domingo, 12 de julio de 2015

LEGUA DEL BARRIO DE LAS DELICIAS



Vuelta a las carreras casi dos meses después, y lo hago en una de las pocas carreras de Valladolid en la que aun no había participado.

Esta carrera tradicionalmente supone el final de la temporada para los atletas que se disputan los puestos nobles en la pruebas de la ciudad y provincia, la cual empezará de nuevo en Septiembre con la Media Maratón de Valladolid.

Las Delicias son el barrio más grande de la ciudad y dispone de largas y anchas rectas, lo cual convierte a esta carrera en una de las más rápidas del calendario.

El recorrido consiste en dar dos vueltas a un mismo trazado.

Desde la última vez que escribí, muchas cosas han cambiado; sobre todo en cuanto a carreras que voy a disputar y los objetivos que me marco a medio/largo plazo.

Como expuse en mi anterior entrada, mi intención era volver a ganar velocidad y tratar de superar mis marcas tanto de 10km como de Media Maratón. Las carreras para hacerlo serían la Urbana Adidas de Palencia y la MM de Valladolid.
Pues de lo dicho..., no queda ya nada.

No soy capaz de entrenar a ritmos altos y freirme a series cuando mi cabeza está pensando continuamente en desafíos de larga distancia y/o de montaña.
Sé que luego me gusta estar en ritmos por debajo de 4min/km en carreras de hasta 10km, pero para eso necesito un entrenamiento que ahora no me veo motivado a hacer.
Así que, entre carreras de fondo o ritmos sub 4, me quedo desde luego con lo primero.
(Esta necesidad de elegir viene marcada porque entreno 3 días por semana, luego o meto kilómetros, o hago series; pero mezclar no me sirve ni para lo uno ni para lo otro porque me quedo cojo de preparación para ambas metas).

Como decía antes, mis objetivos han cambiado, y los de corto plazo se centran por completo en el próximo mes de Octubre.
Ese mes, además de la Maratón de Lisboa, a la que llevo inscrito desde Noviembre, disputaré el Canal de Castilla Ultra Race en su versión de 48km, dos semanas antes de la cita portuguesa, y a la que ya estoy inscrito.

Además, lo que de verdad de enamora son los trails y carreras de montaña, y el 2016 desde Enero a Mayo estará dedicado a este tipo de carreras en su totalidad. 
Quiero correr menos carreras (lo ideal es una al mes) y que realmente me motiven.

Una vez pase Octubre, entonces sí buscaré cambiar el chip y darme un par de meses para reducir kilómetros y meter series, y buscaré disputar algún diez mil para probarme, antes de empezar en exclusiva con la preparación montañera.

Con todo esto en mi cabeza y con mis piernas perezosas y desentrenadas a más no poder de correr a ritmos exigentes, aparezco en la línea de Salida de esta carrera diseñada para volar.
Objetivo: no sufrir como un perro y tratar de acercarme lo que pueda a un ritmo de 4min/km, aunque ya sabía que si buscaba el segundo, me encontraría con el primero, jeje.

Bajo el arco, 320 atletas dispuestos a desafiar al calor y a las dos vueltas que nos separan de la meta.

Salgo en posiciones centrales, ya que no tengo pretensión alguna de marca.
Al principio me cuesta correr, la salida es bastante estrecha, pero tras la primera curva se enfila una larguísima recta mucho más amplia donde cada uno puede ir a su ritmo sin problemas.




Yo no me veo mal, y pongo un ritmo con el que ya me voy forzando pero sin llegar a sufrir. 
Al haber salido en posiciones intermedias, me superan muy pocos corredores, y yo sin embargo sí que voy rebasando a un gran número de ellos, lo cual siempre es bueno para la moral.




Mi carrera la verdad es que no tiene mucha historia. Me mantengo siempre estabilizado en las mismas posiciones, sin poder conectar con el grupo que me precede y varios metros por delante de los atletas que van detrás de mí.







Completo la primera vuelta en algo más de 11 minutos y prácticamente mantengo en la segunda vuelta, donde ya en la recta final me voy dejando ir para acabar entrando en un tiempo de 23.04 y en el puesto 51 de la general.






Lejos, muy lejos de mis mejores registros y ritmos en este tipo de carreras, pero he disfrutado de volver a correr con un dorsal en el pecho, que al fin y al cabo para un popular es lo más importante.

Ahora sí que salvo imprevisto de última hora no correré ninguna carrera más hasta Septiembre, donde tengo pensado acudir al I Trail Barranqueras de Toro, que ya pasará a formar parte de la preparación para el bonito doble reto del mes de Octubre, con 90km en dos semanas.

Estoy muy motivado por afrontar lo que tengo por delante, y eso es más importante para mí que fijarme en tiempos que, por otro lado, tampoco es que me fueran a llevar a ningún lado..., jeje.

Hasta el 6 de Septiembre en Toro!!!



miércoles, 27 de mayo de 2015

II MONUMENTRAIL


Segunda edición de la Monumentrail segoviana y mi segunda participación consecutiva en esta carrera.

Este año han cambiado la fecha, ya que la pasada edición se celebró en Octubre. Parece que la intención es mantenerla de ahora en adelante en el mes de Mayo. A mí particularmente me parece que la prueba gana con el cambio.

Otra modificación importante para esta segunda edición ha sido la de introducir paralelamente una carrera de 10km. No todo el mundo es capaz de correr 17km con 1000m de desnivel positivo (el año pasado eran 650), y considero muy bueno el que haya una carrera en Segovia donde la gente más "popular" pueda iniciarse en el mundo del trail y las carreras de montaña.

Como acabo de comentar, este año la prueba presentaba un nuevo recorrido con un desnivel mayor que la pasada edición.
Al haber disputado las dos ediciones y poder comparar sendos recorridos, considero el primero más tipo trail suave o carrera pedestre (Los Molinos de Riaza o La Pirona) y el de este año ya mucho más cercano a una carrera de montaña o trail más exigente.
El trazado de la primera edición era un sube-baja constante. Presentaba rampas con un menor desnivel, corribles casi todas ellas.
El de este año, alternaba subidas muy duras con un gran desnivel con tramos por pistas muy cómodas para correr rápido.
Yo personalmente he disfrutado más este segundo año.

La idea inicial era correr la distancia corta junto a mi novia, pero finalmente y ante la imposibilidad de entrenar con regularidad, decidimos posponerlo para otra ocasión.
Por lo tanto, me inscribí a la prueba larga, sin mayor pretensión que disfrutar del recorrido.

Tras la maratón de Vitoria, los meses de Mayo y Junio serán tranquilos en cuanto a nivel y volumen de entrenamientos. La idea es hacer tres sesiones semanales de 1 hora más o menos al ritmo que me marquen las piernas.
A partir ya de Julio, meteré cambios de ritmo y empezaré poco a poco a incorporar tiradas largas.
Los objetivos de este segundo semestre serán tratar de volver a bajar de 40' en 10km y, sobre todo, buscar mi MMP en Media Maratón, distancia en la que centraré mi atención en los meses de Septiembre y Octubre.
Las tres carreras elegidas para estos objetivos serán: Urbana Adidas PMD, Media Maratón de Valladolid (ambas en Septiembre) y la Media Maratón de Ávila (a primeros de Octubre).

A partir de ese momento, sólo existirá la Maratón de Lisboa. Eso sí, nada de tiempos ni marcas; sólo disfrutar, disfrutar y disfrutar.

Y a partir de ahí, a empezar a entrenar a tope para el reto primaveral de 2016. Pero esa historia ya la contaré más adelante...

El Viernes me acerqué junto a Sara a recoger el dorsal y la bolsa del corredor, y la verdad es que me pareció cutre a más no poder. Camiseta idéntica a la del año pasado y dorsal sin chip; el cronometraje sería manual. Será la crisis...

El Sábado salgo de casa hacia la Casa de la Moneda tranquilo y calentando las piernas. Tengo clara la estrategia a seguir: salir tranquilo y controlando durante la primera subida, que sé que es larga y se hace dura, y luego aprovechar la bajada para coger el ritmo y ver hasta dónde me aguantas las piernas.

En los momentos previos a la salida, coincido con el padre de un alumno mío que es un crack en este tipo de carreras, y comentamos el recorrido que nos espera por delante.
Nos deseamos suerte y a correr.

Decido salir en posiciones centrales, que me conozco y sé que como me vea delante, lo de salir tranquilo corre serio peligro...








La carrera transcurre según el plan: Alameda muy tranquilo y primera subida controlando esfuerzos y poco a poco empezar a superar corredores (algunos de ellos ya andan).

Ya en lo alto del páramo, aprovecho la larga bajada para aumentar el ritmo y ya ponerme a tope en su último tramo.

Conocer el recorrido me es de gran ayuda, ya que me permite dosificarme y saber en todo momento lo que me espera.
Esta primera parte de la carrera es igual que el año anterior y, salvo un descenso más técnico, en general se puede correr bien y no hay grandes desniveles.







Tras pasar por la salida, toca afrontar el, para mí, tramo más duro de la carrera: un sinfín de escaleras que suben desde la Casa de la Moneda hasta el Alcázar atravesando la muralla. Imposible correr. Los cuádriceps empiezan a doler y el final parece que no llega nunca. Un tramo muy muy exigente.

Una vez arriba, toca bajar rodeando las murallas del otro lado de la ciudad. Preciosa esa parte del recorrido (el año pasado tocó subirla).

Ahora, nos acercamos al control intermedio del km 9´2, donde los que corrían la carrera corta debían cruzar el puente y los demás seguir recto.

Esta segunda mitad de la carrera tiene dos subidas duras: una larga y exigente que se puede hacer corriendo si quedan fuerzas, y otra durísima que no hay más remedio que subir andando (yo al menos no vi correr a nadie).

Una pista muy cómoda nos lleva hacia la primera de ellas. 
Llevo ya un buen rato justo detrás de un corredor y veo dos más unos metros por delante.
Decido que éste es el momento de probar.

Arranco la subida con fuerza y supero al atleta que me precedía. Me hace la goma un rato pero finalmente se pone a andar. 
Voy recortando distancias con los dos atletas que antes comentaba, pero el final de la subida hace que se me escapen con vida. De momento...

Tras un tramo corrible donde mantenemos las distancias, afrontamos el último punto exigente de la carrera: una bajada muy pronunciada y con cierto nivel técnico y, a continuación, una durísima subida que se hace todavía más exigente con las piernas ya castigadas.
La bajada se produce sin incidencias, y llegamos a la subida.








El primer tramo son escaleras. Uno de los dos atletas que me preceden empieza a andar. Yo he entrenado esa rampa miles de veces, y sé que tengo fuerza suficiente para, al menos, subir las escaleras corriendo.
Adelanto al primero de ellos.

El otro corredor va andando, y decido forzar al máximo el correr para recuperar todo lo que pueda. Consigo llegar justo detrás de él y me pongo a andar yo también. 
Tras unos metros para recuperarme, subo el ritmo y lo supero. Va muy tocado, y al llegar arriba veo que he abierto un buen hueco.

Ahora de nuevo la carrera nos lleva por pistas donde se puede correr rápido, antes de afrontar una pronunciada bajada hacia el cementerio judío. Oigo pasos detrás de mí, y dos atletas (otros distintos) me superan como un tiro.

Nos queda bajar por la Hontanilla y cruzar el puente para encarar el tramo final de la carrera. 
Uno de ellos veo que empieza a flojear el ritmo, y poco a poco le voy dando alcance hasta superarlo.
El otro mantiene un ritmo muy similar al mío y mantenemos las distancia, la cual ya me será imposible de recuperar.

En la última recta antes de la llegada a meta, alcanzo a otro corredor que parece fundido. Me abro a la izquierda y se mueve para cerrarme. Será un error, pensé yo.
Me abro a la derecha y otra vez lo mismo.
Ya no es casualidad.
Me pongo a su par, me mira y cambia el ritmo.
Conozco el lugar y sé que más adelante hay una buena subida, y decido aguantar.
Cuando el terreno empieza a levantarse, pego un tirón y me despido de mi "amigo".
No me gusta esprintar al final de las carreras, ni que lo haga la gente; pero a éste en particular me alegro de haberle bajado los humos.

Ya sí, recta de meta y entrada en la casa de la moneda en un tiempo de 1:26:23, en el puesto 19 de la general.







Estoy muy contento de mi carrera. Iba sin ninguna pretensión y al final mejoré ampliamente los resultados de la primera edición (1:32 y puesto 35).

Ahora sí que sí, final de esta primera parte de la temporada en cuanto a carreras se refiere.
No sé si por fechas me cuadrará alguna este verano en Murcia, como los veranos anteriores.
Desde luego, lo que está claro es que mi vuelta a la carreras con exigencia será el 6 de Septiembre en los 10km de la Urbana Adidas de Palencia.

A disfrutar del verano y a cargar bien las pilas para lo que viene!!

jueves, 14 de mayo de 2015

MARTÍN FIZ MARATÓN DE VITORIA


Segunda maratón del año y la quinta de mi colección particular.

Ya comenté en la crónica de Barcelona que esta Maratón de Vitoria enseguida me cuadró en mi planificación de la temporada. En esos planes, esta carrera era la que tenía marcada para tratar de hacer mi marca personal en la distancia. Barcelona tenía que ser mágica y no iba a arriesgar, y Lisboa será mi primera internacional y la haré con mi hermano disfrutando de cada zancada.

Tras el 3:42 de Barcelona y la increíble experiencia que supuso ese fin de semana, la verdad es que la preparación de esta maratón vitoriana se me ha hecho un poco cuesta arriba, especialmente en el aspecto psicológico. No era capaz de encontrar esa motivación tan necesaria que impulsa al corredor para salir a entrenar con la exigencia y la disciplina que una maratón exige.
Barcelona me había "vaciado".
Durante la preparación de esa carrera, cada kilómetro que hacía entrenando lo hacía soñando con el 15 de Marzo. Mientras corría, respiraba Barcelona.
Y al llegar el gran día, mis mejores expectativas quedaron desbordadas.

Por ello, estos casi dos meses entre una maratón y otra se me han hecho un poco pesados. 
Este hecho, este "bajón" motivacional ante una carrera que debería ser un acontecimiento esperado con una ilusión máxima, me ha hecho reflexionar y llegar a la siguiente conclusión: una maratón y su preparación son demasiado exigentes tanto física como mentalmente para llevarlas a cabo sin una motivación e ilusión muy elevadas. Por lo tanto, en mi caso concreto, me veo incapaz de "hincharme" a correr maratones, como hacen muchos otros. No tanto por aspectos físicos, sino por cuestiones de cabeza.
Necesito sentirme como para Barcelona, como me siento pensando en Lisboa.
No me llena el hecho de contar maratones; yo lo que busco es hacer y sentir que correr un maratón sea una experiencia especial e inolvidable.

Por lo tanto, mi número de maratones al año oscilará entre 2 y 3: correr uno por semestre y que uno de ellos sea internacional es innegociable. Si añado un tercero o no, dependerá de mi motivación hacia ello o hacia otros objetivos (carreras de montaña).

En cuanto a esta Maratón de Vitoria, la verdad es que ha sido una buena experiencia.

Es una maratón mediana (justo el tipo que me faltaba), ni masificada como Madrid o Barcelona, ni familiar como Aguilar o Montes Torozos.
Vitoria es una ciudad agradable, con un bonito casco antiguo y una gran cantidad de parques y zonas verdes.
Su maratón lleva el nombre del gran atleta vitoriano Martín Fiz, el alma de esta carrera. Totalmente implicado en su organización y desarrollo, participa cada año y recibe con los brazos abiertos a cuantos quieran enfrentarse a la distancia mítica en "su" ciudad.

Allí llegamos mi amigo Alejandro y yo el Sábado al mediodía tras 3 horas de tren desde Valladolid. El tiempo era el de toda España en esos días: sol y temperaturas casi veraniegas.
Yo odio correr con calor. No me va nada bien.
Tras las previsiones para el día de la carrera, que daban 15º a la hora de la salida y 27º a mediodía, decidí descartar la opción que había estado barajando esa semana: ir con el globo de 3:30 hasta donde mis piernas me dejasen.
Demasiado calor para un reto tan grande, por lo que la idea sería moverme en los ritmos de Barcelona, siempre teniendo como referencia el globo de 3:45.

Nada más llegar a Vitoria, fuimos a nuestro alojamiento, el Dato 2, y la verdad es que fue un acierto total haber reservado ese sitio. Amplia habitación, decoración espectacular, localización inmejorable (a 100m de la estación de tren y 300m de la Plaza de la Vírgen Blanca). Muy recomendable.

Tras dejar nuestras cosas, fuimos a buscar un sitio donde comer. En la citada Plaza de la Vírgen Blanca encontramos una pizzería que vendía porciones, y allí nos pusimos las botas mi amigo y yo llenando al máximo nuestras reservas de hidratos.

Tocaba ir a recoger el dorsal y la bolsa del corredor. Ésta estaba localizada en un centro comercial llamado El Boulevar, a unos 3km de donde nos encontrábamos. Aunque había un autobús que te llevaba hasta la puerta, decidimos ir andando para conocer un poco la ciudad y bajar la comida.
Cuando llegamos, la recogida era como la de cualquier otra carrera popular: un mostrador para cada distancia, dabas tu nombre, te daban el dorsal y la bolsa del corredor, y a otra cosa. Ni rastro de algo parecido a una feria del corredor.
Eso sí, para los 30 euros que pagué por la inscripción, la bolsa del corredor incluía una camiseta técnica y unos manguitos, ambos de la marca 42K. En otras por el doble te dan sólo la camiseta.

De vuelta a nuestra habitación, parada en un Carrefour para comprar la cena y el desayuno. Ya estaba todo listo para el gran día.

Tras cenar un sandwich de pechuga de pollo y queso bien cargadito, galletas, un plátano, y beberme dos biofrutas mediterráneos; llegó el momento de irse a la cama a descansar lo máximo posible.

A las 6 sonó el despertador y nos pusimos en marcha. Nuevo sandwich de pollo y queso, más galletas y otro plátano, regados por dos biofrutas pacífico. Unas cuantas visitas al retrete (no serían suficientes...), tiritas en los pezones, vaselina en las partes con riesgo de rozaduras y listo.

Con todo el tiempo del mundo, Alejandro y yo nos dirigimos hacia la zona de salida. El ambiente es muy relajado. No hay los agobios de Madrid o Barcelona, y siempre se agradece el poder estar tranquilo antes de afrontar un reto como el de correr 42 kilómetros, que, por muchas veces que se haga, siempre intimida un poco.

Momentos antes de la salida, nos despedimos y deseamos suerte, ya que mi amigo se coloca con el globo de 3:15 y yo me quedo entre el de 3:30 y el de 3:45.

Empezamos!!

La salida se produce sin agobios. En todo momento puedo correr al ritmo que me había marcado. Decido no mirar el reloj y centrarme en el globo de 3:45 que llevaba por detrás: mientras no me pase, mantengo el ritmo; si me coge, me agarro a él como sea. Ésa fue mi brillante y elaborada estrategia de carrera.

Los primeros kilómetros trascurren sin ninguna incidencia. Me encuentro muy cómodo y el calor aún no aprieta. 
Empiezo a notar que la vejiga se empieza a quejar, y decido no dejarlo para más tarde y en un parque me detengo a hacer mi primera parada técnica.
Me reincorporo a la carrera aún por delante del globo de 3:45 y mis piernas siguen yendo muy cómodas.
Paso el kilómetro 10 en poco más de 50', dos minutos más rápido que en Barcelona.
El recorrido es muy plano, con alguna calle que pica hacia arriba, pero en general es muy cómodo de correr.
Este primer cuarto de carrera transcurre en gran medida por el núcleo urbano de la ciudad, por lo que no se hace pesado y hay bastante animación.

A partir de aquí, la carrera empieza a desviarse por las urbanizaciones de reciente construcción, más alejadas y con largas y monótonas avenidas, que se solían hacer primero en una dirección y luego en la otra. Me recordó a la Media Maratón de Getafe y al Maratest de Alcorcón.

Empiezo a sentir algo más que ganas de orinar... En el km 15 se suponía que había cabinas para ir al baño, pero tras preguntar a varios voluntarios y no ver nada claro el tema, decido entrar en un bar y "soltar lastre". Y vaya si lo necesitaba...

Al volver a la carrera, pregunto a un corredor por el globo de 3:45, y me dice que irá a un minuto más o menos por delante. Aprieto el ritmo y en una recta ya lo veo.
Decido mantener el ritmo que había llevado hasta ese momento, ya que era superior al del globo, y poco a poco me iría acercando a él.

Paso la mitad de carrera en 1:52. Voy muy bien. Varios segundos mejor que en Barcelona y eso tras parar en el bar.
El calor va apretando, y ya tengo ganas de llegar al km 25, donde estaba el primer avituallamiento sólido (un poco tarde en mi opinión, ya que no tomo geles y dependo totalmente de este tipo de avituallamientos).
Comentar al respecto que no me gustó que dieran el agua en vasos. La bebida isotónica, vale, pero el agua en vasos se queda muy escasa, y más en un día de tanto calor.



Por fin me uno al grupo del globo de 3:45, y decido seguir a mi ritmo, dejándolo atrás.
Pero al poco, un nuevo apretón en mi vejiga me obliga a volver a parar, y el globo vuelve a superarme.
Vuelta a empezar...

La carrera se acerca al km 30. La zona es pestosa y monótona a más no poder: grandes avenidas, largas rectas que se hacen en ambas direcciones, y en el cielo un sol implacable que ya calienta a más de 25º.

Vuelvo a ir delante del globo de 3:45, pero ya no me noto tan cómodo como antes. Me cuesta dar cada zancada, y los kilómetros se me hacen eternos. Sufro. Cada vez más.

34, 35, 36... Los kilómetros parecen años. Voy muerto por el calor, casi sin fuerzas. Los demás corredores van también muy tocados. Muchos van andando, otros vomitan o están tirados en el suelo. Esto es maratón. Es muy duro, y a veces se nos olvida.

En el km 37 vuelvo a ser rebasado por el globo de 3:45, aunque el grupo de atletas que va con el ya no supera las tres unidades. El calor y la maratón están causando estragos.

Entonces, un hecho aislado cambia mi situación radicalmente. Una espectadora me ofrece una botella de agua fresca. Bebo con ansia, mojo mis piernas y mi cabeza, y me siento revivir.
Subo el ritmo y doy alcance al globo de 3:45 por última vez. 
Cada vez voy mejor. Volvemos a entrar en el núcleo urbano. La animación es espectacular.
Un último obstáculo tras salir de un túnel (durísima rampa a esas alturas de carrera) y enfilar los últimos metros rodeado de un mar de gente a ambos lados de la calle que no cesa de animar. Grandísimo final el de esta carrera.









Por fin, cruzo la meta y levanto ligeramente el dedo. Aquí si he sufrido, y necesitaba descargarme. El tiempo, 3:44:47.



1:50 peor que en Barcelona, pero contando las paradas y el calor, estoy muy satisfecho de mi marca.

Grandísima experiencia esta maratón vitoriana. Una bonita ciudad y una maratón que se nota que está hecha con mucho mimo y por y para el corredor. Tiene aspectos a mejorar, pero la valoración general es positiva.

Ahora un merecido descanso y a cargar las pilas para afrontar con la máxima ilusión mi primera maratón internacional; el 18 de Octubre junto a mi hermano en Lisboa. Esa sí que va a ser grande!!!























martes, 28 de abril de 2015

1/2 MEDIA MARATÓN UNIVERSITARIA



Una nueva edición (y ya van 36) de la carrera popular por excelencia en Valladolid. Es la prueba más antigua de cuantas se celebran en la ciudad, y siempre ha contado con una gran participación y ambiente.
Normalmente se celebraba el primer domingo de Mayo, pero este año la han adelantado una semana. 
En principio, esta carrera no entraba en mis planes para esta temporada, no porque no me apeteciera, sino porque como ya comenté anteriormente, he decidido reducir el número de carreras a las que me inscribo (y debo decir que considero ese cambio muy positivo, tanto a nivel de entrenamientos como a nivel mental).
La idea es disputar una carrera al mes; dos como máximo, y, de este modo, buscar un mayor equilibrio entre mi afición y mi vida personal. 
Además, me gusta tener que seleccionar en qué carreras voy a participar, y no inscribirme a todo lo que pille como el año pasado.

Retomando lo que comentaba antes, no tenía previsto correr nada entre la Media Maratón de Segovia y la Maratón de Vitoria del 10 de Mayo.
Sin embargo, mi novia y yo habíamos planificado pasar ese fin de semana en Valladolid y, al coincidir la celebración de esta carrera, decidimos inscribirnos y correr juntos para mejorar su marca del año pasado (58:57).
Y ya que estábamos, apunté casi a traición también a mi hermano.

El domingo amaneció jarreando agua, y las previsiones no eran nada alentadoras.
A 20 minutos del inicio de la carrera aun no estábamos cambiados, y no dejábamos de mirar por la ventana y dudar de si merecía la pena o no calarse por disputar esa carrera.

Al final, y a falta de 5 minutos (el tiempo justo que se tarda de mi casa a la salida), Sara y yo decidimos ir a correr y salimos a toda mecha para llegar a tiempo.
Mi hermano está aun sin vestir tirado en la cama.

Llegamos justo a tiempo para colocarnos en la Salida y a correr, aun con el sofocón del sprint que nos habíamos dado para llegar.

Parece que la lluvia ha reducido considerablemente el número de corredores respecto a pasadas ediciones, por lo que no tenemos problemas para coger nuestro ritmo.

El plan que habíamos acordado era que yo iría marcando el ritmo y ella me seguiría, para de este modo obligarse más que si fuera ella la que pusiera el ritmo. Y así lo hicimos.

La carrera se disputa sobre un recorrido de 10´5km que este año, como novedad, se hacía en sentido contrario al habitual. A mí personalmente me gustó la idea.
En el plano de novedades, señalar que este año la organización ha introducido varias mejoras que han dado a la carrera un aire renovado y más acorde al momento de auge que el running vive en la actualidad: dorsales con chip incorporado, camiseta técnica de aceptable calidad, avituallamiento líquido y sólido al final... Un esfuerzo que los corredores agradecemos mucho, y más teniendo en cuenta que hace apenas dos años te quitaban el dorsal al llegar y te daban una mini botella de agua y una camiseta-trapo de algodón.
Y el precio excelente: 5 euros.

El primer kilómetro lo pasamos a 5:40. El objetivo fundamental es bajar de 6min/km, pero siempre buscando como referencia el mejorar el tiempo del año pasado. A Sara se la ve muy bien. He corrido mucho con ella en los últimos meses y la conozco. La cosa marcha.

Poco a poco se va haciendo la selección de corredores, y cada uno vamos situándonos en el lugar que nos corresponde. Ya se puede correr con total comodidad y rodeado de gente que lleva ritmos parecidos al tuyo, lo cual siempre ayuda.



Acercándonos al kilómetro 3 de carrera, oigo que Sara saluda a alguien y habla con él. Pienso que será un antiguo compañero suyo y sigo a lo mío. Entonces, Sara me llama para que me vuelva y veo que con quien está hablando ¡¡es con mi hermano!!. Al final se ha animado, y dice que ha llagado 2 o 3 minutos tarde y que ha tenido que adelantar al coche escoba y a la ambulancia, jaja. Hablamos un ratillo y nos despedimos hasta la Meta.

El paso por el parque Rivera de Castilla es cuando Sara más sufre. Tengo que frenarme bastantes veces y ya no se la ve tan suelta como al principio. 
Los últimos días ha estado bastante fastidiada y con las piernas muy cargadas por los esfuerzos de correr por terrenos más exigentes para la musculatura, y me empiezo a preocupar.

Sin embargo, al girar a la derecha y dirigirnos hacia el Campus Universitario, vuelven las buenas sensaciones y el ritmo al que avanzamos es muy bueno. Sara lleva muy buena cara e incluso vamos hablando en muchos tramos.
Ante este panorama, la propongo subir un punto el ritmo y tratar de alcanzar a una chica que nos saca unos metros. Y allá vamos.

No sólo supera a esa chica sino que cada vez va a más y adelantamos a otras 4 corredoras más. Vamos muy muy bien, y cada vez la meta está más cerca.
Sé que tenemos asegurado mejorar el tiempo de hace un año; queda saber por cuanto.

El último kilómetro ya se va haciendo largo y Sara aprieta los dientes para darlo todo. Desde la segunda mitad de la carrera no nos ha adelantado ninguna corredora, lo que da muestras de lo bien que está terminando la prueba.



Por fin llegamos al último giro. Allí veo a mi hermano con un gran amigo nuestro que se ha asomado a ver la carrera. Le digo a Sara que tire a tope y yo me desvío para darle un abrazo al Señor Agustín y reemprender la marcha para entrar junto a ella en un tiempo de 55:58, 3 minutos mejor que hace un año y con un ritmo medio de 5:20.




Estoy contentísimo por la carrera que ha hecho Sara. Dadas las circunstancias nada favorables con las que llegaba, el haber hecho su mejor carrera de siempre es una sorpresa inesperada y una alegría y satisfacción enormes.
Hoy ha corrido como nunca la había visto; controlando en todo momento la carrera, sabiendo sufrir en los momentos duros y tirando a tope en los kilómetros finales.
Ha sido todo un privilegio para mí el haber sido parte de este fantástico día de carrera.

Ahora ya sí que Vitoria está en el horizonte. Esta semana quitaré ya una sesión y la semana de la prueba un tappering en toda regla con el objetivo de llegar con las piernas frescas y tratar de bajar de 3:40.
A por el quinto!!!

miércoles, 15 de abril de 2015

MEDIA MARATÓN CIUDAD DE SEGOVIA


Una nueva edición de este clásico segoviano y mi segunda participación consecutiva en el evento.
En la crónica del año pasado ya expliqué los motivos por los que esta carrera es tan especial para mí y, una año más tarde, no sólo me reafirmo en todo lo dicho sino que aun me he enamorado más de esta carrera.

El recorrido es sencillamente inigualable. No hay ninguna ciudad en España que pueda ofrecer un trazado con semejante número y categoría de monumentos y a la vez una variedad paisajistica tan diversa.

Y si el recorrido es espectacular, qué decir del ambiente que rodea a la carrera: la ciudad entera saca sus mejores galas y se vuelca con su "hija" más querida. No hay en todo el año un evento que despierte mayor interés y expectación en la ciudad y sus gentes que la celebración de su media maratón. Todo el mundo habla de ella, toda la ciudad la espera con ansia y alegría. Segovia entera es una fiesta.

En el ámbito personal, venía a esta carrera con el objetivo de hacer un gran entrenamiento de cara a la Maratón de Vitoria del 10 de Mayo. El plan era rondar el 1:35, tiempo que no me supone correr al 100% pero que sí me exige bastante. Y más en este recorrido.

Llevo ya un par de meses entrenando con mucha más calma. He eliminado las series de todo tipo de mis entrenamientos y únicamente me limito a rodar y correr por sensaciones, unos 50km semanales aproximadamente.
Es evidente que con este cambio pierdo en velocidad, y mis tiempos en 10 mil se resentirán; pero ahora mis prioridades han cambiado. Aunque suene a mediocre o poco ambicioso, que lo es, no me apetecía sufrir entrenando. Ponerme las zapatillas y saber que tenía que hacer 5x1.000 por debajo de 4'/km, cuestas a degüello o cambios de ritmo me cansaba mucho mentalmente.

Dado que no pienso aumentar mis sesiones de entrenamiento, y como mi mayor objetivo como corredor es afrontar las maratones con garantías, decidí priorizar el fondo a la potencia o la velocidad. Y debo decir que estoy encantado con el cambio.
Sin duda estos dos meses han sido cuando más he disfrutado de ser atleta popular. Sin ritmos, tiempos ni presiones. Sólo correr.

El día anterior a la carrera salí a correr junto a mi novia por los montes que rodean a la ciudad, para preparar con ella el bonito reto de disputar juntos la Monumentrail del 23 de Mayo.
Aunque el ritmo para mí fue muy cómodo, el entrenamiento transcurrió por algunas subidas bastante duras y tramos de escaleras, que siempre exigen más a la musculatura. Aun así, como la idea no era correr a tope, no me preocupaba el que pudiera pasarme factura.

El domingo amaneció un día espléndido para correr. Bajo los arcos del acueducto nos dimos cita casi 3.000 corredores dispuestos a disfrutar y sufrir por partes iguales del trazado segoviano.
El ambiente que se respiraba desde el primer instante era espectacular: la ciudad estaba literalmente tomada por miles de personas que no paraban de animar.

A las 10:30 sonó el cañonazo de salida y todos a correr.
Este año me coloqué en posiciones delanteras, por lo que desde el inicio pude correr sin problemas. La salida es cuesta abajo y el verme tan adelante hace que mis piernas me pidan "guerra".
Primer kilómetro en 4:06. El plan establecido ha saltado por los aires. Ahora va a tocar arremangarse y darlo todo.

La subida hacia el Sotillo ya empieza a hacer daño, pero sé que luego hay un tramo prolongado de bajada y aprieto los dientes hasta el final.
Bajando hacia San Lorenzo analizo la situación y me reafirmo en mis pensamientos: ya que estoy, a ver qué tiempo me sale.
El callejeo por este barrio es una de mis partes favoritas de la carrera y, poco a poco, nos dirigimos hacia el Eresma y la Alameda del Parral, donde varios piragüistas animan el paso de los atletas.

Tras la durísima rampa del Monasterio del Parral, que te pone los gemelos a tono, nos acercamos a la Fuencisla, donde tras una breve vuelta al parque y un tramo de tierra paralelo al río, se coge un giro a la izquierda que marca el inicio de las hostilidades: el paseo de Santo Domingo de Guzmán nos conducirá durante un kilómetro de continua subida (especialmente dura la segunda mitad) hasta un nuevo paso por el acueducto.
Este tramo de la carrera me parece espectacular. Las vistas son preciosas, y es un punto en el que se concentra gran cantidad de gente que no para de dar ánimos a unos corredores que ya vamos notando la dureza del recorrido.

Hacia la mitad de esta subida se encuentra el paso por el kilómetro 10, el cual realizo en un tiempo de 43:48. Voy en tiempo de mis mejores medias (Getafe y Tordesillas) donde pasé por ese punto en 43:40 y 43:23, respectivamente. La verdad es que siento una gran satisfacción cuando veo ese tiempo en mi reloj, ya que estoy muy cerca de mis mejores resultados en un recorrido mucho más exigente.





Tras completar esta larga subida (donde su parte final ya se me hizo bastante dura) llegamos al, para mí, punto más espectacular de la carrera: la subida por la Calle Real. Cualquiera que haya corrido esta carrera no podrá olvidar esa subida por la calle más importante de la ciudad completamente abarrotada de gente animando a ambos lados formando un estrecho pasillo por el que pasamos los atletas. Pone los pelos de punta.


A pesar de que el público te lleva en volandas, no dejas de ir cuesta arriba, y las piernas cada vez las nota más cansadas.

Ahora la carrera nos lleva por un callejeo de 3 kilómetros por todo el casco antiguo, con el paso por el Alcázar y la Plaza Mayor con la Catedral como puntos más destacados. Es una parte del recorrido preciosa para la vista pero muy exigente para las piernas, ya que es un continuo sube-baja todo por calles llenas de adoquines.




Tras bajar del Casco Antiguo, ahora nos dirigimos a los barrios de San Millán, el Cristo del Mercado y La Albuera. Noto que las piernas ya me van justitas. Están más cargadas de lo que deberían. Es el kilómetro 15 de carrera y, aunque la exigencia ha sido alta, lo normal es que las sensaciones no fueran tan negativas. Empiezo a pensar que la semana de entrenamientos de intensidad habitual (tres sesiones antes del domingo y dos días de piernas) me está pasando factura. La idea era ir a un ritmo constante cercano al 4:30. Con esa idea en mente había planificado la semana, no para salir a tope. Tocaba sufrir.

Cada tramo de subida era una pesadilla para mis piernas. No tenía fuerza, y se me hacían interminables. El tramo de carrera del kilómetro 15 al 18 es infernal. Casi todo es hacia arriba (en especial José Zorrilla) y es la parte más fea de la carrera. Sufro bastante en esos tres kilómetros.
Me voy aferrando al pensamiento de que los tres últimos kilómetros son muy favorables.
Por fin, con las piernas ya muy castigadas, empiezo a enfilar la bajada hacia el acueducto.
Y mis piernas parecen revivir. De repente desaparece todo el cansancio y voy totalmente entero.
Incremento el ritmo y simplemente me dejo llevar por los ánimos de la gente (destacar en este punto la gran cantidad de apoyo y cariño que me brindaron muchos de mis alumnos actuales y pasados junto a sus familias a lo largo de toda la carrera. Desde aquí mi agradecimiento a todos ellos).

Ya de nuevo bajo los arcos del acueducto, afronto el último kilómetro, para llegar a una recta de meta dificilmente igualable. 


Entrar en una Fernández Ladreda abarrotada de gente a ambos lados que aplaude y grita sin cesar y contemplando en todo momento como el acueducto cada vez está más cerca es un momento inolvidable.




Por fin, veo el arco de meta, y el reloj a punto de marcar ese 1:35 que me había fijado como objetivo. Al final, 1:34:59 que me deja muy satisfecho y que se convierte en mi tercera mejor marca en la distancia.
Es evidente que pagué el haber entrenado con normalidad durante la semana y la salida con mi novia del día anterior, pero no me arrepiento para nada de cómo he hecho las cosas.
En ningún momento tenía marcada esta carrera como un objetivo principal; al contrario. Siempre tuve claro que iba a ser un gran entrenamiento de cara a la Maratón de Vitoria.
Considero normal que la dureza del recorrido de pasase factura, sobre todo después de unos primeros 10 kilómetros que no estaban en el guión.
Eso sí, me quedo con el gusanillo de saber qué tiempo podría haber marcado con una semana previa más suavecita, pero ya habrá otras medias para eso (el 20 de Septiembre en Valladolid sí saldré a por todas y buscaré un buen tiempo en meta).

Confieso que esta carrera me encanta. Sin duda es la mejor de cuantas he corrido, por recorrido, ambiente... Para mí es una carrera especial y diferente al resto. 
No prometo volver el próximo año porque no sé si lo cumpliré, pero desde luego estaré muy atento a ella a la hora de planificar mi calendario.

Próxima carrera: el Maratón de Vitoria del 10 de Mayo, donde me gustaría bajar de 3:40. Y, como siempre, disfrutar, por quinta vez ya, de la distancia mítica y de la carrera por excelencia.