a la vez que tú y descubrir sus manías y peculiaridades, que todos tenemos, y darte cuenta de las mil y una maneras con las que se puede afrontar un maratón.

El tiempo para correr este tipo de distancia es muy bueno, ya que hace fresquito y apenas se suda y, de momento, la lluvia no hace acto de presencia.

Los kilómetros van cayendo muy deprisa, lo cuál siempre es una excelente señal, y nos plantamos en el kilómetro 10 en un tiempo de 49:55. Primer mini objetivo alcanzado; vamos a por la mitad de carrera.

Nosotros nunca cogemos nada en los avituallamientos antes del kilómetro 10, y nunca comemos hasta la media maratón. No sé si es lo idóneo o no, pero nosotros lo hacemos así y nos va bien.



Ahora la carrera nos lleva al otro lado del Rhin, cruzando uno de sus puentes, por el cuál volveremos a cruzar de nuevo buscando el núcleo urbano sobre el kilómetro 23.
Dicho puente presenta los dos mayores desniveles de la carrera, que destaca por ser completamente llana.

Cuando cruzamos el puente, nos cruzamos con los atletas que encabezan la prueba, y resulta increíble ver los ritmos y las zancadas que llevan. Desde luego juegan en otra liga, jaja.

La parte de la carrera al otro lado del río es muy diferente, y las calles son mucho más estrechas.
En esta parte, además, el aire se hace notar con más fuerza y, tradicionalmente, estos kilómetros centrales suelen hacerse bastante duros, ya que es cuando el cuerpo tiene que ir asimilando que hoy va a tocar correr más de lo habitual.

Por todo ello, mi hermano apunta como momento clave para la moral el volver a cruzar el puente, y lo cierto es que no puedo estar más de acuerdo con él.
Volver a la zona central de la ciudad, superar las dos subidas de la prueba y dejar atrás esa zona habiendo pasado el punto medio, se presumía clave.

De camino, llegamos al arco de la Media Maratón en un tiempo de 1:44:53, con el desfase de metros incluido, por lo que recorrimos los primeros 21 kilómetros en 1:43 largos, un tiempo de paso excelente para nosotros (11-12 minutos más rápido que en Lisboa).

Ahora sí llega el momento de enfilar el puente de "vuelta" a Düsseldorf. El kilómetro 30 es nuestra siguiente referencia.

En este punto haré una pausa para hablar de los avituallamientos, y no puedo usar otro calificativo que no sea excelentes.
Agua e isotónicas en vasos de cartón, y había tantos que no te quedabas sin coger uno ni aunque quisieras.
Además, plátanos ya cortados y sin cáscara. Ojo a esto último, ya que siempre te toca estar pelándolos, y encima suelen estar ya un poco revenidos. Sin embargo, estos plátanos, al menos los que cogí yo, estaban en perfectas condiciones.
Por último, un par de avituallamientos de geles, de los cuáles cogimos el primero de ellos un poco antes de llegar al kilómetro 30.

Es más o menos a esta altura donde, en un avituallamiento, se nos escapan los globos unos metros, que a la postre ya serían irrecuperables (aunque lo cierto es que en ningún momento pretendimos hacerlo).

En el kilómetro 30 de una maratón ya dejan de importar los ritmos y el gps. Ahora serán las piernas y las fuerzas que queden las que marcarán el resultado final.
Por fortuna, los kilómetros siguen cayendo a los mismos ritmos que cuando íbamos tras los globos, lo cuál indica que de momento tenemos gasolina en el depósito.




He dicho que los kilómetros caían al mismo ritmo, y es cierto, pero para las piernas. Para la cabeza, cada kilómetro parecen 5 de antes, y la cuenta atrás se hace interminable. Esto es un maratón y desde luego nadie dijo que fuera a ser fácil.

La gente anima bastante y, aunque hay algunas zonas más desangeladas, en general se puede sentir que la ciudad sí apoya su maratón, y hay varios puntos con grupos musicales, cheerleaders y speakers que te animan por tu nombre.
El apoyo y ánimo de la gente es fundamental para los corredores; sin ellos no sería lo mismo.

Nuestras piernas comienzan a encender la luz de reserva.
Estamos casi en el kilómetro 40, y sabemos que el tiempo en meta va a ser muy bueno.
Vamos a bajar con creces nuestro tiempo de Lisboa y yo voy a superar también mi MMP de Barcelona.

Tras unos mentalmente durísimos kilómetros 40 y 41, ya que te cruzabas con los atletas que iban por delante de ti y te daban unas ganas terribles de ser uno de ellos para dejar de sufrir ya (jeje); bajamos por fin a la zona del río, donde una atmósfera azul (alfombra, arco y vestuario de las cheerleaders) te recibe y te grita que ya lo tienes, que estás en la recta de meta, que el Maratón de Düsseldorf te espera a 100 metros y que toca saborear todo lo entrenado desde el mes de Enero porque ha merecido la pena con creces.


Mi hermano ya va haciendo el vago y le "obligo" a apretar un poco para bajar de 3:32.
Finalmente, nos separamos y nos preparamos para cerrar esta increíble experiencia con nuestra clásica entrada, parando el reloj en un tiempo oficial de 3:31:55 y real de 3:31:21.






Hemos destrozado nuestras mejores marcas y cumplido con el objetivo fijado hasta el final, ya que hemos recorrido 42'63km a un ritmo medio de 4:58.

Nada más cruzar la meta nos abrazamos y unos voluntarios nos cubren con una manta térmica y nos cuelgan nuestra merecida medalla.

Tengo las piernas que no dejan de temblar y me duelen muchísimo. Además, estoy totalmente destemplado y tiritando.

El breve recorrido hasta la carpa donde estaban el ropero y el avituallamiento final es un auténtico calvario. Desde Madrid en mi primer maratón no había tenido las piernas así de cansadas.

Ya cambiados, nos ponemos morados a cerveza (sin alcohol), coca cola, isotónica y berliners, unos bollos rellenos de mermelada que entran sólos.

Tras estar sentados reponiendo fuerzas durante un buen rato, iniciamos el paseo de vuelta a nuestro hotel y que tiene un efecto reparador maravilloso para las piernas, que me dejaron de doler al instante y ha sido la vez que menos secuelas me han quedado en ellas.

Pues ya tenemos una muesca más en el revólver y una muy especial, además.
Extraordinaria experiencia la vivida este fin de semana, y un maratón muy recomendable para todos aquellos corredores que un año decidan no correr en Madrid a finales de Abril.

Ahora se inicia de nuevo la fase de buscar el próximo destino más allá de nuestras fronteras, pero eso ya será en el 2017.

En próximo maratón será el I Maratón de Burgos del 9 de Octubre, sin olvidarnos de ese increíble reto de 40km por la sierra de Riaza que nos espera el 4 de Junio.

DANKE, DÜSSELDORF!!