lunes, 6 de marzo de 2017

LA PARAMADA


Una nueva edición, la tercera, del trail más importante de la provincia y sin duda una de las carreras de referencia del invierno castellano.

Por tercer año consecutivo han vuelto a agotar inscripciones, por lo que el 19 de Febrero nos daríamos cita 900 atletas en las tres modalidades de que consta la prueba.

El éxito de la carrera es abrumador, y varios son los factores que lo explican.

En primer lugar, la fecha de celebración. Al disputarse a mediados de Febrero, no tiene apenas competencia, ya que aun no ha comenzado la temporada de montaña ni de medias maratones en la comunidad, por lo que La Paramada se presenta como una gran opción para ir empezando a meter kilómetros de competición a las piernas.

Además, la posibilidad de realizar una carrera de 11km y una marcha paralelas a la carrera principal, ofrece a mucha gente la oportunidad de iniciarse en el mundo del trail o de, simplemente, disfrutar de un recorrido por la naturaleza una mañana de domingo.

Y, por último, el excelente trato al corredor por parte de la organización, con una buena bolsa del corredor y un completísimo avituallamiento final donde hay de todo.

El año pasado disfruté mucho esta carrera, por lo que tenía claro que acudiría por segundo año consecutivo.

En esta nueva edición, los organizadores han itroducido una importante novedad con respecto a las ediciones anteriores: el recorrido de completará en sentido inverso.
Es decir, lo que se subía ahora se bajará, y viceversa.
La verdad es que es un cambio muy bienvenido, ya que hace la carrera más interesante.



En este tipo de carreras siempre es complicado fijarse objetivos que vayan más allá de completar la carrera, pero sí tenía claro que trataría de bajar de las 2horas (2:07 el año pasado) y que quería ser el primer miembro de mi club en llegar a la meta.

Me presenté en Geria con una hora de antelación, para ir sin prisas a recoger el dorsal y volver al coche, que está a un buen paseito.
El día es estupendo para correr. Hace fresco pero lo normal para la hora en la que me encuentro, y luce el sol.
Sin embargo, la semana previa a la carrera ha sido de lluvias, por lo que se esperaba bastante barro a lo largo del recorrido.

Ya con todo en orden, me coloco junto a mis compañeros en el photocall para inmortalizar el momento y nos vamos a la salida.



Por cosas del cambio de sentido del recorrido, la mayoría de los atletas se confunden y de repente se ven en los puestos más retrasados. Yo lo tenía claro y no me moví de donde estaba, por lo que salí en la cabeza de carrera.

A mi lado estaban las chicas del club de trail de Toro. Sé que son las favoritas, por lo que serán una excelente referencia para mí.

Cuenta atrás y empezamos.

El primer kilómetro consiste en dar una vuelta por las calles del pueblo, pasar de nuevo por el arco de salida y, a continuación, iniciar ya la aproximación a los cerros donde se disputará el grueso de la carrera.

Al salir en posiciones delanteras no tengo problemas en correr al ritmo que quiero, e incluso me sorprendo cuando el gps pita y veo 4:20 en la pantalla.

Es justo en este momento cuando me da alcance un compañero de club, con el que a priori estaré bastante igualado durante la carrera.

En un primer momento me supera y decido mantenerme justo a su estela, ya que el ritmo me parece muy elevado quedando lo que queda por delante.

Llegamos así a la primera subida. Una rampa de cemento durísima y bastante larga que el año pasado se bajaba, por lo que ya sabía lo que me esperaba.

Casi al instante mi compañero empieza a andar, al igual que otros muchos atletas. Yo me veo bien y decido tratar de abrir hueco.



Corriendo y realizando mini tramos andando de 4-5 pasos empiezo a superar a muchísimos corredores, y consigo llegar arriba con fuerza y muy motivado para defender la ventaja que tengo respecto a mi compañero.

Justo al terminar esta primera subida se produce la división de las carreras de 11 y 20km. Los de la prueba larga giramos a la derecha y comenzamos un tramo de sube-bajas constantes atravesando una zona arbolada.
Poco a poco los corredores vamos cogiendo el ritmo y se empieza a firmar esa fila india tan característica de este tipo de carreras.

Yo me encuentro bastante cómodo, y mantengo un buen ritmo a pesar del barro que ya comienza a hacer su aparición.

Es una gozada hacer en sentido descendente esos dos largos tramos de pista que el año pasado tanto me hicieron sufrir, aunque el primero de ellos es un auténtico barrizal que te obliga a extremar las precauciones para no resbalar e irte al suelo.

Las principales subidas de la carrera se encuentran en esta primera mitad del recorrido, con mención especial a la cuesta de Coca-Cola, la cual había que superar gateando, literalmente.
No sé si porque todavía iba a tope de fuerzas o porque me pareció una subida diferente a todas las que había hecho, pero el caso es que la superé con mucha fuerza y ganas.

Los continuos sube-baja son sin duda el rasgo más definitorio de esta primera mitad de La Paramada 2017.




Tras superar el ecuador de la prueba, el recorrido cambia radicalmente. Ahora el sendero es mucho más estrecho y se corre continuamente rodeado de árboles y vegetación, con raíces y piedras que te obligan a ir atento.
Sería un tramo estupendo para disfrutar al máximo, pero aquí es donde más se notan las lluvias de estos días y el camino entero es una auténtica ciénaga.

Un kilo extra en cada zapatilla, continuos resbalones... En fin, hay gente que disfruta con esto; yo desde luego no.

Estos aproximadamente 3-4km se me hacen eternos y me minan bastante el ánimo.

Por fin, tras llegar al avituallamiento del km7, me viene a la cabeza que ahora hay un largo tramo de pista totalmente llana que ya nos tiene que acercar bastante a Geria.

Y, efectivamente, me viene genial el poder correr tranquilo fuera de ese pringue asqueroso y dejar de oír el contínuo chapoteo de barro pisado.

Recortó este tramo a ritmos cercanos al 4:30 hasta que nos introducimos de nuevo en el bosque por última vez.

Afortunadamente aquí hay menos barro, aunque ya noto que la fatiga me empieza a hacer mella. 



Voy fantaseando con la idea de enfilar cuanto antes la bajada hacia el pueblo y certificar a meta una carrera muy satisfactoria para mí pero, mientras iba repasando mentalmente si recordaba alguna subida más que tocara afrontar, me encuentro cara a cara con una rampa que se pierde entre los árboles y cuyo final no alcanzo a ver, lo cual quiere decir que no está cerca.

La verdad es que anímicamente resulta un auténtico mazazo y comienzo todo un vía crucis en busca de llegar a lo alto.

Decir que fue muy duro sería quedarme corto. Iba deambulando mientras era superado por varios corredores. Totalmente fundido.




Sin embargo, el llegar arriba me hace revivir y cojo un ritmo muy bueno afrontando ya el tramo final y lanzandome con todo por la rampa que subimos al inicio de la prueba.

Tras volver a doblar el espinazo para pasar el puente que hay a la entrada del pueblo (es un intento de hacer de este punto algo curioso o característico, pero en mi opinión es totalmente prescindible), se realiza un breve callejeo y por fin entro en línea de meta en un tiempo de 1:56:02 y en el puesto 90 de casi 400 atletas que tomaron la salida.

Estoy muy satisfecho con mi carrera de hoy. He disfrutado y me he visto con fuerza casi todo el recorrido, salvo esa última subida que me sacó totalmente de punto.

Al terminar, completísimo avituallamiento con toda la comida y bebida que uno pudiera desear tras completar un esfuerzo como éste.
Excelente la organización de la carrera; esa sí que es la verdadera seña de identidad de La Paramada.

De nuevo vuelvo encantado de esta carrera y sin duda el año que viene estaré muy pendiente de ella a la hora de configurar mi calendario.

Ahora toca un plato principal del menú.
El 12 de Marzo me enfrentare junto a mi hermano a La Gurriana Trail, en Carrejo, Cantabria.
37'5km y 4.600m de desnivel acumulado aderezados con muchísimo barro nos esperan.
Va a tocar sufrir, pero también disfrutar de cada paso.
Por carreras así es por las que merece la pena salir a entrenar.

lunes, 6 de febrero de 2017

MARATÓN VÍAS VERDES ARGANDA DEL REY


Primer maratón del año y el noveno en mi cuenta particular.
Este maratón surgió tras echar cuentas y ver que si hacía un maratón antes del 8 de abril, en Ibiza completaria mi primera decena, y la verdad es que me apetece mucho celebrar esa bonita cifra en un marco inmejorable como ese.
Algún año atrás ya le había puesto el ojo encima a las carreras de este circuito de maratones por vías verdes y, por cercanía, el de Arganda del Rey es el más factible.

Estaba decidido; mi amigo Alejandro y yo iríamos a Arganda a conocer su vía de asfalto rojo.

El precio (42€) es bastante caro, en mi opinión, para las dificultades organizativas que entraña, ya que no hay que cortar calles y el personal de protección civil y Policía es mínimo. A esto había que sumar los 6€ del traslado en autobús a Carabaña, desde donde se iniciaba la distancia de 42 kilómetros.
Sin embargo, como nadie te obliga a pagarlo si no te parece justo, no puedo quejarme, aunque sí comentar mi apreciación.

No obstante, es de justicia comentar también que los avituallamientos y la labor de la organización en todos los aspectos es sobresaliente. Prima por encima de todo el trato al corredor, y eso siempre se agradece.

El sábado a medio día ya estábamos en Arganda, y lo primero fue buscar un sitio donde comer. Nos costó un buen paseo bajo una tromba de agua, pero por fin dimos con un restaurante donde nos sirvieron una comida que nos supo a gloria. Además, dejaba de llover e incluso el sol se asomaba tímidamente, por lo que todo eran buenas noticias.

Antes de ir a recoger el dorsal, visita al supermercado para comprar la cena y el desayuno. Lo habitual en mi caso: sándwiches de pavo y queso, isotonica, biofrutas y un par de plátanos.

La recogida de dorsales se lleva a cabo en el hotel de la organización, el AB Arganda, casi al lado del Ibis donde nos alojabamos nosotros.

Entrega rápida de dorsales, divididos éstos en colores según la distancia. El nuestro era el verde.



Con todos los deberes hechos, nos vamos al hotel a descansar y a prepararnos para la carrera que nos espera en pocas horas.

Las previsiones dan lluvia a primera hora de la mañana, pero lo que más preocupa es el fortísimo viento que sopla y que amenaza con convertir la carrera en una auténtica tortura.

Descanso fenomenalmente bien y me levanto pletórico. Desayuno lo antes comentado y me coloco los atuendos con los que trataré de completar con éxito un nuevo enfrentamiento con la distancia mítica.

A las 7:15 estamos ya en la ciudad deportiva, desde donde parten los autobuses que nos irán repartiendo en nuestros correspondientes puntos de salida.
A las 7:30 y bajo una lluvia torrencial iluminada con relámpagos, comenzamos el trayecto hacia Carabaña.

Cuando llegamos allí casi no llueve y poco a poco las nubes van dejando paso al sol, por lo que la amenaza de lluvia y de empaparse ya de salida queda descartada.
Sin embargo, el asunto del viento es bien distinto.
Las previsiones son que vaya en aumento y encima los atletas que conocen la prueba me comentan que pega de cara durante todo el recorrido, en especial en el tramo de subida a la cementera, el más desprotegido.

Como esperaba lluvia, decidí traer la gorra y dejar las gafas de sol en el coche. En estos instantes antes de empezar me arrepiento enormemente de esa decisión. 42km con aire de cara es mucho riesgo para mis lentillas, y me preocupa que me pueda entrar porquería y tener que abandonar si la cosa no se soluciona.

Estos pensamientos me llevaron a tomar una decisión que luego comentaré y que me causó muchas dolencias musculares que me dieron mucha guerra el último tramo de la carrera.

Ya instantes antes de empezar a correr me despido de Alejandro y nos deseamos suerte.

Esto es lo que nos espera por delante



Los primeros kilómetros consisten en una idas y venidas por el pueblo y la carretera hasta que por fin ya se entra en la vía verde, que ya no abandonaremos hasta llegar a Arganda del Rey cuando queden los últimos 3-4km de carrera.

Es en estos primeros compases donde me encuentro con un antiguo conocido del Maratón de Aguilar de Campoo, Capi, a quien saludo y con el que compartiré zancadas hasta el kilómetro 10.
Un enorme corredor que se mete maratones, ultras y montaña como si no costaran, y además un gran tipo.
Esos 10 primeros kilómetros en su compañía se me pasan volados.
El recorrido es benévolo aunque ni mucho menos llano, y continuamente van apareciendo pequeñas subidas que ya van dejándose notar.
Todo esto, claro; con un viento de cara que, si bien nunca nos abandona, de momento tampoco es demasiado intenso (siempre comparándolo con lo esperado un día de alerta por rachas de viento, claro. Este aire un día normal sería un vendaval).

La vía verde nos lleva por unos paisajes muy bonitos, y la verdad es que estoy disfrutando mucho y pienso que la elección de este maratón ha sido un acierto.

Los ritmos se mueven en torno a 4:50-4:55, con algún kilómetro un poco más rápido, dependiendo también del perfil y de la intensidad del aire.

Los avituallamientos son cada 5km, y en ellos hay agua (en vaso y en botella), powerade en vaso, gominolas, fruta, frutos secos...
Muy completos y con unos voluntarios entregados que además animaban muchísimo. De 10.

Es en el segundo avituallamiento cuando Capi me dice que va a parar a beber y a evacuar líquidos. Yo paro también a beber un vaso de isotonica tranquilamente, lo que ya sería costumbre en los sucesivos avituallamientos.
Perdería tiempo, si; pero en un maratón de tanto desgaste quería estar bien hidratado, y todos sabemos que si bebes mientras corres en realidad como mucho ingieres la mitad. En un maraton "grande" importa menos porque tienes avituallamientos cada 2'5km, pero en este eran cada 5 y en algunos tramos que están por llegar, eso suponía un mundo.
Decidí por tanto hacerlo así y estoy orgulloso de haber tenido la cabeza en mi sitio y no dejarme llevar por la "marquitis"de buscar el sub3:30 a cualquier precio.

Decía que Capi iba a alargar su parada, por lo que yo decidí continuar y nos citamos para más adelante (su nivel es infinitamente superior al mío).
Por lo tanto, emprendo este segundo mini parcial de 11km en busca de la media maratón en solitario.

Comentar que en esta carrera las señales kilométricas te indican los kilómetros que faltan a meta, y no los que llevas recorridos.
En principio es más normal; de hecho así ocurre en carretera. A mi me da igual, se me hace largo de las dos formas, jaja.

Estos kilómetros hasta la media maratón he incrementado un poco el ritmo y me muevo entre 4:45 y 4:50. Es el tramo más protegido del viento y el perfil es favorable, por lo que decido seguir así hasta que toque afrontar la subida a la cementera que nos espera al llegar a Morata de Tajuña.

La verdad es que esa subida me intimida mucho, y Capi ya me ha comentado antes que el aire en ese tramo es brutal.
Llevo tres geles en el bolsillo, y el el avituallamiento del km20 decidí coger una botella de agua y tomarme uno. No soy muy de geles, pero el "acojone" me llevó a echar mano de energía extra. 

Paso la mitad de carrera en 1:43 y empiezan las hostilidades.
El aire te golpea en la cara y el pecho como si te apuntaran con una manguera, y el terreno comienza a ganar desnivel sin tregua, con algunas rampas de una inclinación muy considerable que hacen mucho daño y te rompen el ritmo.

Y es aquí donde empiezo a realizar esa medida de protección para mis ojos anteriormente comentada, y que consiste en bajar la cabeza y mirar hacia el suelo. Esto me hace correr más inclinado de lo normal, y no sé si debido a esto o no, pero con el paso de los kilómetros empiezo a notar un fuerte dolor en la pelvis que cada vez va a más, lo que me hace sufrir aún mucho más si cabe en este durísimo tramo de 12km de subida continua y viento que te golpea sin piedad con una fuerza enorme.

Son sin lugar a dudas los 12km más duros de mi trayectoria como runner, física y sobre todo mentalmente hablando. Cuando llegaba una ráfaga de aire que casi te impedía moverte casi se me saltaban las lágrimas de impotencia. Es una rabia contenida y un deseo de pegar y destrozar a quien te está machacando y torturando de esa manera que me hacían casi enloquecer.
Repito: DURÍSIMO.

Sin embargo de piernas voy muy bien y voy revasando corredores son parar. Eso me da moral para seguir, y aprieto los dientes para llegar por fin de una vez a la cementera. Marco todos los kilómetros a ritmos entre 5:10 y 5:20, salvo los de la parada a beber en el 25 y el 30, donde se me va casi a los 6 minutos.

Es en ese primer avituallamiento donde Capi me supera y nos damos ánimos para lo que queda.

Por fin, el momento que parecía imposible llega y alcanzo la cementera. Se acabó la subida y, quien iba a decirlo, casi también el aire.
Los siguiente kilómetros del 33 al 37 son una gozada, sin sentir el aire de cara y todos en bajada. Voy en una nube volando a 4:35 y con un subidón de moral tremendo.


Incluso veo que bajar de 3:30 es posible, algo que me parece increíble después de una subida tan dura y larga.
Sin embargo, este paraíso en el que estaba envuelto se esfuma cuando aparece una recta larguísima que nos introduce en Arganda y donde el aire sopla aún con más fuerza.
Cuesta incluso mantenerse estable y avanzar es muy complicado.
Evidentemente esos 2km, hasta el 39, se me van por encima de 5 y con ellos la opción de bajar de 3:30. Me da igual; no había venido a eso. Sólo quiero terminar y sé que lo que si está a tiro es mejorar el tiempo de mi último maratón en Burgos.
Me agarro a ese objetivo para tirar hacia adelante y llegar al hospital de Arganda, donde una durísima subida me termina por destrozar la ingle y me deja muy tocado de fuerzas.

Cuando estoy en plena lucha por recobrar el aliento y el ritmo, un apoyo del pie izquierdo hace que el isquio me dé un pinchazo y casi me dé un infarto del susto.

Acorto zancada y cojeo unos pasos. Parece que se pasa y puedo continuar con normalidad.
Quedan dos kilómetros. Está hecho!!

Tras un callejeo que se hace eterno y en el que aún supero a algún corredor, entró en la pista de atletismo a la que hay que dar media vuelta. Es muy emocionante; he sufrido mucho y voy saboreando la que creo que ha sido mi mejor carrera de siempre.




Finalmente me auto aplaudo y paro el reloj en un tiempo de 3:32:10. Mi segunda mejor marca a 49" del tiempo conseguido en Dusseldorf. Es para estar satisfecho, desde luego.

Allí me reencuentro con Capi, nos felicitamos y nos deseamos suerte para nuestros retos futuros.




Increíble experiencia este maratón. Muy duro, pero mucho. Muy bonito también y excelentemente organizado. Desde luego que va a guardar un lugar entre mis favoritos.

Me encanta esta distancia. Es una experiencia única y mientras pueda quiero seguir disfrutando de ser maratoniano. 

Ahora toca el turno de la montaña. El 19 volveré a La Paramada ya con La Gurriana en el horizonte.

Toca disfrutar!!

jueves, 26 de enero de 2017

TRAIL CIUDAD DE PALENCIA




El año se cerró con el Cross de las 12 Uvas (carrera sin mayor trascendencia que corrí junto a mi hermano y de la que dejo algunas fotos)





El 2017 va a ser un año en el que el trail va a cobrar una importancia muy destacada. En el horizonte se vislumbran dos grandes colosos en este terreno: Gurriana Trail e Integral del Valdecebollas.
Además, si la agenda y las circunstancias lo permiten, serán acompañadas de otros trails de menor entidad pero también exigentes, que supondrán una gran preparación para ambos desafíos.

Pero no adelantemos acontecimientos y vayamos paso a paso. Y el primero de ellos, al igual que el año pasado (y presumiblemente unos cuantos más), tuvo lugar en el Trail Ciudad de Palencia.

Esta carrera se desarrolla a modo de contrarreloj individual, y los atletas pueden elegir cuándo salir entre las 9:30 y las 11.
El precio de la inscripción (15€) incluye camiseta técnica de aceptable calidad y comida de pasta, además de duchas en un polideportivo cercano.

El recorrido es corrible al 95%, salvo una dura rampa final antes de comenzar el descenso hacia la meta. Esto hace que sea un trail muy rápido, pero que se queda un poco descafeinado para los que queremos un poco más de dureza.

Es una carrera que me gusta, ya que repito del año pasado y tengo intención de si nada cambia seguir abriendo mis temporadas con ella; pero quizás le sobran tantos kilómetros por pistas anchas, que llegan a hacerse un poco monótonos.

El sábado a las 8:30 recogía a mi hermano y poníamos rumbo a la dársena del Canal, lugar donde se encontraba la Salida y la Meta de este trail.
Recogida rápida de dorsal tras dejar 20€ de fianza y entrega de la pulsera para el control por los pasos intermedios (5 o 6; algo a todas luces excesivo para una carrera tan corta).

Los dos andamos con la barriga revuelta, pero decidimos empezar sin eliminar lastre.

El frío es considerable; de hecho el Canal se encuentra congelado en su totalidad, y el campo está cubierto de escarcha.
Sin embargo luce un sol espléndido, por lo que una vez que se empiece a correr, la temperatura será agradable.

Picamos a la vez nuestras pulseras en el control de salida y comenzamos la carrera.
El primer tramo consiste en recorrer el ramal del Canal de Castilla que va a Palencia en dirección al Canal principal, al cuál se llega en aproximadamente kilómetro y medio.
Es un tramo llano y bonito, perfecto para ir calentando las piernas y coger ritmo.

Una vez llegamos al Canal, se alcanza un puente donde se abren dos posibles opciones: seguir recto o girar a la izquierda y coger la orilla contraria a por donde se ha venido.
La señalización es absolutamente inexistente. Nada de nada. De hecho, varios atletas se equivocaron. Imperdonable error por parte de la organización.
Nosotros tuvimos suerte porque yo conocía ambos caminos: el recto del Ultra del Canal y el giro a la izquierda de correr aquí el año pasado, por lo que pudimos continuar sin problemas.

No contentos con eso, al finalizar el breve recorrido por el otro margen del Canal, se llega a otro puente en el que, de nuevo, se ofrecen dos posibles caminos: continuar recto o girar a la derecha.
Los voluntarios siguen brillando por su ausencia, pero al menos hay dos conos que invitan a pensar que el camino a coger ha de ser el de la derecha.
Una auténtica vergüenza la chapuza cometida por la organización en estos dos puntos. Es una pena porque el resto lo bordan, con multitud de voluntarios y avituallamiento bien surtidos, pero un error tan grave da al traste con todo lo bueno que luego se pueda hacer, según mi opinión.

Tras este giro, se coge una pista que empieza a picar hacia arriba hasta que finalmente se convierte en una dura subida que hace mucho daño que te lleva a lo alto de los cerros que se ven justo enfrente.
Justo arriba, primer control y giro a la izquierda para iniciar un tramo de bajada y llaneo por un sendero ya más entrecho donde por fin se empieza a disfrutar.

Yo la verdad es que iba un poco justo, tratando de recuperar el aliento que me había quitado la subida anteriormente mencionada, y era mi hermano quien abría la marcha.

Sin embargo, las molestias estomacales con las que acudía dijeron basta y nos obligaron a detener la marcha unos 5-6 minutos. Se veía que la cosa era sería y que le podía dar guerra a lo largo de toda la carrera, como por desgracia así fue.

Reanudamos la marcha y entramos en la mejor parte de la carrera, junto con otro tramo al bajar del Monte El Viejo. Varios kilómetros de senderos estrechos entre árboles con sube-bajas continuos. Por fin tocaba disfrutar.






Tras este tramo, se salía de nuevo a una pista con un fuerte subida final que te llevaba a la entrada al Monte El Viejo, donde habría que recorrer varios kilómetros.
Y en este punto, comentó de nuevo el abuso excesivo que en mi opinión tiene esta carrera de los tramos por pistas anchas y sin ninguna dificultad.
Estos kilómetros por el Monte se hacen eternos y muy monótonos, y más cuando uno no tiene el día, como le pasaba a mi hermano.

Es también aquí cuando mi barriga siente envidia de su vecina y me obliga a parar también varios minutos.

Emprendemos de nuevo la marcha y por fin salimos del Monte para adentrarnos de nuevo por senderos estrechos y más divertidos.

Le comento a mi hermano que aún nos queda la última subida de la carrera, que es también la más dura (la única no corrible).
El año pasado esa zona tenía mucho barro y resbalaba bastante, pero este año el suelo estaba completamente seco y no había mayores problemas que el propio desnivel.

Cogemos la marcheta y llegamos arriba, donde se inicia un descenso continuado de unos 2 kilómetros hasta llegar de nuevo al ramal del Canal de Palencia. En total, unos 4 kilómetros nada exigentes pero que se hacen largos si vas a tope, como me pasó a mí el año pasado.
Este año, sin embargo, la película es bien distinta y mi hermano necesita volver a parar, y de nuevo se nos van más de 5 minutos.

El problema no es el tiempo, eso nos da igual. El problema es que paradas tan largas a esa temperatura al final terminaron por dejarme totalmente hecho polvo físicamente.
Me costaba un mundo dar cada paso; muy pocas veces me he sentido así de mal.

A apenas 1 kilómetro de meta me encuentro con un compañero del club, y no dudo es aprovechar a parar un poco y recuperar fuerzas.
Mi hermano continúa hacia delante; está deseando terminar.

Tras esa pausa, me reincorporo listo para cubrir el último tramo de esta carrera que se ha terminado convirtiendo en un auténtico martirio para nosotros.

Una vez en meta, devolución de los 20€ de fianza y avituallamiento final que sabe a gloria, con frutos secos, fruta, gominolas, barritas y un caldo calentito que sienta de maravilla.

Y así ponemos punto y final a la primera carrera del año. Hoy ha tocado sufrir más de lo esperado, pero siempre es un placer disfrutar de lo que a uno más le gusta en la mejor compañía.

Próxima parada: el Maratón de las Vías Verdes de Arganda del Rey, el 5 de Febrero.
No acudo con más pretensión que disfrutar de una distancia que me apasiona, marque lo que marque el reloj de meta. La idea es salir en torno a los 5min/km y hasta donde las piernas manden.








CARRERA DEL TURRON

                           

Acudía a esta carrera con la clara intención de mejorar mi marca en 10 kilómetros y, de ser posible, derribar el muro de los 39 minutos.

Los ritmos en los entrenamientos indican que mi estado de forma es el mejor de siempre, pero también es verdad que donde he incrementado mi nivel es en rodajes, por lo que no sé cómo responderé a ritmos inferiores a los 4min/km.

Desde el verano, se cuentan con los dedos de una mano las sesiones dedicadas a trabajar la velocidad mediante series o cambios de ritmo.
Prácticamente todo lo que hago es carrera contínua; eso sí, a ritmos mucho más rápidos que antes.

La semana de la carrera ha sido una semana dura y exigente, en la que ha habido dos días de rodajes a ritmos muy buenos para mí (uno de 20km día y medio antes de la carrera) y trabajo de fortalecimiento de piernas.
Por lo tanto, las piernas llegaban cargaditas a la cita, y quizás ahí estuvo la clave del desenlace que a continuación relataré.

Sé que si te fijas una carrera objetivo, el descanso la semana previa es fundamental. Mi problema no ha sido meter intensidad esta semana, sino fijarme un objetivo tan ambicioso en una carrera que hasta hace dos semanas ni pensaba correr y sin modificar nada para llegar a la misma en las mejores condiciones.

Mi idea ya comenté que era meter caña a las piernas buscando el mejor estado de forma posible de cara a los grandes objetivos del primer semestre del 2017, que se presenta muy exigente; no en cuanto a marcas pero sí en cuanto a kilómetros y dureza.

Pues con todo esto, me presenté en Arroyo con pleno convencimiento de ir a por el sub39. 
Un compañero del club compartía objetivo conmigo, por lo que la idea era salir juntos y tratar de ayudarnos mutuamente.

El día se presenta frío y con una niebla alta que humedece mucho el ambiente. Sin embargo no hay nada de aire, y las condiciones para correr son buenas.

Poco a poco van llegando corredores (seríamos unos 800 en total; 600 en la prueba de 10km). Es una carrera con bastante tradición en Valladolid que celebra ya su 20º edición. 
Sin embargo, este año la bolsa del corredor no puede calificarse de otra manera que insulto a todos los atletas allí presentes: 7 euros a cambio de una tableta de turrón crujiente Quijote. Una mierda, resumiendo.
Vergonzoso por parte de la organización, y un grandisimo homenaje a Ebenizer Scrooge el día de Nochebuena (al de antes de las tres visitas espectrales, claro).

Como siempre que busco un buen tiempo en meta, me coloco junto a mi compañero Juanjo en posiciones delanteras. Pistoletazo de salida y empezamos.

El salir tan adelantados, no hay problemas de atascos y desde el primer momento puedo llevar el ritmo deseado.
Me he propuesto no cebarme demasiado en este primer kilómetro, y tratar de ser más regular a lo largo de toda la carrera. El objetivo es correr todos los kilómetros por debajo de 4.

De momento mi compañero me deja hacer, y marcamos el primer kilómetro a 3:45. Vamos según lo previsto.

Justo en este instante enfilamos el largo tramo del parque que discurre paralelo al río. Juanjo y yo nos hemos instalado justo detrás de una chica y su liebre que nos llevan a un ritmo de 3:55, donde nos movemos cómodos. Asícubrimos los kilómetros 2 y 3.

Sin embargo, poco a poco voy notando que ese ritmo cada vez me cuesta más, y decido dejarme caer unos pocos metros y tratar de ir recuperando sensaciones.

El kilómetro 4 es la parte nueva introducida este año en el recorrido y consta de una notable cuesta con la que se sale del parque y el paso por una pasarela estrecha de madera y varios giros que cortan un poco el ritmo.
Aquí el ritmo de me va a 3:59, pero confío en recuperar en la recta de 1km hasta meta antes de empezar la segunda vuelta.

Mi compañero Juanjo ya ha abierto una distancia considerable respecto a mí, pero veo que tengo a tiro a otro compañero triatleta, que parece tocado y va de más a menos.
Me animo y trato de darle alcance, lo cual me hace completar el último kilómetro de la primera vuelta en 3:55.

El sub39 esta imposible salvo milagro, pero trató de motivarme buscando mejorar mi tiempo en la distancia.

Sin embargo, nada más alcanzar a mi compañero triatleta en el kilómetro 6 (3:59), me quedo totalmente vacío y sin fuerzas.
Me resulta imposible seguir el ritmo y correr con normalidad.
Mi carrera se ha convertido en una penitencia que sólo deseo que acabe cuanto antes, e incluso me planteo la retirada.

Los kilómetros 7 y 8 los cubro en 4:01 y 4:03 respectivamente, pero el nuevo paso por el tramo nuevo me desquicia y me saca por completo de carrera, yendome a 4:09.

En ese momento voy bastante tocado física y sobre todo mentalmente.
Un poco por orgullo me digo que el menos me esfuerce el kilómetro que me queda y trate de bajar de 40min, que aunque ni de lejos sea el objetivo buscado, siempre es una barrera que no todo el mundo supera.

No me veo capaz de darlo todo como en otros finales y me falta esa chispa necesaria que sí tuve por ejemplo en Dueñas, pero aún así consigo recorrer ese último kilómetro en 3:57 y parar el reloj en un tiempo de 39:52.

Son 30" más que hace justo un año, lo cual admito que me desilusiona bastante. No he sido capaz de reflejar con una marca el gran momento de forma que tengo entrenando, y me da bastante rabia.

No obstante, y ya más en frío, lo que realmente me importa es poder disfrutar de mi afición favorita, y ya estoy inscrito en varias carreras que me ilusionan y motivan mucho.

Además, como he dicho antes, un sub40 no era lo que buscaba, pero sí es una barrera a tener en cuenta.

En 7 días cerraremos la temporada con el Cross de las XII Uvas.

Sobre esta carrera, la verdad es que dudo que vuelva a participar en ella, salvo que cambien mucho las cosas por parte de la organización.








miércoles, 14 de diciembre de 2016

CROSS CIUDAD DE DUEÑAS

 

Hacía mucho tiempo que no tenía contacto con la velocidad en una carrera y, de nuevo tal y como sucedió el año pasado, tras la maratón de octubre y la Media Maratón de Palencia, el cuerpo pide un poco de "caña" y, una vez más, este Cross de Dueñas será la carrera elegida.

El año pasado dediqué el último mes y medio del año a carreras cortas, disputando tres en total en dicho período. 
Este año la idea sería similar, pero la decisión de acudir junto a mi amigo Alejandro al Maratón de las Vías Verdes de Arganda del Rey el 5 de febrero me obliga a un cambio de planes. 
Tengo que empezar a incluir tiradas dominicales desde ya, por lo que no puedo dedicarme a perder fines de semana corriendo carreras que no sumen volumen kilométrico.

Este citado maratón no será, sin embargo, más que un gran test de cara al verdadero objetivo de la primera mitad de 2017: el Ibiza Maratón del 8 de abril, al que mi hermano y yo llevamos meses inscritos.
Se da también la circunstancia de que, en caso de finalizar ambos, el maratón ibicenco se convertirá en el décimo de mi cuenta, y la verdad es que me gusta mucho la idea de poder celebrar esa cifra junto a mi hermano en un lugar que significa mucho para mí por ser la tierra de mi novia y que me encanta.

Pero volvamos al tema a tratar en esta entrada.
Decía anteriormente que no iba a dedicar los domingos a carreras cortas, pero en este Cross de Dueñas confluyeron varios aspectos que me animaron a participar.
En primer lugar, tengo un pacto con mi pareja de sólo disputar una carrera al mes; pacto que respeto y pienso cumplir a rajatabla. Sin embargo, y a pesar de haber disfrutado ya en Noviembre de mi dosis runera con la media palentina, ese fin de semana Sara estaba visitando a su familia, por lo que yo estaba libre.
Además, un grupo de compañeros del club se iban a dejar caer también por la carrera, por lo que me apetecía pasar una mañana con ellos disfrutando de nuestra afición.
Y, finalmente, varios aspectos de la propia carrera, como que se disputara en sábado (lo que me permitió hacer un exigente entrenamiento de 19km al día siguiente), la cercanía a mi lugar de residencia y el ser una prueba gratuita y con unos excelentes ambiente y trato al corredor, además de una muy notable bolsa del corredor consistente en Aquarius, agua, barrita, fruta, vasija de cerámica y calcetines conmemorativos.

Por lo tanto, la decisión era muy sencilla, y a las 11 mis compañeros ya me estaban recogiendo en el punto acordado para ir todos juntos.

Una vez en Dueñas, nos encontramos con una sorpresa tan agradable como inesperada: a pesar de las lluvias de los días previos, el circuito presenta un aspecto extraordinario y no hay nada de barro. Además,la temperatura es muy agradable para la época del año, y sólo un considerable aire impide que el éxtasis sea completo.

Tras tomar un café y recoger los dorsales con calma (nuestra salida estaba prevista a las 13h), llega el turno de cambiarse y calentar un poco.

Mi objetivo es muy simple: mejorar mi ritmo medio de 4'/km del año pasado.
Mi estado de forma es claramente superior, pero también las piernas están más cargadas debido al trabajo físico del gimnasio, que sin ir más lejos realicé el día anterior.
Busco llegar con fuerza y potencia en las piernas de cara a ese maratón primaveral, por lo tanto ahora toca una mayor carga física que no reducire o modificare por ninguna carrera.
No sé si es lo adecuado o no, pero así he decidido hacerlo.

Esta carrera presenta un circuito complicado, ya que son muchas vueltas (una corta y 4 grandes), la recta de contrameta pica hacia arriba y finaliza con una dura rampa, y el aire en contra es constante durante una buena parte del recorrido.
Además, la hierba alta e irregular impide comparar los ritmos con los realizados en asfalto.

En este tipo de pruebas la salida es clave. Estar bien colocado te puede evitar muchos empujones y el verte frenado al intentar rebasar corredores; por lo que utilizando la táctica habitual empleada cuando quiero salir delante, me coloco en segunda fila.

Pistoletazo de salida y vamos a por la vuelta corta de unos 500m.

 

Al salir tan adelantado, voy viendo como poco a poco los "galgos" de mi club me van superando. 
 Nos damos ánimos y yo a lo mío, no se me pasa por la cabeza intentar seguirlos.
Tras unas cuántas carreras rápidas ya siguiendo el mismo patrón, se que el primer kilómetro siempre es el más rápido. La clave está en encontrar el equilibro entre ganar un buen colchón de segundos y no fundirme demasiado.
Por lo tanto, busco "picar" esa primera referencia en un tiempo que se mueva en el margen de 3:50-3:40. En las carreras que he bajado de ahí, luego he sufrido demasiado y se me han ido varios kilómetros muy por encima del ritmo deseado.

Oigo el pitido y veo 3:47 en la pantalla. Vamos bien.
Ahora toca lo realmente duro: coger el ritmo real de carrera y tratar de mantenerlo de forma constante.
Sé del año pasado que esta carrera no es para llevar un ritmo constante, debido a lo comentado anteriormente, pero quiero acercarme a lograrlo lo máximo posible.

La verdad es que voy muy bien y relativamente cómodo. No es que pudiera dar más, pero yendo a tope no llego a sufrir en ningún momento.

Además, cada paso por la subida me demuestra que tengo fuerza en las piernas, y eso me da mucha confianza.

Se suceden los pasos por línea de meta y los ritmos siempre se mueven entre 3:55 y 4:03, según pillen o no los tramos de aire o de subida.
Lo mejor y lo que me da confianza es ver que mi ritmo sólo varía según el terreno, pero mis piernas se mueven como un reloj, programadas al ritmo previsto sin flojear en ningún momento.

 

Así llego al último paso por meta y ecaro la última vuelta tras la estela de dos corredores que llevan toda la carrera a ritmos casi clavados a los míos. Doy un apretón y enlazo con ellos, pero decidí quedarme justo detrás y protegerme un poco del aire que sopla de cara. 
Enfilamos la larga contrarrecta de meta por última vez y noto enseguida que yo voy más fuerte sin haber forzado nada. Decido abrirme y subir el ritmo, que sólo me responde uno de los dos.
Me veo muy confiado y seguro de mis fuerzas, y estoy deseando llegar a la rampa para lanzar el último cambio de ritmo.
Nada más pisarla, abro un hueco definitivo con mi par y me lanzo con fuerza a por el atleta que llevo por delante, que tengo ya "fichado" de muchas carreras compartidas y sé que ganarle es bastante meritorio para mi.

Se ve que la subida le ha dejado tocado y va justo de fuerzas, por lo que inmediatamente tiro para delante y entro en meta muy satisfecho en un tiempo de 30:26, y en el puesto 76 de la general.

 

El ritmo medio es de 3:57, bajando en 3" el realizado hace un año, lo cual es una mejora bastante notable.

Lo mejor de todo, repito, ha sido la sensación de relativa comodidad que he llevado durante toda la carrera. Eso me da mucha confianza y me he animado a intentar finalizar el año superando mi marca de 10km conseguida el pasado diciembre de 39:23. 
Me gustaría tirar la barrera de los 39 minutos; sería algo muy meritorio para mi. Y la verdad que me gustaría conseguirlo después de que factores ajenos a mi estado de forma no me dejaran luchar contra el crono en media maratón.

Muy recomendable este Cross Ciudad de Dueñas, y sin duda un referente en el calendario de carreras de la comunidad. 

Mi próxima cita, la Carrera del Turrón el 24 de Diciembre que, junto al clásico Cross de las XII Uvas del 31, me servirán para decir adiós a un nuevo año disfrutando de mi afición favorita, y ya van cuatro.