jueves, 14 de mayo de 2015

MARTÍN FIZ MARATÓN DE VITORIA


Segunda maratón del año y la quinta de mi colección particular.

Ya comenté en la crónica de Barcelona que esta Maratón de Vitoria enseguida me cuadró en mi planificación de la temporada. En esos planes, esta carrera era la que tenía marcada para tratar de hacer mi marca personal en la distancia. Barcelona tenía que ser mágica y no iba a arriesgar, y Lisboa será mi primera internacional y la haré con mi hermano disfrutando de cada zancada.

Tras el 3:42 de Barcelona y la increíble experiencia que supuso ese fin de semana, la verdad es que la preparación de esta maratón vitoriana se me ha hecho un poco cuesta arriba, especialmente en el aspecto psicológico. No era capaz de encontrar esa motivación tan necesaria que impulsa al corredor para salir a entrenar con la exigencia y la disciplina que una maratón exige.
Barcelona me había "vaciado".
Durante la preparación de esa carrera, cada kilómetro que hacía entrenando lo hacía soñando con el 15 de Marzo. Mientras corría, respiraba Barcelona.
Y al llegar el gran día, mis mejores expectativas quedaron desbordadas.

Por ello, estos casi dos meses entre una maratón y otra se me han hecho un poco pesados. 
Este hecho, este "bajón" motivacional ante una carrera que debería ser un acontecimiento esperado con una ilusión máxima, me ha hecho reflexionar y llegar a la siguiente conclusión: una maratón y su preparación son demasiado exigentes tanto física como mentalmente para llevarlas a cabo sin una motivación e ilusión muy elevadas. Por lo tanto, en mi caso concreto, me veo incapaz de "hincharme" a correr maratones, como hacen muchos otros. No tanto por aspectos físicos, sino por cuestiones de cabeza.
Necesito sentirme como para Barcelona, como me siento pensando en Lisboa.
No me llena el hecho de contar maratones; yo lo que busco es hacer y sentir que correr un maratón sea una experiencia especial e inolvidable.

Por lo tanto, mi número de maratones al año oscilará entre 2 y 3: correr uno por semestre y que uno de ellos sea internacional es innegociable. Si añado un tercero o no, dependerá de mi motivación hacia ello o hacia otros objetivos (carreras de montaña).

En cuanto a esta Maratón de Vitoria, la verdad es que ha sido una buena experiencia.

Es una maratón mediana (justo el tipo que me faltaba), ni masificada como Madrid o Barcelona, ni familiar como Aguilar o Montes Torozos.
Vitoria es una ciudad agradable, con un bonito casco antiguo y una gran cantidad de parques y zonas verdes.
Su maratón lleva el nombre del gran atleta vitoriano Martín Fiz, el alma de esta carrera. Totalmente implicado en su organización y desarrollo, participa cada año y recibe con los brazos abiertos a cuantos quieran enfrentarse a la distancia mítica en "su" ciudad.

Allí llegamos mi amigo Alejandro y yo el Sábado al mediodía tras 3 horas de tren desde Valladolid. El tiempo era el de toda España en esos días: sol y temperaturas casi veraniegas.
Yo odio correr con calor. No me va nada bien.
Tras las previsiones para el día de la carrera, que daban 15º a la hora de la salida y 27º a mediodía, decidí descartar la opción que había estado barajando esa semana: ir con el globo de 3:30 hasta donde mis piernas me dejasen.
Demasiado calor para un reto tan grande, por lo que la idea sería moverme en los ritmos de Barcelona, siempre teniendo como referencia el globo de 3:45.

Nada más llegar a Vitoria, fuimos a nuestro alojamiento, el Dato 2, y la verdad es que fue un acierto total haber reservado ese sitio. Amplia habitación, decoración espectacular, localización inmejorable (a 100m de la estación de tren y 300m de la Plaza de la Vírgen Blanca). Muy recomendable.

Tras dejar nuestras cosas, fuimos a buscar un sitio donde comer. En la citada Plaza de la Vírgen Blanca encontramos una pizzería que vendía porciones, y allí nos pusimos las botas mi amigo y yo llenando al máximo nuestras reservas de hidratos.

Tocaba ir a recoger el dorsal y la bolsa del corredor. Ésta estaba localizada en un centro comercial llamado El Boulevar, a unos 3km de donde nos encontrábamos. Aunque había un autobús que te llevaba hasta la puerta, decidimos ir andando para conocer un poco la ciudad y bajar la comida.
Cuando llegamos, la recogida era como la de cualquier otra carrera popular: un mostrador para cada distancia, dabas tu nombre, te daban el dorsal y la bolsa del corredor, y a otra cosa. Ni rastro de algo parecido a una feria del corredor.
Eso sí, para los 30 euros que pagué por la inscripción, la bolsa del corredor incluía una camiseta técnica y unos manguitos, ambos de la marca 42K. En otras por el doble te dan sólo la camiseta.

De vuelta a nuestra habitación, parada en un Carrefour para comprar la cena y el desayuno. Ya estaba todo listo para el gran día.

Tras cenar un sandwich de pechuga de pollo y queso bien cargadito, galletas, un plátano, y beberme dos biofrutas mediterráneos; llegó el momento de irse a la cama a descansar lo máximo posible.

A las 6 sonó el despertador y nos pusimos en marcha. Nuevo sandwich de pollo y queso, más galletas y otro plátano, regados por dos biofrutas pacífico. Unas cuantas visitas al retrete (no serían suficientes...), tiritas en los pezones, vaselina en las partes con riesgo de rozaduras y listo.

Con todo el tiempo del mundo, Alejandro y yo nos dirigimos hacia la zona de salida. El ambiente es muy relajado. No hay los agobios de Madrid o Barcelona, y siempre se agradece el poder estar tranquilo antes de afrontar un reto como el de correr 42 kilómetros, que, por muchas veces que se haga, siempre intimida un poco.

Momentos antes de la salida, nos despedimos y deseamos suerte, ya que mi amigo se coloca con el globo de 3:15 y yo me quedo entre el de 3:30 y el de 3:45.

Empezamos!!

La salida se produce sin agobios. En todo momento puedo correr al ritmo que me había marcado. Decido no mirar el reloj y centrarme en el globo de 3:45 que llevaba por detrás: mientras no me pase, mantengo el ritmo; si me coge, me agarro a él como sea. Ésa fue mi brillante y elaborada estrategia de carrera.

Los primeros kilómetros trascurren sin ninguna incidencia. Me encuentro muy cómodo y el calor aún no aprieta. 
Empiezo a notar que la vejiga se empieza a quejar, y decido no dejarlo para más tarde y en un parque me detengo a hacer mi primera parada técnica.
Me reincorporo a la carrera aún por delante del globo de 3:45 y mis piernas siguen yendo muy cómodas.
Paso el kilómetro 10 en poco más de 50', dos minutos más rápido que en Barcelona.
El recorrido es muy plano, con alguna calle que pica hacia arriba, pero en general es muy cómodo de correr.
Este primer cuarto de carrera transcurre en gran medida por el núcleo urbano de la ciudad, por lo que no se hace pesado y hay bastante animación.

A partir de aquí, la carrera empieza a desviarse por las urbanizaciones de reciente construcción, más alejadas y con largas y monótonas avenidas, que se solían hacer primero en una dirección y luego en la otra. Me recordó a la Media Maratón de Getafe y al Maratest de Alcorcón.

Empiezo a sentir algo más que ganas de orinar... En el km 15 se suponía que había cabinas para ir al baño, pero tras preguntar a varios voluntarios y no ver nada claro el tema, decido entrar en un bar y "soltar lastre". Y vaya si lo necesitaba...

Al volver a la carrera, pregunto a un corredor por el globo de 3:45, y me dice que irá a un minuto más o menos por delante. Aprieto el ritmo y en una recta ya lo veo.
Decido mantener el ritmo que había llevado hasta ese momento, ya que era superior al del globo, y poco a poco me iría acercando a él.

Paso la mitad de carrera en 1:52. Voy muy bien. Varios segundos mejor que en Barcelona y eso tras parar en el bar.
El calor va apretando, y ya tengo ganas de llegar al km 25, donde estaba el primer avituallamiento sólido (un poco tarde en mi opinión, ya que no tomo geles y dependo totalmente de este tipo de avituallamientos).
Comentar al respecto que no me gustó que dieran el agua en vasos. La bebida isotónica, vale, pero el agua en vasos se queda muy escasa, y más en un día de tanto calor.



Por fin me uno al grupo del globo de 3:45, y decido seguir a mi ritmo, dejándolo atrás.
Pero al poco, un nuevo apretón en mi vejiga me obliga a volver a parar, y el globo vuelve a superarme.
Vuelta a empezar...

La carrera se acerca al km 30. La zona es pestosa y monótona a más no poder: grandes avenidas, largas rectas que se hacen en ambas direcciones, y en el cielo un sol implacable que ya calienta a más de 25º.

Vuelvo a ir delante del globo de 3:45, pero ya no me noto tan cómodo como antes. Me cuesta dar cada zancada, y los kilómetros se me hacen eternos. Sufro. Cada vez más.

34, 35, 36... Los kilómetros parecen años. Voy muerto por el calor, casi sin fuerzas. Los demás corredores van también muy tocados. Muchos van andando, otros vomitan o están tirados en el suelo. Esto es maratón. Es muy duro, y a veces se nos olvida.

En el km 37 vuelvo a ser rebasado por el globo de 3:45, aunque el grupo de atletas que va con el ya no supera las tres unidades. El calor y la maratón están causando estragos.

Entonces, un hecho aislado cambia mi situación radicalmente. Una espectadora me ofrece una botella de agua fresca. Bebo con ansia, mojo mis piernas y mi cabeza, y me siento revivir.
Subo el ritmo y doy alcance al globo de 3:45 por última vez. 
Cada vez voy mejor. Volvemos a entrar en el núcleo urbano. La animación es espectacular.
Un último obstáculo tras salir de un túnel (durísima rampa a esas alturas de carrera) y enfilar los últimos metros rodeado de un mar de gente a ambos lados de la calle que no cesa de animar. Grandísimo final el de esta carrera.









Por fin, cruzo la meta y levanto ligeramente el dedo. Aquí si he sufrido, y necesitaba descargarme. El tiempo, 3:44:47.



1:50 peor que en Barcelona, pero contando las paradas y el calor, estoy muy satisfecho de mi marca.

Grandísima experiencia esta maratón vitoriana. Una bonita ciudad y una maratón que se nota que está hecha con mucho mimo y por y para el corredor. Tiene aspectos a mejorar, pero la valoración general es positiva.

Ahora un merecido descanso y a cargar las pilas para afrontar con la máxima ilusión mi primera maratón internacional; el 18 de Octubre junto a mi hermano en Lisboa. Esa sí que va a ser grande!!!























martes, 28 de abril de 2015

1/2 MEDIA MARATÓN UNIVERSITARIA



Una nueva edición (y ya van 36) de la carrera popular por excelencia en Valladolid. Es la prueba más antigua de cuantas se celebran en la ciudad, y siempre ha contado con una gran participación y ambiente.
Normalmente se celebraba el primer domingo de Mayo, pero este año la han adelantado una semana. 
En principio, esta carrera no entraba en mis planes para esta temporada, no porque no me apeteciera, sino porque como ya comenté anteriormente, he decidido reducir el número de carreras a las que me inscribo (y debo decir que considero ese cambio muy positivo, tanto a nivel de entrenamientos como a nivel mental).
La idea es disputar una carrera al mes; dos como máximo, y, de este modo, buscar un mayor equilibrio entre mi afición y mi vida personal. 
Además, me gusta tener que seleccionar en qué carreras voy a participar, y no inscribirme a todo lo que pille como el año pasado.

Retomando lo que comentaba antes, no tenía previsto correr nada entre la Media Maratón de Segovia y la Maratón de Vitoria del 10 de Mayo.
Sin embargo, mi novia y yo habíamos planificado pasar ese fin de semana en Valladolid y, al coincidir la celebración de esta carrera, decidimos inscribirnos y correr juntos para mejorar su marca del año pasado (58:57).
Y ya que estábamos, apunté casi a traición también a mi hermano.

El domingo amaneció jarreando agua, y las previsiones no eran nada alentadoras.
A 20 minutos del inicio de la carrera aun no estábamos cambiados, y no dejábamos de mirar por la ventana y dudar de si merecía la pena o no calarse por disputar esa carrera.

Al final, y a falta de 5 minutos (el tiempo justo que se tarda de mi casa a la salida), Sara y yo decidimos ir a correr y salimos a toda mecha para llegar a tiempo.
Mi hermano está aun sin vestir tirado en la cama.

Llegamos justo a tiempo para colocarnos en la Salida y a correr, aun con el sofocón del sprint que nos habíamos dado para llegar.

Parece que la lluvia ha reducido considerablemente el número de corredores respecto a pasadas ediciones, por lo que no tenemos problemas para coger nuestro ritmo.

El plan que habíamos acordado era que yo iría marcando el ritmo y ella me seguiría, para de este modo obligarse más que si fuera ella la que pusiera el ritmo. Y así lo hicimos.

La carrera se disputa sobre un recorrido de 10´5km que este año, como novedad, se hacía en sentido contrario al habitual. A mí personalmente me gustó la idea.
En el plano de novedades, señalar que este año la organización ha introducido varias mejoras que han dado a la carrera un aire renovado y más acorde al momento de auge que el running vive en la actualidad: dorsales con chip incorporado, camiseta técnica de aceptable calidad, avituallamiento líquido y sólido al final... Un esfuerzo que los corredores agradecemos mucho, y más teniendo en cuenta que hace apenas dos años te quitaban el dorsal al llegar y te daban una mini botella de agua y una camiseta-trapo de algodón.
Y el precio excelente: 5 euros.

El primer kilómetro lo pasamos a 5:40. El objetivo fundamental es bajar de 6min/km, pero siempre buscando como referencia el mejorar el tiempo del año pasado. A Sara se la ve muy bien. He corrido mucho con ella en los últimos meses y la conozco. La cosa marcha.

Poco a poco se va haciendo la selección de corredores, y cada uno vamos situándonos en el lugar que nos corresponde. Ya se puede correr con total comodidad y rodeado de gente que lleva ritmos parecidos al tuyo, lo cual siempre ayuda.



Acercándonos al kilómetro 3 de carrera, oigo que Sara saluda a alguien y habla con él. Pienso que será un antiguo compañero suyo y sigo a lo mío. Entonces, Sara me llama para que me vuelva y veo que con quien está hablando ¡¡es con mi hermano!!. Al final se ha animado, y dice que ha llagado 2 o 3 minutos tarde y que ha tenido que adelantar al coche escoba y a la ambulancia, jaja. Hablamos un ratillo y nos despedimos hasta la Meta.

El paso por el parque Rivera de Castilla es cuando Sara más sufre. Tengo que frenarme bastantes veces y ya no se la ve tan suelta como al principio. 
Los últimos días ha estado bastante fastidiada y con las piernas muy cargadas por los esfuerzos de correr por terrenos más exigentes para la musculatura, y me empiezo a preocupar.

Sin embargo, al girar a la derecha y dirigirnos hacia el Campus Universitario, vuelven las buenas sensaciones y el ritmo al que avanzamos es muy bueno. Sara lleva muy buena cara e incluso vamos hablando en muchos tramos.
Ante este panorama, la propongo subir un punto el ritmo y tratar de alcanzar a una chica que nos saca unos metros. Y allá vamos.

No sólo supera a esa chica sino que cada vez va a más y adelantamos a otras 4 corredoras más. Vamos muy muy bien, y cada vez la meta está más cerca.
Sé que tenemos asegurado mejorar el tiempo de hace un año; queda saber por cuanto.

El último kilómetro ya se va haciendo largo y Sara aprieta los dientes para darlo todo. Desde la segunda mitad de la carrera no nos ha adelantado ninguna corredora, lo que da muestras de lo bien que está terminando la prueba.



Por fin llegamos al último giro. Allí veo a mi hermano con un gran amigo nuestro que se ha asomado a ver la carrera. Le digo a Sara que tire a tope y yo me desvío para darle un abrazo al Señor Agustín y reemprender la marcha para entrar junto a ella en un tiempo de 55:58, 3 minutos mejor que hace un año y con un ritmo medio de 5:20.




Estoy contentísimo por la carrera que ha hecho Sara. Dadas las circunstancias nada favorables con las que llegaba, el haber hecho su mejor carrera de siempre es una sorpresa inesperada y una alegría y satisfacción enormes.
Hoy ha corrido como nunca la había visto; controlando en todo momento la carrera, sabiendo sufrir en los momentos duros y tirando a tope en los kilómetros finales.
Ha sido todo un privilegio para mí el haber sido parte de este fantástico día de carrera.

Ahora ya sí que Vitoria está en el horizonte. Esta semana quitaré ya una sesión y la semana de la prueba un tappering en toda regla con el objetivo de llegar con las piernas frescas y tratar de bajar de 3:40.
A por el quinto!!!

miércoles, 15 de abril de 2015

MEDIA MARATÓN CIUDAD DE SEGOVIA


Una nueva edición de este clásico segoviano y mi segunda participación consecutiva en el evento.
En la crónica del año pasado ya expliqué los motivos por los que esta carrera es tan especial para mí y, una año más tarde, no sólo me reafirmo en todo lo dicho sino que aun me he enamorado más de esta carrera.

El recorrido es sencillamente inigualable. No hay ninguna ciudad en España que pueda ofrecer un trazado con semejante número y categoría de monumentos y a la vez una variedad paisajistica tan diversa.

Y si el recorrido es espectacular, qué decir del ambiente que rodea a la carrera: la ciudad entera saca sus mejores galas y se vuelca con su "hija" más querida. No hay en todo el año un evento que despierte mayor interés y expectación en la ciudad y sus gentes que la celebración de su media maratón. Todo el mundo habla de ella, toda la ciudad la espera con ansia y alegría. Segovia entera es una fiesta.

En el ámbito personal, venía a esta carrera con el objetivo de hacer un gran entrenamiento de cara a la Maratón de Vitoria del 10 de Mayo. El plan era rondar el 1:35, tiempo que no me supone correr al 100% pero que sí me exige bastante. Y más en este recorrido.

Llevo ya un par de meses entrenando con mucha más calma. He eliminado las series de todo tipo de mis entrenamientos y únicamente me limito a rodar y correr por sensaciones, unos 50km semanales aproximadamente.
Es evidente que con este cambio pierdo en velocidad, y mis tiempos en 10 mil se resentirán; pero ahora mis prioridades han cambiado. Aunque suene a mediocre o poco ambicioso, que lo es, no me apetecía sufrir entrenando. Ponerme las zapatillas y saber que tenía que hacer 5x1.000 por debajo de 4'/km, cuestas a degüello o cambios de ritmo me cansaba mucho mentalmente.

Dado que no pienso aumentar mis sesiones de entrenamiento, y como mi mayor objetivo como corredor es afrontar las maratones con garantías, decidí priorizar el fondo a la potencia o la velocidad. Y debo decir que estoy encantado con el cambio.
Sin duda estos dos meses han sido cuando más he disfrutado de ser atleta popular. Sin ritmos, tiempos ni presiones. Sólo correr.

El día anterior a la carrera salí a correr junto a mi novia por los montes que rodean a la ciudad, para preparar con ella el bonito reto de disputar juntos la Monumentrail del 23 de Mayo.
Aunque el ritmo para mí fue muy cómodo, el entrenamiento transcurrió por algunas subidas bastante duras y tramos de escaleras, que siempre exigen más a la musculatura. Aun así, como la idea no era correr a tope, no me preocupaba el que pudiera pasarme factura.

El domingo amaneció un día espléndido para correr. Bajo los arcos del acueducto nos dimos cita casi 3.000 corredores dispuestos a disfrutar y sufrir por partes iguales del trazado segoviano.
El ambiente que se respiraba desde el primer instante era espectacular: la ciudad estaba literalmente tomada por miles de personas que no paraban de animar.

A las 10:30 sonó el cañonazo de salida y todos a correr.
Este año me coloqué en posiciones delanteras, por lo que desde el inicio pude correr sin problemas. La salida es cuesta abajo y el verme tan adelante hace que mis piernas me pidan "guerra".
Primer kilómetro en 4:06. El plan establecido ha saltado por los aires. Ahora va a tocar arremangarse y darlo todo.

La subida hacia el Sotillo ya empieza a hacer daño, pero sé que luego hay un tramo prolongado de bajada y aprieto los dientes hasta el final.
Bajando hacia San Lorenzo analizo la situación y me reafirmo en mis pensamientos: ya que estoy, a ver qué tiempo me sale.
El callejeo por este barrio es una de mis partes favoritas de la carrera y, poco a poco, nos dirigimos hacia el Eresma y la Alameda del Parral, donde varios piragüistas animan el paso de los atletas.

Tras la durísima rampa del Monasterio del Parral, que te pone los gemelos a tono, nos acercamos a la Fuencisla, donde tras una breve vuelta al parque y un tramo de tierra paralelo al río, se coge un giro a la izquierda que marca el inicio de las hostilidades: el paseo de Santo Domingo de Guzmán nos conducirá durante un kilómetro de continua subida (especialmente dura la segunda mitad) hasta un nuevo paso por el acueducto.
Este tramo de la carrera me parece espectacular. Las vistas son preciosas, y es un punto en el que se concentra gran cantidad de gente que no para de dar ánimos a unos corredores que ya vamos notando la dureza del recorrido.

Hacia la mitad de esta subida se encuentra el paso por el kilómetro 10, el cual realizo en un tiempo de 43:48. Voy en tiempo de mis mejores medias (Getafe y Tordesillas) donde pasé por ese punto en 43:40 y 43:23, respectivamente. La verdad es que siento una gran satisfacción cuando veo ese tiempo en mi reloj, ya que estoy muy cerca de mis mejores resultados en un recorrido mucho más exigente.





Tras completar esta larga subida (donde su parte final ya se me hizo bastante dura) llegamos al, para mí, punto más espectacular de la carrera: la subida por la Calle Real. Cualquiera que haya corrido esta carrera no podrá olvidar esa subida por la calle más importante de la ciudad completamente abarrotada de gente animando a ambos lados formando un estrecho pasillo por el que pasamos los atletas. Pone los pelos de punta.


A pesar de que el público te lleva en volandas, no dejas de ir cuesta arriba, y las piernas cada vez las nota más cansadas.

Ahora la carrera nos lleva por un callejeo de 3 kilómetros por todo el casco antiguo, con el paso por el Alcázar y la Plaza Mayor con la Catedral como puntos más destacados. Es una parte del recorrido preciosa para la vista pero muy exigente para las piernas, ya que es un continuo sube-baja todo por calles llenas de adoquines.




Tras bajar del Casco Antiguo, ahora nos dirigimos a los barrios de San Millán, el Cristo del Mercado y La Albuera. Noto que las piernas ya me van justitas. Están más cargadas de lo que deberían. Es el kilómetro 15 de carrera y, aunque la exigencia ha sido alta, lo normal es que las sensaciones no fueran tan negativas. Empiezo a pensar que la semana de entrenamientos de intensidad habitual (tres sesiones antes del domingo y dos días de piernas) me está pasando factura. La idea era ir a un ritmo constante cercano al 4:30. Con esa idea en mente había planificado la semana, no para salir a tope. Tocaba sufrir.

Cada tramo de subida era una pesadilla para mis piernas. No tenía fuerza, y se me hacían interminables. El tramo de carrera del kilómetro 15 al 18 es infernal. Casi todo es hacia arriba (en especial José Zorrilla) y es la parte más fea de la carrera. Sufro bastante en esos tres kilómetros.
Me voy aferrando al pensamiento de que los tres últimos kilómetros son muy favorables.
Por fin, con las piernas ya muy castigadas, empiezo a enfilar la bajada hacia el acueducto.
Y mis piernas parecen revivir. De repente desaparece todo el cansancio y voy totalmente entero.
Incremento el ritmo y simplemente me dejo llevar por los ánimos de la gente (destacar en este punto la gran cantidad de apoyo y cariño que me brindaron muchos de mis alumnos actuales y pasados junto a sus familias a lo largo de toda la carrera. Desde aquí mi agradecimiento a todos ellos).

Ya de nuevo bajo los arcos del acueducto, afronto el último kilómetro, para llegar a una recta de meta dificilmente igualable. 


Entrar en una Fernández Ladreda abarrotada de gente a ambos lados que aplaude y grita sin cesar y contemplando en todo momento como el acueducto cada vez está más cerca es un momento inolvidable.




Por fin, veo el arco de meta, y el reloj a punto de marcar ese 1:35 que me había fijado como objetivo. Al final, 1:34:59 que me deja muy satisfecho y que se convierte en mi tercera mejor marca en la distancia.
Es evidente que pagué el haber entrenado con normalidad durante la semana y la salida con mi novia del día anterior, pero no me arrepiento para nada de cómo he hecho las cosas.
En ningún momento tenía marcada esta carrera como un objetivo principal; al contrario. Siempre tuve claro que iba a ser un gran entrenamiento de cara a la Maratón de Vitoria.
Considero normal que la dureza del recorrido de pasase factura, sobre todo después de unos primeros 10 kilómetros que no estaban en el guión.
Eso sí, me quedo con el gusanillo de saber qué tiempo podría haber marcado con una semana previa más suavecita, pero ya habrá otras medias para eso (el 20 de Septiembre en Valladolid sí saldré a por todas y buscaré un buen tiempo en meta).

Confieso que esta carrera me encanta. Sin duda es la mejor de cuantas he corrido, por recorrido, ambiente... Para mí es una carrera especial y diferente al resto. 
No prometo volver el próximo año porque no sé si lo cumpliré, pero desde luego estaré muy atento a ella a la hora de planificar mi calendario.

Próxima carrera: el Maratón de Vitoria del 10 de Mayo, donde me gustaría bajar de 3:40. Y, como siempre, disfrutar, por quinta vez ya, de la distancia mítica y de la carrera por excelencia.




miércoles, 18 de marzo de 2015

ZURICH MARATÓ BARCELONA


Me siento delante del ordenador a escribir la crónica de la Marató de Barcelona y no se cómo empezar...
Ha sido una experiencia inolvidable, muy intensa y emocionante. En estas líneas intentaré reflejar lo que esta carrera ha supuesto para mí.
Comenzaré por el principio.

A la hora de planificar el 2015 maratoniano con mi hermano y mi amigo Alejandro, un objetivo emergía claro e inamovible: la Maratón de Lisboa del 18 de Octubre. El resto de maratones debería girar alrededor de esa fecha.
La idea inicial era correr dos maratones más, preferentemente antes del verano (ahora el plan es añadir otro más a final de año).
Enseguida saltó a la palestra la Maratón de Vitoria. Barata, de fácil acceso desde Valladolid y en una fecha perfecta. Inscritos.

Ya sólo quedaba una maratón que precediera a la vitoriana. Me puse a mira las opciones que había, y el primer nombre en salir fue Palencia.
Más cercana y económica imposible. El problema: rumores de una posible no celebración y la nula ilusión que nos despertaba la idea de disputar esa maratón.

Analizando otras opciones, vi la Maratón de Magalluf y, aunque era más cara, el precio rodaría los 100 euros y desde luego atraía más que Palencia. Enseguida se la propuse a Alejandro y éste me dio su visto bueno. Nos íbamos a Magalluf.
Dimos unos días de margen para inscribirnos, sobre todo para ver cómo andaban de precio los vuelos. Al final, descartamos esa opción, y Palencia volvió a ser la maratón más factible.

Y entonces empecé a pensar en Barcelona. ¿Y por qué no?. Era cara, sí. Y más estando la opción portuguesa en octubre. Pero la ilusión y las ganas que me despertaba eran insuperables. No podía quitarme esa maratón de la cabeza. Ya no me valían Palencia o Magalluf. Tenía que ser Barcelona.
Al día siguiente le propongo la idea a mi amigo. Su respuesta fue clara: "Donde tú digas yo te acompaño".
Menos de 24 horas después estábamos inscritos y con los vuelos y el alojamiento cerrados.

A partir de ese instante, cada entrenamiento era pensando en el 15 de Marzo. Soñaba con escuchar a Freddy y a la Caballé proclamar el nombre de la ciudad al cielo mientras más de 15.000 personas aguardábamos impacientes tras las torres de la Plaza de España..

Tanto y tanto soñaba con ese momento que casi no me lo podía creer cuando el Viernes 13 me levanto con dolor de garganta, cansancio muscular y la cabeza como un bombo.
Estaba desesperado y maldiciendo mi mala suerte.
En este punto me gustaría apuntar el enorme apoyo y tranquilidad que me dio mi novia Sara. Fue importantísimo para mí escucharla y distraerme con ella las horas previas al viaje.
Por cierto, durante la tarde fuimos al Sprinter, y con su consejo, cogí una camiseta nueva de tirantes con la que me saltaría una de las normas sagradas del maratoniano: no estrenar ropa el día de la carrera. Necesitaba hacerlo. Era una pequeña forma de darle las gracias.

El Sábado amaneció de madrugada, y a las 6 quedaba bajo los arcos del acueducto con mi compañero de expedición rumbo al aeropuerto. Conmigo, una bolsa cargada de ropa de correr, ilusiones e ibuprofeno.

Durante el trayecto al aeropuerto y el posterior vuelo, me digo a mí mismo que debo disfrutar de la experiencia y el Domingo hacer lo que el cuerpo me deje, que no valía la pena amargarse por una carrera. Esos pensamientos surten un efecto inmediato: me olvido de mis molestias y me preocupo sólo del gran fin de semana que tengo por delante.

Una vez llegamos a nuestro cuartel general, la Pensión Peiró (destacar el excelente trato de los recepcionistas y la inmejorable relación calidad-precio-ubicación), dejamos los bártulos y pusimos rumbo a la Feria del Corredor.
Yo nunca había estado en ninguna antes, y lo que me encuentro allí me deja boquiabierto: miles de corredores, multitud de stands...; todo a lo grande. Recogemos la bolsa del corredor (dorsal y camiseta, cutre a más no poder, por cierto) y empezamos nuestro recorrido por los diferentes stands.

Nos apuntamos a todos los sorteos de dorsal que encontramos (Castellón, Valencia, Málaga, San Sebastián...) con las esperanza de que se nos facilite un poco nuestra última maratón del año, jeje.

Al salir, decidimos pasar de la pasta party y nos damos un festín de hidratos a base de pizza y hamburguesa en un restaurante brasileño regentado por asiáticos.

Por la tarde, una siestecita y visita express al super para comprar la cena y el desayuno del día siguiente. Fuera, jarreaba agua y los dos cruzábamos los dedos por que se cumplieran las previsiones que anunciaban sol a la hora de la carrera.

Tras cenarme un sandwich de pavo y queso, otro de queso con salmón y beberme tres biofrutas sabor Mediterráneo, es hora de descansar para la gran cita del Domingo.

La alarma nos despierta a las 6. Analizo mi estado físico: la cabeza me duele pero es soportable, y el cuerpo no está a tope pero no me veo mal del todo. El objetivo ha de ser luchar por colgarme la medalla de finisher al cuello. El objetivo que traía de hacer 3:45 desaparece de mi mente. Sólo pensaría en ir kilómetro a kilómetro hasta llegar a los 42.

Un sandwich de queso y pavo, un plátano y un par de biofrutas, esta vez sabor Pacífico, serán todo mi equipaje para iniciar mi cuarta tentativa de seguir los pasos de Filípides.
Esto es lo que me espera por delante



Tras una visita al guardarropa un poco caótica, nos colocamos sin problemas en nuestro cajón de salida: 3:15 - 3:30. Evidentemente está muy lejos de ser mi nivel, pero ya que se me daba la oportunidad, saldría delante para disfrutar de una salida mágica.

No hay nervios, sólo unas ganas enormes de empezar y un deseo inmenso de poder terminar.

El sistema de salidas escalonadas de los diferentes cajones es sencillamente espectacular. Corres con la gente de tu nivel, sin agobios ni masificaciones. Un 10 para la organización.

Y por fin llega.
Oigo los acordes de la canción que tanto deseaba oír, que tantas y tantas veces he escuchado en mi casa; y hacerlo en ese sitio bajo ese contexto hace que me emocione y se me humedezcan los ojos. Era un sueño hecho realidad. En ese instante, sentí que cada día que me había calzado las zapatillas para salir a correr había merecido la pena.
Tres minutos después de la salida de los corredores élite es nuestro turno. Arranca una nueva aventura de 42.195 metros.

Los primeros metros los hago sin pensar en nada; voy como flotando aun embriagado por la emoción del momento. Sin embargo, pronto me digo que es momento de aparcar lo emocional y ponerse el mono de trabajo. Tengo que regularme y correr con cabeza si quiero tener opciones de terminar, ya que no sé cómo va a responder mi cuerpo ante tan gran esfuerzo.

Paso el primer kilómetro por debajo de 5:30, que era el ritmo que me había fijado como referencia.
Voy bien, tranquilo y cómodo de piernas, y el paso por el segundo kilómetro me confirma que mi ritmo de crucero está por debajo de los 5:30 anteriormente mencionados. Así, cada paso kilométrico uso esa referencia para controlar que no acelero pero que tampoco bajo el ritmo.

El inicio de la carrera es bastante exigente, con muchas calles picando hacia arriba. Esta será la tónica hasta el paso por el Camp Nou, entre los kilómetros 6 y 7.

El día es excelente, soleado y temperaturas rondando los 10º, ideal para correr.

La primera referencia importante será el paso por el km10, el cual hago en unos 53'.
Comentar al respecto que las distancias se marcaban tanto en kilómetros como en millas, lo cual considero un acierto por parte de la organización. Además, los avituallamientos se avisaban 100 metros antes, con lo cual ya te ibas preparando y dejándote caer para uno de los lados de la calzada.
Ya que menciono el tema de los avituallamientos, decir que era sencillamente espectaculares. Mesas a ambos lados, voluntarios que sabían cómo hay que hacer las cosas para ayudar a los corredores... Además, había uno cada 2'5km - 3km, con lo cual todas las posibles necesidades de los atletas estaban cubiertas ampliamente. Agua, powerade en vasos, fruta, frutos secos... Muy muy bien.

La carrera sigue avanzando. El recorrido es inmejorable, y el paso por la Sagrada Familia pone los pelos de punta.


Poco a poco me voy acercando al punto intermedio de la prueba, pero antes, en el 17, paro a efectuar la primera de mis evacuaciones de líquido. 
El paso por la media maratón marca 1:52 en mi reloj, y la sensación en las piernas es inmejorable. 
Analizando mi estado, por primera vez empiezo a pensar en tiempos, y me vuelve a la mente mi "viejo" objetivo de hacer 3:45. Si mantengo el ritmo es factible. Pero hay que mantenerlo...

El terreno es favorable; ya no hay rectas largas que piquen hacia arriba, y cada vez voy ganando más y más confianza. Sólo quiero llegar al kilómetro 30. Sé que ese punto será clave. En Madrid fue donde empezó mi calvario, y no podía evitar sentir mucho respeto por ese paso.

Pero cada vez disfruto más y me encuentro mejor. Me preocupo por hidratarme y alimentarme bien, que no quería calambres ni pájaras de última hora.
Cada vez se ve más gente andando o parada con evidentes gestos de dolor, lo cual te hace volver a la realidad y darte cuenta de lo duro que es correr un maratón.

Por fin veo el cartel del kilómetro 30, por el que paso en 2:38. Estoy en tiempos de ser sub 3:45 y, lo que es más importante, ahora sí tengo la certeza de que volveré a casa con la medalla al cuello. 
En ese momento me vienen a la mente todas las dudas y miedos que sentí desde que el viernes me levanté fastidiado. Son muchas cosas las que se te pasan por la cabeza, muchos pensamientos negativos y nervios, muchos kilómetros de entrenamiento en las piernas. Y todo ello explotó en ese kilómetro 30, donde, confieso, derrame alguna lagrimilla.

Con la nueva inyección de moral y el recorrido llevándonos paralelos a mi querido Mediterráneo, me vengo arriba y decido subir el ritmo. Quiero ese sub 3:45. Quiero ponerle la guinda al pastel.

No dejo de pasar gente. El parcial del km 35 al 40 es el mejor de toda la carrera y, tras saludar a Cristobal Colón, ya sólo pienso en empezar a subir el Paral-lel.
Es el momento más esperado del recorrido: dos kilómetros hacia arriba que te llevan directo a la gloria.
Voy desatado, superando corredores sin parar (en los últimos 12km ganaría mil posiciones), disfrutando de cada zancada, de cada metro. La animación es espectacular. Un río de gente anima sin cesar mientras se me pone la piel de gallina. No quiero que se acabe. 
Miro el reloj. Aun yendo a 6' el kilómetro bajaría de 3:45. Lo tengo hecho.
Llego a la Plaza de España y giro a la izquierda.
Y allí está. La meta. Esa línea que hace menos de cuatro horas soñaba con poder cruzar, y ahora está ahí, a escasos 200 metros.




De nada sirve intentar explicar lo que se siente al acabar un maratón. Hay que experimentarlo. Aun no me o creo. Estoy totalmente entero, he hecho los temidos últimos 2.195 metros de Barcelona en 11', y simplemente me dejo llevar para cruzar la meta en un tiempo de 3:42:54.

Para mi sorpresa estoy muy tranquilo. No siento euforia, ni rabia ni me emociono. Simplemente siento satisfacción, felicidad, pero sin aspavientos ni muestras públicas. La llevo por dentro, en lo más profundo de mí. Necesitaba una carrera así. Lo que Madrid me quitó, Barcelona me lo ha devuelto.

En números, la carrera me sale a un ritmo medio de 5:17, y dos parciales de 1:52 la primera media y 1:50 la segunda.
No voy a caer en la bobada de decir que si hubiera estado al 100% habría hecho mejor tiempo. Ni lo sé ni me importa.
Estoy muy orgulloso de mi marca y de la forma en la que la he conseguido.

En cuanto a la carrera en sí, que puedo decir...
Todo perfecto.
Gran organización, recorrido inmejorable, avituallamientos perfectos...
La única pega es ese espanto de camiseta, impropia de un maratón de este nivel.
Sólo puedo compararla con Madrid, y para mí Barcelona está claramente por encima.

Ha sido un fin de semana perfecto. No cambiaría nada.

Mis próxima carrera será la Media Maratón de Segovia del 12 de Abril, donde el objetivo es bajar de 1:35 con la mente puesta en el Maratón de Vitoria del 10 de Mayo. Allí, intentaré superar mi marca, pero es algo que no me obsesiona en absoluto. Me ilusiona acercarme a las tres horas y media, pero quiero hacerlo de forma natural y disfrutando de cada zancada. Una maratón es muchísimo más que el tiempo que marcas en la línea de meta, al menos para mí.

Ahora, cada vez que vuelva a escuchar la canción de "Barcelona", recordaré que yo estuve allí, entre esas dos torres, cantando mentalmente que "por tí seré gaviota de tu bello mar", rodeado de 19.000 personas.

Foto para el recuerdo.