lunes, 15 de mayo de 2017

TRAIL TREN BURRA


Primera edición de este nuevo trail en la provincia de Valladolid, en esta ocasión al ladito de casa.
La verdad es que es una gozada para los amantes de este tipo de carreras la cada vez más numerosa oferta que tenemos en los alrededores de la capital castellana. Es de sobra conocida la falta de elevaciones destacables de esta parte de la península, pero alegra ver cómo los organizadores cada vez más van aprovechando la gran cantidad de cerros disponibles en las diferentes localidades.
No habrá terreno para hacer carreras de montaña, pero sí para poder disfrutar del trail y la naturaleza, y eso es justo lo que cada vez más estamos pudiendo hacer.

Acudía a esta carrera buscando un buen entrenamiento de cara a la gran cita del 28 de Mayo y los 42km del Integral del Valdecebollas.
Tenía un poco apartadas las cuestas y los recorridos rompepiernas debido a la pasada maratón ibicenca, por lo que ésta sería una estupenda opción para volver a meterle caña a las piernas.

Además, y a pesar de su cercanía con mi casa, es una zona por la que nunca he corrido, lo cuál me animó más aún a inscribirme.

El recorrido nos presentaba una carrera exigente, con 21km y 1.500m de desnivel acumulado, números casi clavados al Trail del Castillo de Iscar que corrí en Marzo.



También se disputaban de forma paralela una carrera de 10km y una marcha senderista.
Ya comenté con anterioridad que me parece excelente dar la opción de poder disfrutar de este tipo de eventos a una gran diversidad de gente.

La semana de la carrera había realizado un par de entrenos ya por ese tipo de terrenos, lo que unido al fondo que ya tengo del maratón, me hacían llegar en buenas condiciones.

No tenía ningún objetivo en mente, ya que no conocía el recorrido, pero en este tipo de pruebas siempre me pongo la barrera de las 2 horas como referencia.

Llego a Zaratán con tiempo de sobra. El día es fresquito pero el cielo está completamente despejado, por lo que hace un día estupendo para correr.

Ya con todo preparado, me junto con mis compañeros de club y nos vamos a los cajones de salida 




Al igual que en La Paramada, la gente no tiene claro hacia qué lado de sale. Yo, de nuevo, me fijo en los atletas del club de trail de Toro, organizadores de la carrera y grandes favoritos en categoría femenina, y me pongo junto a ellos.

Allí veo a la chica que sé que va a ganar, ya que no para de subirse a lo más alto del cajón esta temporada.
En Geria me sacó 8 minutos, pero yo sabía que no hay esa diferencia entre nosotros, y me fijé como objetivo aguantar con ella hasta donde pudiera.

Cuenta atrás y empezamos.

A diferencia de La Paramada o Iscar, donde salí muy fuerte, hoy me cuesta mucho encontrarme a gusto. No respiro bien y noto las piernas muy pesadas.
El callejeo por el pueblo se me hace duro y no hablemos ya de la salida a una pista que nos va llevando hacia los cerros y que ya nos obliga a ir subiendo sin tregua.

Por suerte, la chica de Toro va también al mismo ritmo que yo, lo cuál me ayuda a seguir tirando para delante.

Nada más entrar en los cerros, se produce un hecho que condicionó mi carrera por completo. Un chico que iba un par de posiciones delante de mí en un tramo estrecho en el que había que ir en fila india, al llegar la primera bajada con un desnivel considerable, empezó a andar muy despacio mostrando una inseguridad enorme, la cuál se incrementaba cada vez más tras los gritos y exigencias de los atletas que llevaba a mi espalda.

La chica que me servía de referencia iba justo delante de él, y se abrió un corte enorme que aumentaba más y más ante mi desesperación.

Por fin, y sin ánimo de ser cruel, el chico se pasó en un giro a la derecha y se fue irremediablemente ladera abajo, lo cuál me dejo vía libre para correr.

Tuve la suerte de que justo en ese momento se afrontaba un tramo de 1km aproximadamente por la vía verde del tren burra, lo que me llevó a tirar como un loco y empezar a superar corredores.

Poco a poco veía reducirse la distancia con la chica de Toro, lo cuál me animaba para seguir apretando cada vez más.

Se acaban las comodidades y llega el desvío de las dos distancias. Los de las carrera corta ya sólo tienen que bajar hasta el pueblo; sin embargo para nosotros empieza la fiesta.

Los kilómetros del 8 al 11 son realmente duros, con subidas largas y muy pronunciadas y bajadas de iguales características, que se iban enlazando sin parar y sin respiro.
Además, la tierra estaba muy suelta y los pies se iban con facilidad, tanto subiendo como bajando, lo que aumentaba la dificultad.



Yo voy sufriendo, es inevitable, pero por dentro voy muy motivado de estar haciendo un entrenamiento tan bueno y de tener a la chica de Toro justo delante.
Ella subía andando mucho más rápido que yo, lo que me obligaba a emplearme a fondo y tirar fuerte en los tramos corribles para recuperar la pérdida.

Así iban transcurriendo los kilómetros y yo cada vez me encontraba mejor y seguía la estela de mi predecesora con relativa comodidad.

Me fui fijando en que ella andaba también en las rampas también duras pero más cortas, y yo aprovechaba a subir corriendo para pegarme a ella.

Era evidente que ella es técnicamente muy superior a mí en este tipo de terrenos, tanto subiendo como bajando, y sólo a base de tirar con todo lo que tenía conseguía mantenerme detrás de ella.

Tras la salida a un breve tramo de carretera, un voluntario nos dice que vamos en los puestos 27 y 28 (luego se demostró que estaba equivocado, aunque por poco).

Esto me anima, y además el terreno cada vez es más favorable a mis características, con más tramos corribles y rampas duras y cortas que subía a todo lo que daban mis piernas.

Y fue en una de ellas donde rebase a mi compañera de viaje y pasé yo a ver el terreno despejado por delante.

El haberla conseguido adelantar después de lo que me pasó al inicio y quedarme cortado me da una moral y unas fuerzas renovadas, y devoró metros como muy pocas veces he hecho, al menos de sensaciones.



El el avituallamiento del km 15 paro a beber un par de vasos de isotonica, y veo que he abierto un hueco importante.

Los voluntarios me dicen que ya es todo bajada, salvo un último cueston ya dentro del pueblo, por lo que sé que voy a defender mi posición y que está vez yo cruzare la meta primero. 
No es que vaya en plan de nada ni me crea la leche; pero para un popularcillo como yo sí es reseñable entrar por delante de una de las mejores corredoras de trail de la comunidad.

Ya en pleno descenso hacia Zaratán, veo como poco a poco la distancia con el corredor que me precede se reduce progresivamente. Ese hecho me da un plus de motivación y tiro con fuerza para tratar de darle alcance, lo que sucede justo en el final de la pista y entrada al pueblo.

Voy mucho más fuerte y rebaso al otro corredor sin problemas.
Ahora toca un callejeo de poco más de 1km por las calles del pueblo, en su mayoría en sentido favorable, aunque con un cueston tremendo al poco de iniciar el recorrido por sus calles.

Es una rampa larga y dura con un tramo final tremendo; muy muy exigente.
El corredor que me precede se pone a andar, por lo que yo decido dar todo lo que tengo y apretar a tope.
Consigo subir corriendo, pero justo a continuación se enfila un tramo de bajada que te deja ya prácticamente bajo el arco de meta.

Me han faltado unos metros para poder alcanzar al atleta que llevaba delante, pero aún así entro en meta muy satisfecho y pletórico de fuerzas, en un tiempo de 1:49:12 y el 29° de la general.



Generalmente he estado llegando bastante justo a los finales de los trails que he corrido este año, por lo que el resultado de hoy demuestra que llegaba en un estado de forma muy bueno y que me he sabido dosificar mejor (seguramente haya tenido mucho que ver ese tapón en el que quedé atrapado en los kilómetros iniciales).

Muy buena carrera este Trail del Tren Burra. Me ha sorprendido muy gratamente, la verdad.
Junto con Los Vallejuelos en Villamuriel, el trail que más me ha gustado de los que he corrido por la zona.

Ahora si que sí, llega el Valdecebollas y su ya mítica integral. Décima edición del maratón de montaña referente de Castilla y León, y por allí andaremos mi hermano y yo intentando incluirlo en nuestro currículum.

lunes, 24 de abril de 2017

IBIZA MARATHON


Run and feel. 
Con ese eslogan se define a la perfección lo que ha sido para mí este Ibiza Marathon. Una experiencia que ha ido mucho más allá de una carrera y que, sin lugar a dudas, ha sido la mejor que he vivido calzando unas zapatillas de correr.

La historia de esta carrera comenzó a finales de agosto cuando mi novia, ibicenca y de Santa Eulalia, me habló de que se iba a organizar un maratón en la isla con sede en el citado pueblo.
Tras asegurar un buen alojamiento tirado de precio, llamo a mi hermano y le cuento la noticia.
Casi antes de acabar de contárselo ya teníamos tomada la decisión: el 8 de abril tocaba una nueva cita con la distancia mítica por tierras ibicencas.

Todo parecía hecho a medida en esta carrera: el pueblo de mi novia, en vacaciones de Semana Santa, y unos vuelos que nos permitían aprovechar el fin de semana al máximo.

Este año no va a haber maratón internacional debido a causas laborales de mi hermano, pero desde luego no se me ocurre un sustituto mejor.

Además, había buscado celebrar aquí mi primera decena de maratones, en un marco incomparable y rodeado de las dos personas más importantes para mí. Sin duda una oportunidad única y especial.

Mi hermano y yo teníamos claro que veníamos a correr, por supuesto, pero sobre todo a disfrutar de cada segundo del fin de semana, por lo que el viernes nada más aterrizar a las 8am y toda la noche sin dormir, comenzamos un día de turismo sin parar ni un segundo, tanto por Santa Eulalia como por Ibiza capital.

Por la mañana, fuimos también a la feria del corredor a recoger el dorsal. Feria pequeña pero bien organizada con varios stands de otras carreras y de productos deportivos.



Además del dorsal, imprescindible recoger dos elementos clave: la camiseta (marca Joma y de muy buena calidad) y la pulsera con la que la noche del maratón teníamos acceso gratuito a Pachá. Detallazo tremendo por parte de la organización (el precio de la entrada son 40€; nosotros pagamos 45 de inscripción. Queda todo dicho).

Ya por la tarde, con la piernas cansadas de tanto tute y el cuerpo fundido, nos vamos a nuestro apartamento a descansar y a hidratarnos y comer bien para el día siguiente, que pintaba interesante.

Amanece el sábado un día espléndido. Nada de aire y el sol pegando con ganas. 
La carrera es a las tres, por lo que decidimos desayunar a las 8 y zamparnos un par de pizzas a las 12:30.

Entre medias, paseito con Sara por la estupenda costa del pueblo y alrededores que viene bien para soltar las piernas.

Ya nada más comer, vuelta al apartamento y fin de las "vacaciones". Toca ponerse el mono de trabajo y activar el modo maratón.

Hay nervios; muchos más que en otras maratones pasadas. Se nota que ésta es especial y hay ganas de que salga bien.
Llegamos en nuestro mejor momento de siempre, pero la hora, el clima (calor y muchísima humedad) y la gran dureza del recorrido nos presentan mayores dificultades que ningún otro maratón hasta la fecha.



El plan de carrera es el de siempre: seguir al globo de 3:30 e ir en una franja de ritmos de entre 5-4:45. El sub3:30 ronda nuestra mente pero no vamos a centrarnos en ello. Sabemos que está en las piernas y que va a caer, más temprano que tarde.

Nos acercamos sin prisas al lugar de salida, y vemos como al menos la mitad de atletas allí presentes son extranjeros. Gente la gran mayoría que viene a disfrutar de la fiesta del maratón, a pasarlo bien y a conocer nuevos lugares en zapatillas de correr. Tenemos mucho que aprender de gente así, y no estar tan esclavizados con el reloj que nos olvidamos de disfrutar, basando esto último simplemente en el tiempo que marque el reloj de meta.
Desde luego mi hermano y yo tenemos muy claro que somos de los corredores pertenecientes al primer grupo.

Nos colocamos en nuestro cajón y se escuchan por megafonía los dos temazos previos al pistoletazo de salida y que nos ponen los pelos de punta y nos hacen querer salir ya a disfrutar: la banda sonora de Carros de Fuego (imposible ser runner y no emocionarse con esos acordes) y The eye of the tiger, que te pone como una moto.
Tras Barcelona (es insuperable), la mejor elección de música previa de los maratones que he corrido.

Pues esto empieza ya y recorremos los primeros metros pegados a la Marina y al puerto de Santa Eulalia.

El calor pega con ganas, y tras esos metros de calentamiento, empezamos a subir de manera continua buscando salir del pueblo y coger el Cami Vell, que nos enseñará la Ibiza más rural.

Son en total 7km tremendamente duros, con continuos sube-bajas (largos y duros los primeros y cortos y pronunciados los segundos) que van machacando las piernas sin piedad.

Por si fuera poco, el globo de 3:30 se está cascando los kilómetros a ritmos inferiores a 4:50, con continuos tirones y cambios de ritmo, que provocaron alguna petición de explicaciones por parte de varios corredores. Pésima su labor, desde luego; lo que por desgracia parece que sea la tónica habitual, el menos en los maratones que corro yo.

La dureza del recorrido y el ritmo kamikaze que llevamos nos pone bastante nerviosos y entran dudas de si este esfuerzo nos pasará factura en la parte final.



Por suerte, llegamos al final de la subida y ahora se presenta una larga bajada que nos llevará a la carretera de Ibiza. Tramo para recuperar un poco y calmar nervios. Empezamos a disfrutar.




Ya en la carretera principal, la capital ibicenca va apareciendo en el horizonte con su impresionante Dalt Vila en lo alto.
Nosotros no llegaremos hasta allí, sino que daremos una vuelta por La Marina-Botafoch con el paso por la puerta de Pachá como punto caliente.

La organización había distribuido varios grupos de animación a lo largo de todo el recorrido, de diversos estilos, tanto musical como estéticamente hablando.
Luego hablaré de ello, pero de 0 a 10, la organización de este maratón ha sido de 200.

Tras despedirnos de Pachá hasta la noche, vuelta a la carretera principal para recorrer el tramo anteriormente realizado y continuar hasta llegar de nuevo a Santa Eulalia en el kilómetro 30.

Estos aproximadamente 12km son realmente duros, ya que aunque la segunda mitad es con perfil descendente, los primeros 6km son muy monótonos y presentan una subidas bastante largas y que ya hacen mucho daño.

A estas alturas ya se ve a muchísima gente con problemas musculares y sufriendo mucho. El perfil y la humedad están empezando a causar estragos.

Sobre el kilómetro 26, ya en plena bajada hacia Santa Eulalia, mi hermano tiene que parar a evacuar líquidos. Al reanudar la marcha, una leve molestia que ya llevaba notando en la zona de la rodilla derecha desde hacía un rato, se convierte en un dolor bastante considerable que me dificulta dar la zancada con normalidad.

Se lo comento a mi hermano pero trato de mostrarme tranquilo; no quiero que se preocupe por nada que no sea seguir avanzando. Eso sí, yo por dentro si voy un poco mosca, porque la cosa no tiene visos de ir a mejor, si no más bien al contrario.

Es una lástima porque es un tramo muy cómodo para correr y la entrada en una Santa Eulalia abarrotada de gente animando te da un subidón tremendo, pero mi pierna cada vez está más rígida y me cuesta más correr.

Nos empezamos a mover en ritmos entre 5:05-5:10, ya que mi hermano decide quedarse conmigo en vez de seguir, puesto que su ritmo es notablemente superior.
Para mí ese apoyo es fundamental, ya que cada vez estoy más agotado mentalmente de seguir sufriendo con este dolor.

Quedan los 12 últimos kilómetros que me conozco de memoria, ya que han sido muy habituales en mis entrenos veraniegos. Sé que una gran parte de ellos son picando hacia arriba, además se ser grandes rectas por carretera que pueden hacerse dura en el plano anímico.

El ritmo se va manteniendo estable, lo cuál me ayuda mucho para seguir peleando.



Por fin llegamos a la localidad de Es Canar, donde podemos ver el mar fugazmente y ponemos rumbo ya definitivo hacia Santa Eulalia.

Antes, paso por Punta Arabi y su famoso mercado hippie, donde un "autóctono" nos recomienda dar unas caladas al porro que se está fumando para coger fuerzas. Nos partimos de risa.

Por fin salimos a la carretera que lleva a Santa Eulalia y nos vamos encontrando con un goteo incesante de maratonianos que van hacia Es Canar, casi todos ellos con muchos problemas físicos y sufriendo de verdad.

Repito una vez más que el perfil y sobre todo el calor y la humedad han hecho estragos en el día de hoy, convirtiendo esta maratón en una prueba realmente exigente para el físico de los corredores.

Entramos por última vez en Santa Eulalia y nos quedan apenas 2km para terminar. Voy con la pierna convertida en tronco, pero ahora sí que sé que esto está hecho. 

Llegamos al paseo marítimo, kilómetro 41. Quedan 1.495m bordeando la playa, sin lugar a dudas los mejores de toda la prueba.

El paseo está vallado y la gente forma un pasillo humano de aplausos y gritos de ánimo que ponen los pelos de punta.
Qué grandes son esos metros finales de un maratón. No hay una sensación igual. 




Mi hermano lo celebra; venía con nervios después de su pájara en Burgos y hoy en un maratón durísimo ha vuelto a demostrar que domina la distancia, llevándose una enorme inyección de moral.

Justo antes de entrar veo a Sara animando y mi felicidad es completa. Esta es su casa y me encanta haber hecho tan buen papel delante de ella.

Ahí tenemos ya el arco de meta. Se nos va a escapar bajar de 3:30 por muy poquito otra vez. Con mi pierna en su estado normal habría estado hecho, pero ni mucho menos este hecho empaña nuestra enorme satisfacción por lo realizado.
Clásica entrada en meta y el reloj nos marca un 3:31:29 que se convierte en nuestra segunda mejor marca a sólo 8" del tiempo conseguido en Dusseldorf hace un año. Nada que ver en cuanto a perfil yclimatología, por lo que éste sin duda ha sido nuestro mejor maratón juntos.



Como muestra, un dato: muchos abandonos, 455 llegados a meta y puestos 55 y 56 en la clasificación general. Maratón muy exigente que nos ha exprimido al máximo a los corredores.

Ya en meta, cabinas de baño, mucha bebida, no tanta comida y entrega de una estupenda medalla finisher que desde luego nos hemos merecido.

Inmejorable experiencia este Ibiza Marathon. Organización de 12, ambiente estupendo, recorrido no demasiado bonito pero es lo que hay, se agradece que sea lineal y no dar 20 vueltas al mismo sitio.

Estoy muy contento de haber celebrado mi décimo maratón aquí, corriendo junto a mi hermano y con el cariño de mi novia y su familia, en un lugar que me encanta y donde ya me siento como en casa.

El fin de fiesta maratoniana, en Pachá por cortesía de la organización. Un gesto que se agradece mucho y un broche final estupendo para una carrera inolvidable.

Ahora dejaremos los maratones de asfalto para el otoño, donde me esperan Burgos y San Sebastián, este último un viejo anhelo que espero por fin poder disfrutar.

Y, en cuanto las condiciones laborales de mi hermano lo permitan, nos meteremos de lleno en la planificación de nuestro próximo maratón internacional, ya para 2018.

Ahora es el turno de la montaña y los 42km del Integral del Valdecebollas, el 28 de Mayo.
Previamente, haré un trail de 21km que se celebra por primera vez en una localidad muy cercana a donde resido, para ir metiendo cuestas en las patas.
Toca disfrutar al máximo de la última gran carrera de este primer semestre, de nuevo junto a mi hermano.

lunes, 27 de marzo de 2017

TRAIL CASTILLO DE ISCAR



Cuarta edición de este trail de la provincia de Valladolid y, por fin, este año ha tocado conocerlo.


Iscar fue uno de los municipios vallisoletanos que decidió organizar un trail por sus inmediaciones aprovechando el boom del running y la nula posibilidad que había por la zona de disputar este tipo de carreras.
Por suerte para los que nos encantan este tipo de pruebas, ya contamos con un buen número de ellas y cada vez sale alguna nueva.

Este trail de Iscar comenzó en su origen como carrera de 13km, la cual se sigue manteniendo, y ya el año pasado se incluyó otra prueba paralela de 21'5km.

Y es a esa segunda a la que mi hermano y yo nos habíamos inscrito.

Ese mismo día se disputaba también el Trail Los Vallejuelos de Villamuriel, al cual acudimos el año pasado y del que salimos encantados; pero este año decidimos conocer por fin esta carrera iscariense.

La mañana amanece espléndida y hoy va a tocar correr con calor. Igualito que hace siete días...

Nada más llegar al pueblo ya se puede contemplar el imponente castillo en lo alto de un cerro, que domina toda la localidad.
Sabemos que la meta es en dicho castillo, por lo que tenemos claro que al menos el final va a ser exigente.

No hay mucho movimiento de corredores en el día de hoy (la prueba larga sólo contó con 77 finishers), por lo que se podrá correr sin agobios.

La verdad es que me veo muy motivado. Estoy en muy buena forma y la cabeza acompaña, lo que, unido al fiasco por tierras cántabras, hace que esté como una moto y deseando empezar a correr.

Cada vez me gustan más y más este tipo de carreras en las que el reloj no importa y sólo se trata de disfrutar.

Nos colocamos sin problemas en una posición cómoda y esto empieza.

El primer kilómetro, como suele ser avitual, recorre las calles del pueblo, y ya vamos cogiendo dirección al castillo.

Justo tras oír el primer pitido del gps y ver un 4:26 en la pantalla, comienza una subida bastante fuerte que, para nuestro tormento, enlaza sin descanso con la durísima y larga subida asfaltada hasta el castillo.
Un tramo realmente exigente y desde luego candidato a ser el más duro que he hecho corriendo.

En este tipo de rampas la cabeza y las sensaciones son fundamentales. Yo me veo bien y decido apretar un poco y llevarme conmigo a mi hermano. 
Empezamos a dejar atrás corredores y a recortar distancia con los atletas que van por delante.





Con mucho esfuerzo y mucha testiculina conseguimos llegar arriba y dejar atrás este durísimo inicio de carrera.

Ahora nos internamos en los senderos que recorren los cerros colindantes al municipio, llenos de pinares y completamente secos, ideales para disfrutar a tope.

Sube-bajas continuos se suceden sin parar, y de vez en cuando nos vamos topando con alguna subida donde no queda otra que entregar la cuchara y subir andando malamente.
Realmente divertido y muy chula está primera parte de carrera.



Tras desviarnos los corredores cada uno con su distancia, comenzamos un larguísimo tramo de senderos más anchos y pistas donde se puede correr bien pero que resultan al final un poco aburridos.

No se toca para nada ninguna zona arbolada, todo el rato es correr por pistas en campo abierto. Además, es precisamente en esta parte donde el calor se nota más, debido a la ya comentada falta de protección.

Llevamos unos kilómetros unidos a un chico joven, y la verdad es que es el único corredor a la costa que tenemos en esos momentos.

Ya bastante saturados de tanta pista, cogemos un giro a la izquierda donde se inicia una larga subida muy pedregosa que termina por hartarnos y la cual decidimos subir andando. No somos los únicos, todos los corredores que llevamos delante y detrás, antes o después terminan sucumbiendo ante esta rampa. Es un tramo que se atraganta muchísimo, no sólo por el desnivel, si no sobre todo por el golpe moral que supone después de tantos kilómetros por el medio del campo y con todo el calorazo. 

Llevamos más de media carrera y, tras otros dos o tres kilómetros llanos donde corremos muy deprisa, iniciamos una dura subida que de nuevo nos lleva a los cerros de pinares que tanto hemos echado de menos.

Mi hermano va tocado, ya que por circunstancias laborales no ha descansado mucho los días previos, y cada subida de andar le cuesta un mundo.
Yo no tengo ninguna prisa y le espero arriba para juntarnos y seguir juntos. Es sólo subiendo, el resto del tiempo mantiene un ritmo muy bueno sin dificultad, por lo que continuamos a muy buen paso.

De nuevo estupendo este nuevo tramo de sube-bajas por los cerros cercanos al castillo. El cansancio se va dejando notar y ya hay un momento en el que, tras una subida y esperar a mi hermano, veo que las sensaciones no son tan buenas y me cuesta un poco.

Por fortuna se pasa rápido y seguimos juntos acercándonos a los kilómetros finales, esperando a descubrir esa subida final al castillo.

Una nueva subida exigente nos hace separarnos unos metros. Tras el bajón que tuve tras la última parada y en consenso con mi hermano, decido seguir para delante y afrontar una bajada pronunciadisima que en su primer tramo tenía una cuerda como apoyo. Muy divertida.


Tras superar ese obstáculo, último kilómetro y medio, que consiste en bordear el castillo en su totalidad para subir por la explanada que hay en lo alto del cerro. 
Esa subida resulta ya demoledora y me cuesta hasta subirla andando.

Pero sabiendo que es el último esfuerzo, toca apretar los dientes y llegar arriba, donde la gente y los voluntarios animan y aplauden y el castillo aparece en el horizonte.

Queda un breve tramo de carretera que lleva directo a la puerta del castillo, por la cual se hace entrada para finalizar en su patio de armas tras 2h y 1min.




Grandísimo final para una prueba muy recomendable. El único lunar en mi opinión son esos interminables kilómetros de pistas por el medio del campo, pero que ni mucho menos empañan el estupendo recorrido de este trail de Iscar.

Muy buen precio, buena bolsa, bien señalizada y con un inicio y un final de los que se recuerdan.
Sin duda un gran acierto.

La próxima carrera es mucho más que eso. El 8 de Abril disputare junto a mi hermano el Ibiza Marathon, con todo lo que está montando Paralelamente la organización, que ya comentaré en la próxima entrada.
Toca disfrutar al máximo de la carrera estrella de la temporada. Run and feel!!

lunes, 20 de marzo de 2017

GURRIANA TRAIL


La verdad es que no sé como calificar lo vivido este fin de semana por tierras cántabras; desde luego no puedo hacerlo con una palabra, ya que ha habido demasiados acontecimientos de carácter completamente opuesto que me dejan un sabor radicalmente agridulce a la hora de opinar sobre esta carrera.

Dicho de un modo más resumido: ha habido cosas muy buenas y otras, a mi juicio, impresentables.

El sábado por la mañana salíamos mi hermano y yo hacia Cos, una localidad muy pequeña a 1km de Carrejo, sede central de la carrera que pertenece a Cabezón de la Sal.

Sobre las 14h llegamos a nuestro alojamiento, la Posada Trisileja, una estupenda casa tradicional cántabra donde nos dieron un trato excelente y cercano, y donde disfrutamos de una estancia que recomiendo encarecidamente a todo el que vaya por la zona.

Tras comer en un bonito parque junto al río, nos fuimos a dar una vuelta hasta Cabezón de la Sal, la cual nos sirvió para estirar las piernas y hacer tiempo, porque la verdad es que el pueblo no tiene nada digno de ser mencionado.



Se suponía que la entrega de dorsales comenzaba a las 17h (así figuraba en el programa), pero al llegar allí nos dicen que hay que esperar hasta las 6.

Así que allí esperamos y vamos viendo como poco a poco se va notando el ambiente de carrera que se va dando forma enfrente del Museo de la Naturaleza de Cantabria.

A la hora señalada, acudimos a recoger la bolsa del corredor y cuál es nuestra sorpresa al no ver ni rastro de equipación o material técnico en ella. Me parece sencillamente impresentable. 30€, y más en montaña, dan para mucho más que un gel, una cerveza local, un sobao y una especie de morcilla.
Desde luego a mi me parece un insulto, y para que se rían de mí no me hace falta irme a Carrejo.
No es que en las carreras lo que más me importe sea la bolsa del corredor, pero de ahí a que te metan tres mierdas cuando dos semanas antes sus vecinos del Ecoparque de Trasmiera daban una equipación completa de material de montaña, pues va un mundo.
VERGONZOSO e IMPRESENTABLE.

Ya con la bolsa del corredor y dorsales en nuestro poder, decidimos ir a recogernos a nuestro alojamiento y dar por concluido el día. Toca descansar y preparar el material para el gran día, que las previsiones daban movidito.

Amanece un domingo sin lluvia y con una excelente temperatura. Si no fuera porque las previsiones de lluvia no dejaban margen a la esperanza, serían las condiciones ideales para correr.

Llegamos a Carrejo con tiempo y decidimos aparcar junto al polideportivo donde estaban las duchas, y la verdad es que fue un acierto.

Breves instantes después de llegar a la zona de salida, comienza a llover con muchísima intensidad. Las previsiones se estaban cumpliendo con creces.

Veníamos preparados para ello, así que chubasqueros puestos (en mi caso uno fino sin capucha y gorra).

Todos los atletas de la prueba reina teníamos control de firmas, y se hace eterno esperar y esperar bajo la intensa lluvia. Llegan las 9, hora prevista de salida, y seguimos esperando. Otro retraso más, parece que la organización no tiene prisa (aunque más adelante demostraron que tuvieron demasiada...).

Por fin, con todo en orden, se da la salida y empezamos a correr por las calles del pueblo bajo una chupa de agua.



Enseguida nos encontramos con la primera subida, muy larga y exigente, que nos llevará desde el pueblo hasta lo alto de la montaña más cercana, donde comenzará un largo tramo de cresteo.

La subida se hace muy larga, pero mi hermano y yo estamos a tope de moral para esta carrera y vamos superando gran cantidad de corredores alternando tramos de andar y correr.

En la parte final ya es imposible correr y hay que apretar los dientes para llegar arriba.
La lluvia no deja de caer con fuerza y el barro, junto con las piedras y hierba húmedas, dificulta bastante el agarre y el subir es aún más complicado.

Comenzamos la parte de cresteo, y sin lugar a dudas es donde mejor vamos. Pletoricos de fuerzas y de moral, disfrutamos de cada zancada sin que las inclemencias meteorológicas nos perturben lo más mínimo.

Esta parte del recorrido es increíble. Vistas impresionantes, continuos pasos por zonas de piedras, saltos, praderas... Una auténtica gozada haber podido disfrutarlo.

Sin embargo, el mal tiempo va subiendo en intensidad, y a la fuerte lluvia hay que sumarle un vendaval que entraba por el lado derecho.
Allí arriba estábamos completamente expuestos, y poco a poco empezamos a notar los efectos.
La temperatura cae muchísimo y las manos y los labios están completamente entumecidos. Cada vez es más difícil usar las manos para apoyarse en los pasos entre rocas que, paradójicamente, son cada vez más frecuentes y de mayor dificultad.

Por si fuera poco, una ráfaga de aire corta de forma radical mi relación con la gorra que me ha acompañado en tantas y tantas carreras.
La importancia de este hecho radica en que, al no llevar capucha, llevo la cabeza completamente desprotegida ante la lluvia y el viento, y llega un punto que me resulta del todo insoportable. No siento el lado derecho de mi cabeza, y me estoy empezando a marear.

Decido parar y ponerme el chubasquero gordo.
El hacerlo resulta toda una odisea, debido a la casi inexistente movilidad de mis dedos y al tremendo aire que soplaba.

Finalmente consigo ponérselo y el efecto es radical. Empiezo a sentir otra vez la cara y me veo con ganas de volver a tope a batallar con estas condiciones infernales.

Pero no puedo tener tranquilidad mucho tiempo. Si antes fue el cambio de prenda, ahora se me sale una plantilla de la zapatilla.
Otra vez a parar y otra vez me las veo y me las deseo para poder quitarme la zapatilla y volvermela a poner. Las manos son incapaces de coger nada y de imprimir la más mínima fuerza.

De nuevo en marcha, pero a los pocos pasos, vuelve a pasar lo mismo con la plantilla del otro pie. 
Ya harto, decidí sacarmela y seguir sin ella. Todo un acierto, ya que un poco más adelante se me vuelve a salir de nuevo la primera plantilla, la cual también saco e introduzco ambas en la mochila de mi hermano.

El aire va a más y más y la lluvia no afloja. Cada vez es más difícil avanzar y el terreno se va complicando.

En mi mente va rondando un pensamiento de preocupación ante lo que nos espera. Avanzamos muy despacio, y en estas condiciones, no veo nada claro el poder terminar.

Y es en ese momento cuando miembros de la organización nos dicen que se suspende la prueba y que hay que bajar y realizar el recorrido de 20km.
Lejos de enfado o frustración, siento un alivio enorme y desde aquí agradezco a la organización que tomara esa decisión, para mí muy acertada. No hay necesidad de exponerse de esa manera ante semejantes condiciones meteorológicas.

Así pues, el panorama cambia drásticamente. Ahora quedan 10km en vez de 27 y vamos resguardados del aire. Soy feliz.

Esta segunda parte es casi en su totalidad de descenso (ese "casi" era bestial, pero ya llegaré a eso), por bosque y pegados al río. Una zona preciosa. Paisajes de ensueño que resultan imposibles de imaginar aquí por Castilla.

Sin embargo, si en la primera parte el aire fue el protagonista, esta segunda tuvo un elemento que robó todo protagonismo a los demás: el BARRO, con mayúsculas.

Absolutamente todo el terreno está cubierto de barro. Cada bajada es un tobogán donde poner un pie con cierta sensación de seguridad es casi imposible.

Las caídas se suceden y avanzamos muy despacio, pero disfrutamos de vivir esta experiencia única para nosotros.

Y en estas se nos presenta delante de nosotros el punto más impactante de la prueba: el cortafuegos.
Un kilómetro a una pendiente media del 40% en el que se gana un desnivel de 400m.

Además, como pasaba en la ascensión a las crestas, el barro dificulta mucho más el tener un agarre firme en el que apoyarse para dar la siguiente zancada.

Un kilómetro que se hace eterno pero que subimos poco a poco y sin desesperar.

Arriba del todo bebemos en el avituallamiento y afrontamos una larga bajada hasta el río que sin barro habría sido rapidisima, pero que tal y como estaba el terreno la hicimos a un ritmo de 20min/km. Algo surrealista.

Una vez en el río, el barro cobra ya su máxima cuota de protagonismo, ya que, literalmente, te desaparecen los pies en él.

Ya vamos un poco cansados de tanto barro y cruce de río, sobre todo porque avanzamos muy lentos en un tramo que con terreno seco sería muy rápido y una gozada para correr.

Tras 18km y 4horas de carrera, somos alcanzados por los corredores escoba que cierran la prueba, y que acompañan a otro corredor.
Los demás corredores ya están en meta, bien por haber completado el recorrido o por haber sido evacuados por la organización.

Llueve con mucha fuerza y ya voy harto de tanto barro. La gente del norte disfruta mucho con este tipo de terreno; les encanta llenarse de mierda, caerse y revolcarse en él. Tanto que incluso lo promocionan como reclamo en las carreras. 
Para gustos los colores, pero yo vengo a correr, no a jugar a ser cerdo por un día.

Los corredores escoba nos dejan claro que todo este tramo está siempre así, independientemente del tiempo que haga, por lo que tengo claro que ésta será mi única presencia por estos lares. 
Preciosos, que duda cabe, pero yo con esto no disfruto; no estoy acostumbrado y no me sale el correr así.

Por fin, y tras más de 4 horas y media, nuestras zapatillas vuelven a pisar terreno firme y llegamos a Carrejo.
Último kilómetro por las calles de un pueblo donde todo ha terminado, donde no hay speaker, fotógrafos ni nadie recibiendote.
Todo el mundo está cambiado y pasan olímpicamente de los tres corredores que han logrado completar los máximos kilómetros permitidos en el día de hoy.
Una cosa es suspender la prueba y otra ignorar de ese modo a unos corredores que han sufrido unas condiciones meteorológicas durísimas durante más de 4 horas y media, algo que no ha hecho nadie más hoy aquí y que al menos merece la misma atención demostrada con el resto de participantes.

Desde aquí vaya mi total desaprobación ante la organización por el trato mostrado a mi hermano y a mí, además de al otro corredor que llegó detrás.

Llegas a meta, nadie te dice nada, te dan una medalla que te intentan colar por rústica y es una auténtica porquería y otro insulto más por parte de la organización.
En mi caso, con un montón de sobra, una voluntaria coge dos, le entrega la suya a mi hermano y la otra se cae al suelo y queda completamente mojada. Pues oye, me agacho y toma, para ti, campeón, que tienes cara de gilipollas. En fin..., guinda inmejorable para un pastel hecho a base de barro y despropósitos organizativos.

Me sabe tan mal porque fallaron en lo fácil. La señalización fue insuperablemente buena, el recorrido es precioso, la comida post carrera muy bien, y la decisión de acortar la carrera totalmente acertada.
Pero no puedes ningunear así a tres personas que han aguantado lo que ha tocado aguantar y dar una bolsa del corredor y una medalla tan insultantemente ridículas.

Gran experiencia, que duda cabe, esta Gurriana Trail. Con lo bueno y lo malo, pero hemos disfrutado, sufrido y aprendido mucho de este fin de semana. 

En siete días volvemos a la acción con el Trail Castillo de Iscar, de nuevo junto a mi hermano.

lunes, 6 de marzo de 2017

LA PARAMADA


Una nueva edición, la tercera, del trail más importante de la provincia y sin duda una de las carreras de referencia del invierno castellano.

Por tercer año consecutivo han vuelto a agotar inscripciones, por lo que el 19 de Febrero nos daríamos cita 900 atletas en las tres modalidades de que consta la prueba.

El éxito de la carrera es abrumador, y varios son los factores que lo explican.

En primer lugar, la fecha de celebración. Al disputarse a mediados de Febrero, no tiene apenas competencia, ya que aun no ha comenzado la temporada de montaña ni de medias maratones en la comunidad, por lo que La Paramada se presenta como una gran opción para ir empezando a meter kilómetros de competición a las piernas.

Además, la posibilidad de realizar una carrera de 11km y una marcha paralelas a la carrera principal, ofrece a mucha gente la oportunidad de iniciarse en el mundo del trail o de, simplemente, disfrutar de un recorrido por la naturaleza una mañana de domingo.

Y, por último, el excelente trato al corredor por parte de la organización, con una buena bolsa del corredor y un completísimo avituallamiento final donde hay de todo.

El año pasado disfruté mucho esta carrera, por lo que tenía claro que acudiría por segundo año consecutivo.

En esta nueva edición, los organizadores han itroducido una importante novedad con respecto a las ediciones anteriores: el recorrido de completará en sentido inverso.
Es decir, lo que se subía ahora se bajará, y viceversa.
La verdad es que es un cambio muy bienvenido, ya que hace la carrera más interesante.



En este tipo de carreras siempre es complicado fijarse objetivos que vayan más allá de completar la carrera, pero sí tenía claro que trataría de bajar de las 2horas (2:07 el año pasado) y que quería ser el primer miembro de mi club en llegar a la meta.

Me presenté en Geria con una hora de antelación, para ir sin prisas a recoger el dorsal y volver al coche, que está a un buen paseito.
El día es estupendo para correr. Hace fresco pero lo normal para la hora en la que me encuentro, y luce el sol.
Sin embargo, la semana previa a la carrera ha sido de lluvias, por lo que se esperaba bastante barro a lo largo del recorrido.

Ya con todo en orden, me coloco junto a mis compañeros en el photocall para inmortalizar el momento y nos vamos a la salida.



Por cosas del cambio de sentido del recorrido, la mayoría de los atletas se confunden y de repente se ven en los puestos más retrasados. Yo lo tenía claro y no me moví de donde estaba, por lo que salí en la cabeza de carrera.

A mi lado estaban las chicas del club de trail de Toro. Sé que son las favoritas, por lo que serán una excelente referencia para mí.

Cuenta atrás y empezamos.

El primer kilómetro consiste en dar una vuelta por las calles del pueblo, pasar de nuevo por el arco de salida y, a continuación, iniciar ya la aproximación a los cerros donde se disputará el grueso de la carrera.

Al salir en posiciones delanteras no tengo problemas en correr al ritmo que quiero, e incluso me sorprendo cuando el gps pita y veo 4:20 en la pantalla.

Es justo en este momento cuando me da alcance un compañero de club, con el que a priori estaré bastante igualado durante la carrera.

En un primer momento me supera y decido mantenerme justo a su estela, ya que el ritmo me parece muy elevado quedando lo que queda por delante.

Llegamos así a la primera subida. Una rampa de cemento durísima y bastante larga que el año pasado se bajaba, por lo que ya sabía lo que me esperaba.

Casi al instante mi compañero empieza a andar, al igual que otros muchos atletas. Yo me veo bien y decido tratar de abrir hueco.



Corriendo y realizando mini tramos andando de 4-5 pasos empiezo a superar a muchísimos corredores, y consigo llegar arriba con fuerza y muy motivado para defender la ventaja que tengo respecto a mi compañero.

Justo al terminar esta primera subida se produce la división de las carreras de 11 y 20km. Los de la prueba larga giramos a la derecha y comenzamos un tramo de sube-bajas constantes atravesando una zona arbolada.
Poco a poco los corredores vamos cogiendo el ritmo y se empieza a firmar esa fila india tan característica de este tipo de carreras.

Yo me encuentro bastante cómodo, y mantengo un buen ritmo a pesar del barro que ya comienza a hacer su aparición.

Es una gozada hacer en sentido descendente esos dos largos tramos de pista que el año pasado tanto me hicieron sufrir, aunque el primero de ellos es un auténtico barrizal que te obliga a extremar las precauciones para no resbalar e irte al suelo.

Las principales subidas de la carrera se encuentran en esta primera mitad del recorrido, con mención especial a la cuesta de Coca-Cola, la cual había que superar gateando, literalmente.
No sé si porque todavía iba a tope de fuerzas o porque me pareció una subida diferente a todas las que había hecho, pero el caso es que la superé con mucha fuerza y ganas.

Los continuos sube-baja son sin duda el rasgo más definitorio de esta primera mitad de La Paramada 2017.




Tras superar el ecuador de la prueba, el recorrido cambia radicalmente. Ahora el sendero es mucho más estrecho y se corre continuamente rodeado de árboles y vegetación, con raíces y piedras que te obligan a ir atento.
Sería un tramo estupendo para disfrutar al máximo, pero aquí es donde más se notan las lluvias de estos días y el camino entero es una auténtica ciénaga.

Un kilo extra en cada zapatilla, continuos resbalones... En fin, hay gente que disfruta con esto; yo desde luego no.

Estos aproximadamente 3-4km se me hacen eternos y me minan bastante el ánimo.

Por fin, tras llegar al avituallamiento del km7, me viene a la cabeza que ahora hay un largo tramo de pista totalmente llana que ya nos tiene que acercar bastante a Geria.

Y, efectivamente, me viene genial el poder correr tranquilo fuera de ese pringue asqueroso y dejar de oír el contínuo chapoteo de barro pisado.

Recortó este tramo a ritmos cercanos al 4:30 hasta que nos introducimos de nuevo en el bosque por última vez.

Afortunadamente aquí hay menos barro, aunque ya noto que la fatiga me empieza a hacer mella. 



Voy fantaseando con la idea de enfilar cuanto antes la bajada hacia el pueblo y certificar a meta una carrera muy satisfactoria para mí pero, mientras iba repasando mentalmente si recordaba alguna subida más que tocara afrontar, me encuentro cara a cara con una rampa que se pierde entre los árboles y cuyo final no alcanzo a ver, lo cual quiere decir que no está cerca.

La verdad es que anímicamente resulta un auténtico mazazo y comienzo todo un vía crucis en busca de llegar a lo alto.

Decir que fue muy duro sería quedarme corto. Iba deambulando mientras era superado por varios corredores. Totalmente fundido.




Sin embargo, el llegar arriba me hace revivir y cojo un ritmo muy bueno afrontando ya el tramo final y lanzandome con todo por la rampa que subimos al inicio de la prueba.

Tras volver a doblar el espinazo para pasar el puente que hay a la entrada del pueblo (es un intento de hacer de este punto algo curioso o característico, pero en mi opinión es totalmente prescindible), se realiza un breve callejeo y por fin entro en línea de meta en un tiempo de 1:56:02 y en el puesto 90 de casi 400 atletas que tomaron la salida.

Estoy muy satisfecho con mi carrera de hoy. He disfrutado y me he visto con fuerza casi todo el recorrido, salvo esa última subida que me sacó totalmente de punto.

Al terminar, completísimo avituallamiento con toda la comida y bebida que uno pudiera desear tras completar un esfuerzo como éste.
Excelente la organización de la carrera; esa sí que es la verdadera seña de identidad de La Paramada.

De nuevo vuelvo encantado de esta carrera y sin duda el año que viene estaré muy pendiente de ella a la hora de configurar mi calendario.

Ahora toca un plato principal del menú.
El 12 de Marzo me enfrentare junto a mi hermano a La Gurriana Trail, en Carrejo, Cantabria.
37'5km y 4.600m de desnivel acumulado aderezados con muchísimo barro nos esperan.
Va a tocar sufrir, pero también disfrutar de cada paso.
Por carreras así es por las que merece la pena salir a entrenar.